jueves, 9 de julio de 2009

Penélope

La perfección de este pueblo me deforma el cerebro. La limpieza de sus calles. La educación de sus gentes. Vivir en un lugar “perfecto” es tan agobiante que despierta mis demonios. Nunca he cerrado la puerta del carro. Incluso en verano lo dejo con las ventanas abajo. No tengo llaves de mi casa: la puerta está siempre abierta. La gente me saluda, pero difícilmente me habla. A veces me siento a conversar con el único mendigo que se alberga en el parqueadero de “Centre Ville”, pero incluso él, no vive en este pueblo. Las zonas que ocupan los árabes están tan bien delimitadas que ni siquiera hay conflictos. Todo es tan bonito, tan limpio, tan exacto que la gente se impacienta con la más mínima modificación a su agenda. Durante el verano, los lugareños suben a la montaña, para evitar el calor y el contacto con los turistas a quienes miran con desprecio. Yo por el contrario soy feliz de hablarles, porque en su ingenuidad y a pesar de mi acento, los turistas no tienen problema con que yo “viva” acá. A pesar de que en Francia la industria del turismo es una parte representativa del PIB, los franceses no sienten que nadie merezca estar en su país. Es muy difícil comer comida francesa, no solo por el precio, sino porque los meseros miran a sus clientes con desdén y les molesta tener que explicar los menús. En castigo, el mundo globalizado los ha invadido de MacDonalds, de restaurantes asiáticos y de pizzerías.

El domingo no soporté más el anonimato y me fui a Toulón, la cuidad más cercana. Mi esposo estaba de misión y caminé por ahí, para que no se me olvide lo que se siente tener sucia la zuela de mis zapatos. Toulón es un puerto sobre el Mediterráneo, que sin ser tan grande como Barcelona o Marseille, es habitado por franceses, árabes, africanos y otros tantos grupos no tan ricos, ni tan elegantes como los habitantes de mi pueblo. Compré cerezas y tiré las semillas al piso. Exhausta por el calor y mirando que mi niño tenía hambre, me senté en un bar de mala muerte a darle su sopa y a tomarme una gaseosa. Era la única mujer, y de pronto me vi rodeada de viejitos borrachos felices con mi presencia. Yo no soy lo que se dice una diva, pero a diferencia de las francesas y las árabes, saludo y sonrío. En el fondo tres señores me miraban y trataban de acordarse de algo… Finalmente lo hicieron. El más viejo de todos, se paró y vino caminando hasta mi dibujando una línea más curva que recta: “Madame, usted es tan bonita como Penélope Cruz”. Me dio tanta risa que le tomé las manos y le di las gracias. Mi niño también sonrió. Los otros señores me saludaban desde lejos. El barman se acercó a preguntarme si me estaban molestando. Le dije que no…

Benditas sean las calles sucias con bares de mala muerte. Los viejitos borrachos. Bendita sea la imperfección que me reconcilia con mis ángeles y apacigua mis demonios.

viernes, 3 de julio de 2009

Cerveza y aceitunas

Mi cuñada viene a despedirse de mí antes de salir dos meses de vacaciones a la casa de su mamá en Bosnia. Siempre me ha dicho que estoy invitada si quiero ir con ellos. En mi ignorancia geográfica descubro que Bosnia esta “ahí no más” al otro lado de Italia y que el viaje es de un día en autopista. Algún día voy a hacerlo. Viene y me trae sus dos matas consentidas para que les eche agua. Ella sabe que a mí no me germina un fríjol y que cuando compro una mata mi esposo la mira y le dice: Pobrecita, vas a morir. Alguna vez vino un señor a revisar las conexiones eléctricas y miró lo que quedaba de uno de mis proyectos botánicos y dijo: No sabía que en Ikea vendían matas muertas. Yo haré todo para que las de mi cuñada sobrevivan a este verano ardiente.

Mi cuñada coincide conmigo en dos cosas, ella también es inmigrante, aunque ella ya tiene la nacionalidad, y en la familia política. Estos dos “premios” los compartimos estóicamente y aunque no nos vemos todos los días, ella vive pendiente de mí y yo de ella. Por solicitud mía, le habla y le canta al bebé en Bosniac. Lo hace entre abrazos y besos llenos de verdadero amor. A veces entre cervezas y aceitunas compartirnos historias de guerra. Las mías, a decir verdad, vienen de la televisión, de los periódicos, de los amigos. Ella cuenta historias de necesidad, de carencia absoluta de recursos, de cómo no pudo hablar por casi dos años con su familia, de cómo su esposo en un acto heroico logró traerla a vivir a Francia.

Cuando estaba embarazada, me llamaba y me preguntaba si ya había hecho la comida, y dos minutos después llegaba su hija mayor con albóndigas, arroz o lasagna. Cuando pienso en esas refractarias calienticas, llenas de manjares revivo el placer con que las devorábamos. Como su mamá estaba de visita, una mujer buena y dulce con la que no compartíamos una sola palabra, venían a mi casa a tomarme la tensión y me acomodaban en el sofá con los pies de para arriba.

Copio descaradamente sus secretos de ama de casa, le pregunto todo, le aprendo todo. Ella ha aprendido a reírse de mi sentido del humor, y se ríe conmigo de mí. Lo cual agradezco. Se puso feliz cuando le hice a su hija una piñata para su cumpleaños y le divierte cuando me burlo de cómo consiente desmedidamente a sus hijos.

No compartimos la religión, ni las ideas políticas, ni la nacionalidad. Yo no sabría que Bosnia existía si no hubiera sido por la guerra. Ella trata de aprender español y yo la verdad no creo poder con el Bosniac, pero tal vez algún día encuentre a alguien que me traduzca este texto, para que ella sepa lo mucho que hace por mí. Por ahora, agua a las matas.

miércoles, 1 de julio de 2009

Reporte del Clima

Cuando la gente no tiene nada de qué hablar, habla del clima. Cada vez que conozco a alguien en Francia me pregunta qué clima está haciendo en Colombia. Y empieza la bendita explicación de la zona tórrida y los pisos térmicos. Qué no hay estaciones, qué Bogotá es fría, etc. Es excepcional encontrar un francés que conozca el concepto a priori.

Durante la visita de mi mamá, conocimos a un señor que dentro de la cortesía habitual arrancó por el tema en mención. Con la explicación de mi mamá –quien habla francés de forma más correcta que yo– el señor estaba absolutamente sorprendido.

- ¿Un país sin estaciones? ¿Señora, y cuando usted era joven, tampoco había estaciones?

Mi mamá estupefacta, contestó que siempre había sido igual. Yo observé en silencio. Al subirnos al carro, yo enfilaba mi lista de chistes, que incluían conceptos como las glaciaciones, el neolítico…

- Mami…

Mi mamá hizo un el gesto universal de no-bus-ques-lo-que-no-se-te-ha-per-di-do. Y volvimos en silencio a la casa.

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Del otro lado de la puerta, el señor Picard recoge la mesa mientras le comenta a su esposa:

- ¿Un país sin estaciones? ¡Viejas locas!

jueves, 25 de junio de 2009

La diferencia

- Hola tía.
- Hola mija, ¿Qué hiciste este fin de semana?
- El sábado fuimos a un matrimonio.
- No me hables de matrimonios mija, no te imaginas el desastre que han sido los preparativos del matrimonio de Ana Catalina.
- ¿Y eso? ¿Qué ha pasado?
- Pues mija, yo no digo que él sea una mala persona. Pero la familia de él es de esas que les ha tocado trabajar toda la vida. Imagínate que él es el primero en ir a la universidad. Tú has visto dónde viven… y como te digo mija, es que no son iguales a nosotros: son una gentecita buena y decente, pero claro a la hora de organizar un matrimonio se nota mucho la diferencia.
- ¿Pero cómo en qué se nota la diferencia?
- Pues mira, nosotros dijimos que se hiciera lluvia de sobres en dólares y a este gente le pareció mal. Que las tías ya les están bordando la colcha con los cojines compañeros y que una prima les está pintando un cuadro.
- Pero bonito el detalle…
- Ah mija tu porque eres una hippie recalentada… Luego fue la decisión de dónde hacer la fiesta. Nosotros claro queremos hacerlo en el club y nos salen con el cuento de que un sobrino había sido mesero y que tenía contactos en un restaurante disque muy bonito.
- Bueno pero tuvimos un alcalde que fue caddie.
- No me lo recuerdes. Queríamos mandar a hacer las invitaciones en la imprenta de los Charry y a estos les dio que una de las abuelas tenía una caligrafía divina que ella podía hacerlas. ¿Tú te imaginas que va a decir la gente?
- Bueno solo quieren participar.
- Si mija, eso es lo más terrible. No hemos logrado que dejen de participar, de opinar, de ofrecerse para todo...
- ¿Y Ana Catalina qué dice?
- Ella feliz, dice que este muchacho es un amor y que lo prefiere mil veces a todos los yupies, gomelos y niños bien que tanto la hicieron sufrir en el pasado. No hemos dejado de pelear. ¿Y cómo te fue en el matrimonio al que fuiste?
- Bien, muy bonito. Son unos vecinos del caserne que viven juntos hace 2 años. Ellos tenían el sueño de ir le luna de miel a Tahití entonces toda la decoración era alegórica a las islas. Incluso las invitaciones tenían unas chanclitas pintadas. La lista de regalos era para ayudarles con el viaje, entonces uno les daba el dinero para cosas como tomarse un coctel, o ir a ver los tiburones en el acuario. Ese fue nuestro regalo. Los centros de mesa eran unas maqueticas de islas con muñequitos de Lego. Y como estamos en verano y todo era muy informal yo me puse un vestido viejito que me encanta y “El francés” se fue con un pantalón blanco y chanclas.
- No mija, que hartera la excentricidad de los europeos. Europa ya no es lo que era. ¿No te parece?
- Pues tía es que yo llegué hace un año, no sé cómo era antes.

martes, 23 de junio de 2009

Excepcional

Marseille. Domingo. Almorzamos en la casa de la primera esposa de mi esposo antes de salir a la presentación de baile de la niña. En la mesa mi esposo, su exesposa, su nuevo esposo, el hijo mayor de mi esposo, nuestro niño, mi mamá y yo. El gran esfuerzo que implica ser una familia recomposée (recompuesta), da sus frutos en días como estos: podemos ir todos juntos a ver a la niña bailar y darle uno de los días más felices de su vida.

Salimos en tranvía. Atravesamos la ciudad. Llegamos a un teatro pequeño y caliente donde las familias emocionadas se acomodan para ver el espectáculo. Empieza la presentación.

El primer grupo. Niñas entre 4 y 6 años. Preciosas como muñecas, que no bailan pero se ven lindas en los vestidos.

Segundo grupo. Niñas entre 7 a 10 años. Acá está la “nuestra” que baila sonriente y lleva el ritmo. Está concentrada. No se equivoca. Tomo fotos sentada en el piso al lado del segundo esposo de la primera esposa de mi esposo. Mi esposo filma a lo lejos el video. La música termina. Se enciende la luz y la niña nos ve. Su carita se ilumina como si hubiera esperado toda su vida para este momento. Mi esposo nunca la había visto bailar debido a su trabajo. En adelante bailará con emoción, pero nos buscará ansiosa entre el público y nos mandará besos cada vez que la música termine.

Tercer grupo. Niñas entre 11 a 16 años. La adolescencia las tiene cautivas y no hay la más mínima posibilidad de una sonrisa. Hacen lo que tienen que hacer, pero pareciera que esperan ansiosas que la música termine.

Cuarto grupo. Para no decir sus edades, diremos que podrían llamarse: “Grupo de amigas con una etapa por quemar”. La lengua viperina de mi mamá se despierta como un haz de fuego. Me divierte que como ella vive en Colombia, todavía está en proceso de desmitificar a Europa. Feliz comprende que acá también hay gente descoordinada que hace el ridículo. Todos los grupos bailan 6 canciones cada uno. Pero cada vez que este grupo aparece mi mamá agradece que nadie alrededor entiende el español y comenta cómo falta el gen latino, cómo sería la cosa si las bailarinas fueran negras, que cómo hacen los franceses para reproducirse con esta carencia absoluta de sexapeal. Yo le digo que ser Michael Jackson, o Mikhail Baryshnikov es algo totalmente excepcional y que por cada uno de ellos hay miles que no lo lograron. Mi explicación sobra.

La función termina. Debido al calor no le llevamos flores a la niña para felicitarla, pero le damos una sombrilla empacada para regalo con un moño lleno de Bon Bon Bumes. Nos abraza y nos besa. Coge a mi esposo de la mano y no lo suelta en todo el trayecto de regreso a casa. Mi esposo comenta sobre el cuarto grupo y pregunta si no hay alguien que pueda explicarle a esas pobres señoras que la danza no es para ellas. Nos morimos de risa. No hay nada que yo ame más que una familia disfuncional cuando funciona.

jueves, 11 de junio de 2009

Iguales

Francia sigue discutiendo la piratería por Internet. Qué como la castiga. Qué cómo se implanta. Que la ministra dice que sí, que ya casi. Hace algunos años cuando empezó Internet, me pareció interesante, pero no alcanzaba a dimensionar lo que representaba. Con los años, vi cómo era un mundo paralelo, un poco más democrático, -si se tiene en cuenta que sólo el 15,6% de la población mundial tiene acceso- donde toda la información se compendia y se difunde. En un noticiero colombiano vi cómo un niño de estrato(1) 1 ó 2, -terrible definición que de ser una división técnica pasó a ser una clasificación humana-, explicaba que estaba feliz de que en su colegio hubiera 10 computadores y acceso a Internet, que era casi como si ellos fueran niños estrato 4 ó 5. Otro niño gritó: ¡No, pues estrato 6! Y todos los niños se reventaron de la risa. Y yo pensaba que ese niño tenía suerte y que de casualidad encontraba las páginas de los museos que difícilmente va a visitar, la música que se oía antes de que naciera, el texto de un libro que lo motivara… Qué alguien generoso al otro lado del mundo, habría compartido con él eso que él no podría pagar.

Si todos fuéramos iguales, vaya y pase. Si en todas las casas hubiera agua, luz, teléfono. Si todos los niños salieran de vacaciones. Si ya no hubiera hambre. Si todos tuviéramos los mismos derechos. Si todas las familias recibieran al menos un salario mínimo decente…

No es que esté en contra de las leyes que protegen los derechos de autor, estoy en contra de la incapacidad de compartir, estoy en contra del pecado de la gula. Los estudios que hacen películas para niños, por ejemplo, pasan la película en los cinemas, luego venden el DVD, además invaden el mundo de camisetas, muñecos de los personajes y juguetes. Venden los derechos de utilización a los productores de cereales y compotas. Cobran por los derechos de transmisión años después de haber lanzado la película. ¿Amor al arte? Qué pasaría si 5 años después, el mismo estudio diera la posibilidad de descargar la película de forma gratuita. No sé.

Por el contrario la pobreza se vuelve un escenario perfecto para mostrar la bondad de las estrellas de cine, que maquilladas para verse naturales, abrazan niños que se mueren de hambre y hablan de su compromiso con el desarrollo del tercer mundo. Claro está el estudio las hace acompañar de un fotógrafo que tome el momento en que una lágrima furtiva cae de sus ojos. ¿Pero darles a esos niños la posibilidad de ver sus películas? Ah no, eso sí que no. Como dice en los buses bogotanos: Todo niño paga.
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(1) En Bogotá los servicios públicos se pagan por estratos, que son una clasificación socio económica de los sectores de la ciudad. Con los años se volvieron un imaginario de la división social de la ciudad y del país.

martes, 9 de junio de 2009

600 palabras

Un señor muy querido que conocí en una fiesta de año nuevo me explicaba que un Neo Francés, utilizaba en promedio 600 palabras. Un Neo Francés es el eufemismo para nombrar los inmigrantes. No he vuelto a oír la expresión.

Mientras ordenaba, traté de calcular cuántas palabras entiendo. Hace mucho pasé las 600. Por el contrario entiendo el 80% de lo que oigo, el 90% de lo que leo y a veces cuando veo televisión se me olvida que es en francés. Sigo teniendo deficiencias gramaticales al hablar, con el agravante de ser más consiente de mis carencias, condición desesperante y angustiosa que me hace ver menos inteligente a los ojos de los otros. A veces me hablan más duro o separando las silabas como si fuera sorda.

Pero he comenzado a entender.

Entiendo las letras de las canciones de Edit Piaf. Los niños que juegan frente a mi casa. Si el pan está fresco o es de ayer. A mi esposo cuando habla solo. También cuando lo hace dormido. Las ancianas que acarician las mejillas del bebe. Las arengas de las huelgas, las quejas de los huelguistas, las respuestas de los políticos. Las preguntas del programa de concurso. Los noticieros y que el mundo sigue igual. El reporte del clima, si hay viento y si hace sol. Historias que me hacen llorar. Cuentos que me hacen reír. Entiendo por qué a veces no me entienden. Los niños de mi esposo que se ríen de nosotros. Las quejas de los hombres que recogen la basura. Las canciones de amor. Los insultos. La receta del doctor. De qué están hechas las compotas. El impuesto en las facturas. Los nombres. Los números. La publicidad en el radio. Mi vecina que solloza.

Entiendo también que hay cosas que nunca voy a entender…

sábado, 6 de junio de 2009

Aplanchada

Mi vecina tomó la decisión de ser esclava de sus hijos. Con 15 y 8 años, sus niños, por ejemplo, nunca han abierto la puerta de la nevera. Ellos solo expresan sus deseos y ella corre, se lanza, flota en el aire y un yogurt de chocolate llega a las manos del crio hambriento. Nunca han subido una bolsa de mercado. Nunca han tendido su cama. El niño más pequeño expresó una vez su deseo de meter la loza en la lavadora de platos. Ella lo acompañó y lo observó mientras se secaba las lágrimas.

Estos dias ha hecho muchísimo calor. Paso por su casa para que me invite a una cerveza fría. Ella tiene una nevera 4 veces más grande que la mía. La encuentro frente a una montaña de ropa que plancha prenda a prenda, en el punto donde de perfección linda con la manía. La casa parece un sauna. ¿Para qué le planchará uno la pantaloneta a un chino de 8 años que se revuelca en la tierra? Cuando sus niños se quedan a dormir en mi casa, llegan con una bolsa en la que viene perfectamente planchada una piyama y una bolsita ziploc con el cepillo de dientes y la crema. Ella debe pensar que en mi casa no hay crema de dientes. Sufre cuando me ve doblar la ropa y guardarla sin plancharla. Tengo a mi favor que mi esposo me enseñó a colgarla como un soldado francés después de sacarla de la lavadora, y la verdad no queda tan mal. Me parece una pérdida de tiempo, de energía eléctrica y humana. La contribución de las amas de casa al calentamiento global.

Una tarde mientras tomamos café con sus amigas, ella comenta como una excentricidad que yo no plancho. Yo me defiendo y digo que si lo he hecho para ocasiones especiales. Me miran con recelo. Comentan, enumeran y definen todo lo que hacen por sus hijos y sus esposos. Yo me pregunto si el amor se mide en unidades prenda planchadas. Si no será útil para la vida saber abrir la nevera, hacerse un sánduche, subir el mercado y bajar la basura.

Leticia

- Hola tía. ¿Cómo vas?
- Feliz mija, de plácemenes con la visita del príncipe Felipe y doña Leticia.
- Si, sí vi que estuvieron en Colombia, pero me pareció raro que en todas las fotos saliera el ama de llaves del Palacio de Nariño.
- No mija, esa no es el ama de llaves, esa es la señora de la casa.
- No. ¿En serio?
- Si mija, yo sé. ¡Fatal!
- Pero la visten los enemigos. ¿Qué tal el cuello de tortuga de la izquierda fashion?
- Mija, ¿Y la chaqueta qué tal?
- Esa es la chaqueta que usan las monjas cuando se visten de incógnitas.
- Y los zapatos de institutriz.
- No, terribles y eso al lado de esa elegancia de mujer que es doña Leticia
- ¿Y será que la “señora de la casa” le decía “Doña Leticia”?
- Si mija le decía: ¿Doña Leticia, le traigo un tinto? ¿Doña Leticia le llevo la ropa a la lavandería? Doña Leticia que don Felipe ya llegó de la reunión….
- Bueno… ¿Y Leticia qué tal…?
- Mija es que ella es muy seria… Como mala carosa.
- Eso es el hambre tía, es que pesar 35 kilos en difícil. Además la pobre tiene una suegra que a diferencia de las nuestras no se cree de la realeza… ¡Realmente lo es! ¿Te imaginas la hartera?
- El que es un lempo de hombre es él.
- Felipe es un churro, es verdad.
- Oye ¿Y será que no hay una diseñadora de modas colombiana que se compadezca y le mande alguito a la "señora de la casa"?
- O que los hijos le compren algo mija, con lo que ganan en cada transacción…
- Ah sí, los negociantes, bueno pero es que ellos están ocupados mostrando cómo todas las empresas del país son tan rentables como las de ellos.
- Hay Dios, cómo nos hemos reído… Pero te quería pedir una cosa mijita, si un día me da una crisis mística, o si me pongo senil o no me miro al espejo antes de salir y me pongo una chaqueta igual a esa, tú me ayudas, me amarras, no me dejas asomarme a la calle…
- Si tía te lo prometo, pero no te angusties, eso nunca va a pasar.

domingo, 31 de mayo de 2009

Invasiones francesas

Antes de la crisis éramos los otros inmigrantes y yo. Hacíamos mercado en silencio. Sin aspavientos. Las góndolas eran todas nuestras. Dado su carácter de mer-ca-dos, y no de hi-per-mer-ca-dos, uno va a lo que va. Sin tentaciones. Sin sección de ropa para niños. Sin electrodomésticos. Sin cosméticos. Sin promociones engañosas. Solo comida. Tienen una característica: la cadena tiene su propia no-marca la que comparten el 90% de los productos, así, al no pagar los costos absurdos de mercadeo y publicidad, son muchísimo más baratas. Y no lo digo sin conocimiento de causa: angustiada de pagar semanalmente más de 180 euros por lo básico, hice mi lista de mercado en Excel, metí todo lo que compro y comparé. La diferencia era de 50 euros semanales. No había nada más que discutir.

Pero llegó la crisis y con ella las invasiones francesas. Señoras que empezaron a comprar con los otros, o sea, con nosotros los inmigrantes. Lo hacen de forma vergonzante. A veces las escucho confesar lo terrible que es comer cosas que no son de marca. Otras confiesan que hacían mercado sin mirar los precios. Me miran aterradas cómo cojo feliz todas las cajitas de un euro: tomates, fresas, papas, champignones… Una mujer anciana me coge el brazo suavemente:

- Madame, esas fresas vienen de España y allá usan pesticidas…
Yo las miro por debajo y efectivamente vienen de España. Me da curiosidad y descubro que más del 60% de lo que compro no es francés… España, Alemania, Italia, Filipinas… Le muestro a mi esposo y él me dice sin sorpresa:

- El secreto para que algo sea barato, es que no sea francés.

Llego a pagar. Una mujer pregunta a la cajera si se ha sentido la crisis.

- Si claro, antes nos tocaba cargar el almacén dos veces al día y ahora nos toca cargarlo 4 veces y los sábados hasta 6 veces. Ahora a la gente le “toca” comprar aquí.

Afortunadamente en la prehistoria de mi vida, aprendí a hacer mercado en la plaza, en hipermercado o en la tienda de la esquina. También, que mirar el precio no es sinónimo de pobreza sino de sentido común. Y sin falsa modestia confieso que en la casa de mi mamá y ahora en la mía siempre se ha comido balanceado y delicioso.
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En la fotografía se observa un merengón realizado en su totalidad con productos de la Plaza del 7 de Agosto. Los merengues están rellenos de guanabana fresca y sobre ellos cae crema de leche batida. Los loritos son comprados en un almacén ubicado en la misma plaza, que se especializa en desechables y decoración para fiestas.

Limonada

Mueble negro. Esquina rota. Puertas de vidrio. Diseño de los 80`s. La primera esposa de mi esposo sabía que no te quería en la repartición. A ella tampoco le gustabas. No sales con nada de este cuarto. El Nintendo que albergas se llena de polvo desde que llegó la Wii. Estas lleno de películas en formato Betamax, que no tenemos forma de ver y que además pasan a cada rato por televisión. Por eso me llevé a mi esposo a Ikea y compré una cómoda que al menos es del mismo color de los otros muebles. Por mí, te botaba a la basura. Ahora, en este instante. Pero acompañaste a mi esposo en su juventud. Eres el recuerdo de su vida de soltero. Albergabas el Betamax y las películas inconfesables. El te mira y no te quiere botar. Y te puso acá en el corredor. Esta es tu segunda y última oportunidad. Adiós las puertas horrendas. Pegante a la esquina rota. Bienvenidos los juguetes y los libros del bebé. Mañana te pongo algunas calcomanías o algo me inventaré para disimular ese bisel dorado del demonio. Espero que te veas mejor. En fin… Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada.

viernes, 22 de mayo de 2009

Dos dias en Paris

Tío Roberto,

Me pides una crónica de nuestros dos días en Paris. Fuimos acogidos amorosa y generosamente por mí amiga Teresa y su esposo Philipe. Ella es una mujer inteligente que se inventó su vida. Yo vivo orgullosa de ella porque siendo colombiana, consiguió un trabajo en su profesión y es una persona exitosa. Su esposo es un amor. Muy francés. Muy dulce con el bebé, se ha ganado el título honorífico de tío. Ellos viven en la parte más moderna de Paris donde quedan las oficinas y, me imagino yo, las multinacionales. Me llevaron a comer sushi. ¡Qué felicidad! Hicimos el paseo en barco por el Sena. Hacía frio y lloviznaba, pero pasamos delicioso. El paseo vale la pena. Luego me acompañaron 5 minutos a uno de mis sitios favoritos: la librería del museo George Pompidou. Compré dos pendejadas. Por la noche preparamos un pescado con plátanos al horno. Al otro día fuimos a conocer el Arco de la Defensa… un sitio que parece sacado del futuro. Bueno tal vez los que habitan allí ya están en el futuro. Tomé muchas fotos, pero el clima no fue benévolo y teníamos miedo por el bebé.

Dicen que para conocer el Louvre necesitas 3 meses y medio de día y de noche, para ver por 3 segundos todas las piezas de todas las colecciones. Yo creo que con esta ciudad pasa igual… Necesitas toda una vida para ver los miles de cosas que hay para ver. Por eso yo me dedico solo a sentir que estoy en Paris. Es la cuarta vez que voy y sigo pensando que me gustaría conocerla.
Si bien disfruté mucho de la multitud, del ruido, de la sensación de estar en “la gran ciudad”, me impactaron las hordas de pandillas. Muchachos muy jóvenes, agrupados por razas y orígenes, vestidos y peinados igual. Hablando duro. Marcando su territorio. Debe ser difícil ser pobre y crecer en una de las ciudades más caras del mundo. (2 tazas de té, una de café y una cerveza a presión: 18 euros / $55.000).

Me di gusto también montando en metro. Ahora que soy un inmigrante me gusta estar rodeada de otros inmigrantes. Nadie habla, todos están serios, o tristes, no sé… Nadie te mira, a nadie le importas, es una extraña comunidad en la que nadie pretende ser mejor que tú.

El bebé estuvo muy juicioso, a pesar de que no era un paseo para él. Mi esposo estuvo adorable a pesar de que Paris le parece una ciudad insoportable. Yo estuve dichosa, con una ventaja adicional: volví feliz a la casa. A pesar de haber sido una “niña de la gran ciudad”, he aprendido a disfrutar de la vida simple de este pueblo.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Trenes

La máxima ilusión era ir a Cartagena en avión. Sueño de cada año de infancia y más tarde de juventud que se esfumaba con los precios de los pasajes. Lo hicimos algunas veces. La pasamos delicioso. Cuando no lo lográbamos alguien comentaba: “Lástima que en Colombia no haya trenes como en Europa…” Y ahí comenzaban las historias de viajes extraordinarios en tren. Yo me acostaba pensando cómo sería la vida si por ejemplo uno pudiera ir en Semana Santa al Amazonas y a mitad de año al Cabo de la Vela. Que había unas estaciones lindas. Que sacábamos la cabeza por las ventanas del vagón. Que antes de los 20 años ya habría conocido el Océano Pacífico. Eso nunca pasó. Nadie se puso en la tarea de hacer trenes que atravesaran los Andes. No conozco ni los Llanos, ni el Pacífico, ni el Amazonas.

La semana pasada mi esposo nos llevó a Paris en tren. Cargados como caracoles, fuimos a visitar a su hermano y a mi amiga Teresa. Para dormir al bebé durante el trayecto, le cantaba al oído: “Trencito cañero, que rueda por las calles, trencito de mi valle, que lindo eres tú.”

- ¿Es una canción colombiana?
- Sí mi amor.
- Pero en Colombia no hay trenes…
- Sí, si hay, pero no son como este…
- Lástima, debería haber…

Niños ricos que viajan

Niña rica 1. Sentada frente a mí, había en el tren una muchacha de unos 18 años. Era norteamericana y viajaba con sus padres y una tía. Estaba conectada a un Ipod, comiendo chicle y haciendo mala cara. 4 horas de mala cara.

- ¿Casinos? ¡Casinos los de Las Vegas! ¿Playas? ¡Playas las de Miami!

Entender lo que decía me hizo arrepentirme de las horas que invertí aprendiendo inglés. Sus padres sometidos a sus deseos, trataban de convencerla de que no era tan malo pasar vacaciones en Francia, que la Costa Azul era bonita, que era romántico viajar en tren, que ahora podría comprar todo lo que quisiera en Paris… y la muchacha solo hacía mala cara. Le molestaba todo lo que no era como Estados Unidos, que en Europa todo era viejo, que en su país todo era más grande, más nuevo, más rápido. Extraña enfermedad: Solo podía ver lo que Europa no era.

Niños ricos 2. Hace unos años visité El Vaticano en una excursión donde había con un grupo de Cubanos de Miami. Pegados a una cámara de video no veían nada y por el contrario filmaban el momento en que el Chico, había metido el pie en un charco. Cuando llegamos a la Capilla Sixtina, el Zarco, preguntó con un ojo cerrado y el otro en el lente:

- Ajá, ¿Y aquí que hay pa’ ver?

Yo que estaba cansada de oír chistes malos y bromas de mal gusto, subí mi dedo índice derecho y señalé hacía arriba.

- Ajá chévere, ¿y tú sabes qué es?
- No, ni idea.

Había esperado toda mi vida para ver la Capilla Sixtina y lo último que quería era perder mi tiempo. 5 minutos de explicación no podían borrar 20 años de exceso de comida chatarra y de reality shows.

Niños ricos 3. Un amigo que quise mucho y que ha tenido serios problemas para salir del closet, me contaba que cuando era joven sus papás lo mandaban a él y a su hermano de vacaciones a aprender idiomas. Por su “problema” y también por su timidez exacerbada, iba a todas las clases y se quedaba estudiando por las noches, mientras su hermano esquiaba, paseaba y conquistaba a todas las niñas dispuestas a portarse mal. A la fecha él hablaba 6 idiomas incluido el japonés. Su hermano vivía aún en la casa de sus papas, tratando de reponerse del tercer divorcio.

Aclaración: En términos generales me había gustado ser una niña rica. Pero en términos prácticos, qué bueno no haberlo sido.

sábado, 9 de mayo de 2009

Colegio

- Hola mija, ¿Qué el bebé está cumpliendo un año?
- Si tía, gracias por llamar.
- Ah si mija, dile que feliz cumpleaños. Pero es que yo me quedé pensando en otra cosa cuando tu mamá me contó.
- ¿En qué tía?
- ¿En qué colegio vas a meter al niño? Te toca empezar a pensar en eso, en conseguir lo del bono, las entrevistas... Acá hay colegios en los que debes inscribir al niño al nacer...
- Pues cuando tenga la edad, lo pondremos en el colegio más cercano a la casa.
- ¿Mija, es que la situación de ustedes es así de terrible? Yo no sabía…
- No tía, es que acá la educación es pública y gratuita. Se acostumbra a que el niño vaya al colegio de su barrio. Eso me parece buenísimo así no le toca pegarse esas madrugadas infames que les tocan a los pobres niños que estudian a las afueras de Bogotá.
- Pero me parece de quinta mija, ¿Qué va a decir el pobre chino cuando le pregunten en que colegio estudia? No, en el de mi barrio… ¿Y es que no hay colegios privados?
- Si tía, pero no vale la pena. Además le dan los cuadernos, los libros y en algunas zonas hasta computador personal cuando ya son grandecitos. Son unos colegios bonitos, sin lujos pero con todo lo necesario. A mí me parece genial.
- ¿Les dan los cuadernos?
- Si tía, claro que no son los cuadernos carísimos que se usan en Colombia, con viejas en bola en la carátula. Son sencillos, económicos. Los profesores hacen que los niños, reconten y peguen fotocopias de cada tema. Tienen un método muy bonito por lo simple. Sin pretenciones.
- ¿Si mija, pero y si quiere ir a la universidad, si lo recibirán por haber ido a un colegio público…?
- Tía es que en Francia eso no es un estigma como en Colombia. Es lo normal. Claro que lo reciben.
- Increíble mija. Si vieras que a las hijas de Pedro el conductor, estudian en un colegio privado, pero allá en el barrio de ellos. Estan en el mismo curso y en el mismo salón, y no las dejaron presentar los exámenes porque compartían los libros. Que hasta que no compraran un juego de libros para cada una, nada.
- ¿Y qué hicieron?
- No mija, no sé, creo que fue a hablar al colegio…
- ¿Y no le ayudaste? ¿No pusieron la queja?
- ¿Pues sabes que no se me ocurrió?

Pregunta

La Fnac. Sábado 4:30 pm. Sección de música, películas y multimedia. Almacén lleno. Quería comprar un DVD para hacer aeróbicos en la casa. Me acerco al señor de la sección de información y empiezo a describir lo que quiero. Simultáneamente, el bebé empieza a gritar. Y a gritar. Y a gritar. El señor, se pone en dedo índice en la boca, mientras nos escucha, reflexiona y luego pregunta:

- Señora, su hijo no ha cantado nunca con AC-DC?

Gracias por venir

Esta semana cumples un año. Qué felicidad. Te compramos un triciclo rojo y un acction man de bombero. El triciclo es para llevarte al parque: tiene cinturón de seguridad y una palanca para que yo te empuje. Además tiene un toldito para que no te me quemes con el sol. El muñeco te lo compramos porque hace unos días te robaste una muñeca de tu hermana y te encanta. Vamos a hacerte una fiesta en la guardería. La abuelita nos trajo todo lo necesario. Yo me levanto todos los días pensando en qué te voy a poner, en qué me falta comprar. Estoy loca de feliz. Quería hacerte un ponqué, pero en la guardería está prohibido que los niños coman cosas que no sean de marca, compradas en supermercado y con fecha de vencimiento. A mí no me importa, yo me adapto a las reglas, aunque no dejan de divertirme. De un restaurante mexicano te llegó una tarjeta para reclamar un regalo, era un walkman, y aunque nos dijeron que estabas un poco chiquito para él, tu papá se las ingenió para oírlo contigo y bailar. Yo le mandé una tarjeta de invitación a tu fiesta a toda la gente que nos quiere. Te han mandado felicitaciones, besos y abrazos. Yo te doy las gracias por venir mi chiquitico, la hemos pasado delicioso.

sábado, 2 de mayo de 2009

Camello

Esta semana los niños de mi esposo se quedaron con nosotros. Mi suegra aprovechó para venir. Y como de costumbre la casa de 3 se volvió casa de 6, y a veces de 7 porque mis sobrinos se turnaban para quedarse a dormir con sus primos. Yo tengo que hacer rendir los mismos 150 euros semanales de mercado entre 6-7 comensales entre adultos mayores exigentes y niños consentidos. Acá los niños tienen un montón de vacaciones de ese estilo y como dice mi esposo: Yo nunca te oculté que tenía dos niños… y una mamá, unos sobrinos, unos hermanos… etc. No he parado de cocinar, de recoger, de limpiar, se tratar de que los niños no se maten… Para colmo, los esposos franceses amantes de hacer Pic Nic, están convencidos de que dicho evento no tienen ninguna preparación y que es delicioso… Yo me siento como una nómada atravesando el desierto… no, la verdad me siento como el camello de la familia de los nómadas, que carga la comida, las toallas, los juguetes, los parasoles, el bebé y todas las cosas que los niños dejan botadas por ahí… Si uno sobrevive, dura dos días lavando tupperware, volviendo a poner todo en su sitio y con el dolor de espalda típico de tanta “diversión”. A la situación se le sumó que no tuve ni teléfono, ni Internet, gracias a esos paquetes ultra tecnológicos que cuando se dañan lo dejan a uno “en la inmunda” como dirían mis amigos bogotanos.

A alguien se le ocurrió comentar que qué bueno para mí, una semana acompañada, que así no me sentiría tan sola. ¡Y yo pensaba que lo único que quería era estar sola! ¡Sentada con mi chino en el tapete de la sala comiendo galletas y viendo televisión! No es que no quiera a la familia de mi esposo, pero es que las visitas no son en pequeñas dosis, -como deben ser las visitas- son lo más cercano a las Invasiones Bárbaras. Ahora sé cómo se sentían los egipcios durante las 7 plagas.

Amigas solteras, amigas que dicen “No importa, así sea del mercado del usado (divorciado y con hijos)” . Amigas que confiesan: “Yo lo quiero así no tenga plata y sea calvo”. Amigas que juran: “Si él es súper buen papá, a cada niño le tiene una mamá y no tiene problema en tener un quinto niño conmigo”. Amigas que se angustian: “! Es que el reloj biológico lo siento aquí, mira, aquí!”… Amigas queridas, ilusas, ingenuas…Amigas que buscan como locas un extranjero que las saque del país… Amigas… Salgan este fin de semana con las dos únicas verdaderas aliadas de una mujer: Visa y Master Card. Dense gusto, coman, paseen, duerman hasta tarde, reactiven la economía comprando todo eso que las haga felices. El alma gemela llega porque llega. Y no llega sola.

Mariah

El tipo me hizo uno de los cumplidos más oportunos, inteligentes y seductores mientras sonaba una canción de Mariah Carey. Si bien sabía que no lo volvería a ver, al otro día fui y compre el álbum para oír una y mil veces la canción y no olvidar un momento tan mágico como excepcional.

Hace dos semanas en una de las revistas de chismes que me regala mi cuñada después de leerlas, había un artículo que mostraba la nueva casa de Mariah Carey y su esposo. 90 millones de euros. 90 millones de mal gusto, de paredes doradas, de rococó mezclado con barroco al lado de una televisión enorme de pantalla plana… El piso del closet que es tan grande como 3 habitaciones normales, tiene pequeños baldosines en oro y mármol. Miles de espejos para ver desde todos los ángulos lo que la cirugía, la dieta y los entrenadores personales pueden hacer por una mujer. ¿Crisis? ¿Hambre en el mundo? ¿Desempleo? Nada. No hay el más mínimo pudor y por el contrario se hace una apología a la ostentación.

Y yo que compré el CD original. Me debió costar entre $35.000 y $45.000 y sólo me gustaba una canción de las doce.

Hace unos meses se está tramitando en Francia una ley para castigar a los que descargan música por Internet de forma ilegal. Si lo cogen, le mandan un mail. Si lo vuelve a hacer, le mandan una carta. Y si reincide le cortan el servicio de Internet. Y yo me pregunto si vale la pena que Mariah Carey se gane un dólar más. Si no se puede tramitar una ley contra la ostentación. Si tiene alguna presentación que castiguen a una niña de 14 años a la que le faltan $45.000 para el CD de Enrique Iglesias, y no la vanidad, la gula, la horrible manía de mostrar lo que se tiene y decir cuánto costó. Y más grave aún el uso ridículo e irresponsable del dinero en un mundo con hambre. No es que le haga propaganda al comunismo, finalmente tengo la culpa también: ¡Yo compré un CD original de Mariah Carey!, - lo hice por razones equivocadas -. Pero la verdad, no tengo ningún remordimiento de descargar la música de aquellos que se ufanan de su riqueza. Que si por mi culpa Michael Jackson no se puede comprar otra chaqueta de señora, o que a Mariah Carey no le alcanza para el celular forrado en diamantes, o que Britney Spears no tuvo sino para 24 pares de chanclas este verano, lo siento, no me importa, no es algo que me desvele.

Batucada

Tu papá y yo te llevamos a la Feria Agrícola de Brignoles porque había una granja donde los niños podían ver de cerca los animales. Estuviste feliz. Mientras almorzábamos, los músicos de la mesa de al lado te alzaron, te cantaron y te dejaron jugar con sus bigotes enormes. Tu papá te mostró gallina por gallina, oveja por oveja y te hizo su versión de la voz de cada animal. Te reías mucho. Abrías la boca asombrado y señalabas. Yo te tomaba fotos. De pronto apareció una Batucada Brasilera: 4 músicos con tambores enormes y 4 garotas semidesnudas que bailaban al lado de los pobres franceses que no entendían que pasaba. Yo bailaba feliz y terminé de amiga de las garotas que me posaron para las fotos. Tu papá dichoso persiguió la Batucada y le hizo un video. Era el único esposo que tenía permiso de la esposa de mirar. ¿Tú te imaginas la emoción? En este silencio, en esta limpieza, en este mundo sin ritmos primitivos y sin estridencias… ¡Me sentí tan contenta! No podía entender cómo era la única que no se aguantaba las ganas de bailar. Con el tiempo vas a aprender que no es que todos seamos iguales, es que todos somos distintos, únicos. Cada quien es un universo, una interpretación, una verdad… y que solo eres feliz y vives en paz cuando puedes querer a los otros aunque no sean como tú.