Yo no me quejo. Por lejos que uno se vaya, siempre hay alguien que lo acompaña: uno mismo. La habilidad de ser feliz, de adaptarse, de cambiar, de mimetizarse… Es la misma aquí o allá. Uno se va con lo que es y en la medida que se administre, logra estar bien la mayor parte del tiempo. Yo vivo en un pueblito lindo (a veces demasiado lindo para mi gusto, y también demasiado pueblito), tengo un esposo chévere, un niño al que adoro, desde mi balcón se ve el mar. Pero obviamente vivo partida en dos. Extraño cosas, personas, lugares y tengo miedo de que al volver ya no existan o hayan cambiado. Me extraño también a mí misma, o a la que era, pero eso no quiere decir que la nueva yo, no me divierta: Si antes era despistada, si antes tenía un humor negro y oscuro, si antes lloraba por cualquier cosa, eso sigue estando ahí, pero el cambio de escenario genera resultados inesperados. La conciencia de mi despiste me ha hecho volverme ordenada y un poco más cuadriculada. Mi sentido del humor es peligroso y si a mis amigos de antes los divertía, a mis nuevos amigos los asusta. Y llorar por todo, se redujo a tener ganas de llorar y aguantárselas para no asustar a mi niño o al menos para no contagiarlo de nostalgias ajenas.
Me volví ligera. Viajo liviano. A veces salgo sin maquillaje. Uso ropa de promoción. Ya no tengo estrato. Ya no soy ex alumna de ninguna parte. Ni socia de nada. Ni VIP, ni millas, ni puntos. Ahora soy inmigrante pero eso sólo lo siento a veces en los trámites o con alguna cajera impaciente. Un día soy invisible, transparente; y al siguiente me siento como un papagayo en una reunión de osos polares.
No soy ni más ni menos feliz. La vida no es una película gringa que se resuelve con un beso a contraluz. La felicidad no tiene nada que ver con vivir en el Primer Mundo. En las autopistas de 10 carriles no hay puestos de mazorcas. A veces la civilización es más inhóspita que el desierto más seco. Acá no hay misceláneas, ni servicio a domicilio, ni aguacates en el semáforo. Y muchos dirán que esas cosas son sintomáticas del subdesarrollo, que son una vergüenza, que no vamos para ninguna parte. Algún imbécil nos dijo que lo que somos no era suficiente. Algún atrevido nos trató de narcotraficantes y no mencionó que cada país tuvo su historia y sus tragedias. Acomplejados no preguntamos cuantos Nazis había en sus familias, si sus tíos bombardearon Hiroshima, si sus antepasados traficaban con esclavos, o si deforestaban las selvas.
A mí que me muestren un país sin suegras, sin intolerancia, sin racismo, sin hipocresía. Sin empleados públicos intransigentes. Sin ancianos solos. Sí, es verdad, acá los niños no se mueren de hambre, pero el origen de esa riqueza es el oro de alguna colonia, o los diamantes de sangre o el buen negocio de las armas y la guerra.
Yo no soy ni más ni menos feliz. Yo sólo miro cómo se cuecen las habas de aquí y de allá. Ni mejores ni peores. Solo habas.
Artículo especial para Conexión Colombia.
jueves, 6 de agosto de 2009
martes, 4 de agosto de 2009
Destino esquivo
Cuando llegue a Francia por primera vez me preguntaban si yo sabía bailar como Shakira, a lo que yo contestaba que no, que yo si sabía bailar. Luego me preguntaban que si yo había conocido a Ingrid, a lo que yo contestaba que los que no la conocían eran ellos. Después me toco traducir al francés "La camisa negra" de Juanes, como si algo así tuviera traducción. Y ahora me van a preguntar que si yo soy una "Loba" como Shakira. Destino esquivo.
sábado, 1 de agosto de 2009
Andorra
Andorra es un principado ente España y Francia que al igual que Panamá o Luxemburgo permite que el comercio esté exento de impuestos. Como no estábamos tan lejos, aprovechamos para visitarlo. En resumen es una horrible región, con una horrible ciudad, llena de centros comerciales y almacenes con todas las marcas más prestigiosas. Como en el resto de Europa estaban en “saldos”. Toda una ganga: Sin impuestos y con descuentos del 30, 40 y 50%. En una vitrina una camisa para el bebe. Linda y con el logo de la marca lo suficientemente grande para enfermar de envidia a los demás niños de la guardería. Preguntamos el precio. Sin los impuestos y después del generoso descuento del 50%, equivalía a 16 de las camisas que le compramos para el verano. Primero me dio risa y luego sentí una extraña liberación: Nada me obligaba a comprarla.
Sabiduría Mexicana
Conocí a una señora mexicana que vende artesanías en los mercados de los pueblitos de la región. Conversamos. Intercambiamos coordenadas. Nos reímos y llegamos invariablemente al tema de la “Crisis Mundial”.
- ¿Y se te han bajado las ventas desde la “crisis”?
- Si un poco… como si a los franceses realmente los afectara…
- A mí me parece que ha sido exagerado el cubrimiento que le dan los medios…
- Es que ahí está el problema: Un francés, por más estudiado que sea, piensa que todo lo que dice la televisión es verdad. Mientras que hasta el mexicano más pobre sabe que todo lo que sale en la televisión es mentira.
- Amén.
- ¿Y se te han bajado las ventas desde la “crisis”?
- Si un poco… como si a los franceses realmente los afectara…
- A mí me parece que ha sido exagerado el cubrimiento que le dan los medios…
- Es que ahí está el problema: Un francés, por más estudiado que sea, piensa que todo lo que dice la televisión es verdad. Mientras que hasta el mexicano más pobre sabe que todo lo que sale en la televisión es mentira.
- Amén.
Como tú
Fin de las vacaciones. 8 horas de viaje en carro en medio de autopistas que parecían parqueaderos. Tu amarrado a tu sillita de bebé, dormiste, jugaste, gritaste, tomaste tetero, te untaste el pelo de galleta… Bendito sea Mac Donalds que nos permitió paradas técnicas donde pudimos hacer pipi, cambiar pañales, comer helado y jugar en los espacios para niños. Es el único lugar de la tierra donde no es terrible tener chinos malcriados, llorones e hiperactivos. La comida es horrible pero ¿A quién le importa?
Durante la última hora del viaje tu papá y yo cantamos “Manamana Patipitipi” para calmar tus gritos desesperados. Al final te uniste a la parte del “Manamana” y te pareció cursi el patipitipi.
Llegamos. Estabas pegado a la silla del sudor. Yo subí contigo y nos metimos a la ducha en el término de la distancia. Qué delicia. Te envolví en tu toalla de sapito y prendí la luz de tu cuarto. Al mirar todos tus juguetes dijiste: ¡WOW!, y te pusiste feliz como si fuera la primera vez que los vieras. Como si todos fueran regalos nuevos. Saludaste cada carrito, tus sapitos, tus perros, tus títeres…
Estabas feliz de volver a tu casa a pesar de que durante las vacaciones no saliste de la piscina, le hablaste a los animales del zoológico, comiste papas a la francesa en todos los almuerzos, subiste montañas y visitaste la cueva de las estalactitas.
Me preocupa que va a ser muy, muy, muy difícil educarte, porque la mayor parte del tiempo me gustaría ser como tú.
Durante la última hora del viaje tu papá y yo cantamos “Manamana Patipitipi” para calmar tus gritos desesperados. Al final te uniste a la parte del “Manamana” y te pareció cursi el patipitipi.
Llegamos. Estabas pegado a la silla del sudor. Yo subí contigo y nos metimos a la ducha en el término de la distancia. Qué delicia. Te envolví en tu toalla de sapito y prendí la luz de tu cuarto. Al mirar todos tus juguetes dijiste: ¡WOW!, y te pusiste feliz como si fuera la primera vez que los vieras. Como si todos fueran regalos nuevos. Saludaste cada carrito, tus sapitos, tus perros, tus títeres…
Estabas feliz de volver a tu casa a pesar de que durante las vacaciones no saliste de la piscina, le hablaste a los animales del zoológico, comiste papas a la francesa en todos los almuerzos, subiste montañas y visitaste la cueva de las estalactitas.
Me preocupa que va a ser muy, muy, muy difícil educarte, porque la mayor parte del tiempo me gustaría ser como tú.
jueves, 23 de julio de 2009
Solicitud frívola y superficial
Querido Dios,
Mi hijito divino, gracias, mil veces más especial de lo que hubiera podido imaginar. Mi esposo, es un hombre bueno y amoroso, pero el matrimonio por más querido que sea el cónyuge, es de por vida y eso tiene sus inconvenientes. Francia, pues chévere si yo fuera francesa, pero no me puedo quejar. Generalmente no te pido nada. No lo hago por arrogancia. Pero tengo una solicitud, no sólo para mí sino para todas las mujeres del mundo. Esto mostraría tu compromiso con nuestra causa, tu reconocimiento a nuestra labor, la reivindicación de nuestro esfuerzo como madres, esposas, hermanas o amigas. Dios mío, por favor, haz que el oficio cuente como deporte y/o como actividad física. Que las horas que invertimos recogiendo juguetes, colgando y recogiendo ropa, ordenando cajones, cocinando, lavando la nevera, bajando la basura, subiendo el mercado, clasificando frascos y acomodando refractarias, buscando el zapato compañero, sacándole la mancha al tapete, echándole agüita a la mata, etc., etc. Dios mío que eso sea suficiente para quemar las calorías extras o en su defecto para dejarnos comer postre sin culpa. Que cuando vamos al nutricionista, el atrevido no pueda decirnos: - Señora, imposible que no le quede una hora libre al día para salir a correr. Si no pone de su parte, no hay nada que yo pueda hacer. – Y si lo anterior no se te da, no te sientas en deuda conmigo, con lo demás ya te luciste. Pero viniendo de tu parte, sería un detalle de fina coquetería. Amén.
Mi hijito divino, gracias, mil veces más especial de lo que hubiera podido imaginar. Mi esposo, es un hombre bueno y amoroso, pero el matrimonio por más querido que sea el cónyuge, es de por vida y eso tiene sus inconvenientes. Francia, pues chévere si yo fuera francesa, pero no me puedo quejar. Generalmente no te pido nada. No lo hago por arrogancia. Pero tengo una solicitud, no sólo para mí sino para todas las mujeres del mundo. Esto mostraría tu compromiso con nuestra causa, tu reconocimiento a nuestra labor, la reivindicación de nuestro esfuerzo como madres, esposas, hermanas o amigas. Dios mío, por favor, haz que el oficio cuente como deporte y/o como actividad física. Que las horas que invertimos recogiendo juguetes, colgando y recogiendo ropa, ordenando cajones, cocinando, lavando la nevera, bajando la basura, subiendo el mercado, clasificando frascos y acomodando refractarias, buscando el zapato compañero, sacándole la mancha al tapete, echándole agüita a la mata, etc., etc. Dios mío que eso sea suficiente para quemar las calorías extras o en su defecto para dejarnos comer postre sin culpa. Que cuando vamos al nutricionista, el atrevido no pueda decirnos: - Señora, imposible que no le quede una hora libre al día para salir a correr. Si no pone de su parte, no hay nada que yo pueda hacer. – Y si lo anterior no se te da, no te sientas en deuda conmigo, con lo demás ya te luciste. Pero viniendo de tu parte, sería un detalle de fina coquetería. Amén.
viernes, 17 de julio de 2009
17 de Julio
- El Tour ya no es lo que solía ser… - Comenta el hombre anciano. -
- Y ahora con los auriculares, la tecnología, el doping. ! Esos ya no son deportistas, son cyborgs! - Agrega el dueño del café en tono burlón. -
- ¿En su país conocen el Tour de Francia? - Me pregunta el dueño del café amablemente.-
- ¡Claro! Todos fuimos fanáticos del Tour gracias a Lucho Herrera y a Fabio Parra.
- Por supuesto Lucho Herrera, el rey de las montañas. - Aseguró el anciano. -
- ¿Se acuerda usted de él?
- Claro, los colombianos eran famosos por que subían paredes. Claro, entrenados en Los Andes. -
Yo no lo podía creer, era el primer francés que conocía a los colombianos por algo más que los temas de siempre y que además sabía que a Colombia la atravesaba la Cordillera de Los Andes.
- Yo era niña en el 85 cuando ganó la etapa entre Autrans y Saint-Étienne. Me acuerdo estar en piyama con mi hermano mirando el Tour por televisión. A pocos metros de la meta se cayó de la bicicleta y se rompió la cara, mi hermano y yo gritábamos como locos, pero Lucho se paró y ensangrentado atravesó la meta. Se podían oír los gritos en las otras casas.
- Ese año fue memorable.
- Si…
- ¿Y los colombianos no hacían doping?- Pregunta el dueño del café con la intención de que no termine la conversación.-
- Yo diría que no, pero sí comían panela…
- Ah sí, los ladrillos de dulce… - Comenta de nuevo el anciano que no deja de sorprenderme.-
- La panela es un alimento hecho a base del jugo de la caña de azúcar. Se puede comer directamente o usarla para endulzar bebidas y postres. Es energía pura.
- Yo me acuerdo que hicieron un reportaje en televisión sobre la panela, a propósito de los colombianos en el Tour.
- El señor Olivier es un erudito del ciclismo. - Comenta el dueño del café. -
- Del ciclismo y de muchas cosas más. -Agrego agradecida por la conversación. -
El señor Olivier me toma las manos y sonríe. La etapa termina, el niño esta acalorado y es hora de volver. Me despido.
Tal vez yo no tenga con quien celebrar el 20 de Julio, porque soy la única colombiana en kilómetros y kilómetros a la redonda, pero por 20 minutos me acordé de mi hermano, de Lucho Herrera, de las vacaciones en piyama hasta medio día, de la panela que me comía de la despensa.
En mi corazón y por 30 minutos, celebré por primera vez la fiesta de la Independencia, aunque fuera 17 de julio y no 20.
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Artículo especial para celebración del 20 de Julio de Conexión Colombia.
3 pasos
lunes, 13 de julio de 2009
Anexo culinario
Alguna vez le pregunté a mi esposo qué comía cuando era niño. En mi papel de esposa recién casada quería aprender a preparar sus platos favoritos. Murmuró: Conejo. Yo no sé prepararlo, pensé. Me repugna verlo en las bandejitas desnudo y estirado. Y matarlo yo misma, ni soñarlo. Acuciosa llame a mi cuñada a preguntarle si ella sabía algo al respecto. A lo que ella respondió:
-“Cuenta la leyenda que nuestra suegra no era (es) amante de cocinar. Para alimentar a sus tres hijos varones, cuando su esposo –también gendarme- estaba de misión, mataba 3 conejos, los cocinaba entre ajos y cebollas y los servía con queso y pan. Dependiendo de la duración de la misión del padre, se contaban las semanas de almuerzo y comida con conejo.”
Podría estar exagerando, así que le pregunté a mi suegra.
- Conejo. Tú sabes, a los niños les encanta el conejo.
Una semana después, mientras hacíamos mercado tomé una bandejita de conejo y la eché al carrito. Al verla mi esposo me miró espantado y dijo:
- ¡Guácatela! Yo odio el conejo.
- ¿Sí? Pero entonces dime qué te gusta.
- Yo gusto las pequeñitas cositas que tú haces. Que tú abres la nevera y sales dos cositas y me haces algo delicioso. (Literal del francesñol hablado por mi esposo.)
Tal vez lo que a mi esposo le gusta es la variedad. O la sorpresa. O los experimentos, que mezclan los productos franceses, con la sazón colombiana. Por esta razón escribo este anexo culinario, como la promesa de que conejo: ¡Jamás!
Pimentones rellenos de queso de cabra suave y jamón serrano.
Cojo 3 ó 4 pimentones rojos, que ojalá estén pesaditos, los lavo les quito el corazón y las pepas y los meto al horno entre 20 y 30 minutos. El horno debe estar en su temperatura máxima y se debe procurar que se quemen las cascaras y no la “pulpa”. Los saco, los dejo enfriar un poquito, los lavo con agua fría. En un recipiente hecho un poquito de aceite de oliva. Cada pimentón lo relleno con uno o dos rollitos hechos con las láminas del jamón serrano y con el queso de cabra suave, del que no tiene cáscara. Acomodo los pimentones sobre el aceite y los presiono para que se compacten unos contra otros. Esto lo tapo con papel de aluminio o una bolsa plástica y lo meto a la nevera. El ideal es hacerlo de un día para otro. Se puede cortar en tajadas. Se los sirvo al francés con pan ídem.
Papas con guiso de queso Enmental o Gouda.
Cocinar las papas hasta que estén blanditas. En una olla honda echar margarina y una cucharada de aceite. Picar en cubos grandes unos 6 u 8 tomates que estén maduros y preferiblemente rojos. Ponerlos en bajito entre la mantequilla y el aceite. Como en Francia no se consigue la cebolla larga colombiana, esta receta la he hecho con cebollín o con las colas verdes de unas cebollas blancas que se consiguen en los mercados. Así, picar las colas verdes, o el cebollín y echárselo a los tomates. La cantidad va en el gusto que el cocinero le encuentre al sabor de la cebolla. Dejarlo en bajito un buen rato hasta que le salga jugo a los tomates. Sal al gusto. Un minuto antes de servir, echar media taza de queso rapé que puede ser Enmental o Gouda. Revolver. Cuando se deslía el queso, apagar. Aprovechando el calor, echar media taza de crema de leche y revolver. Servir en una refractaria colocando primero las papas y luego el guiso.
Empanadas de duraznos de estación y almendras
Aprovechando que en Francia venden la pasta de la piza, la del hojaldre y otra que no sé cómo se llama en español, pero que sirven para hacer las tartas, me he dedicado a experimentar con el horno. Esta también pude hacerla gracias a que mi tío José Manuel me mandó el aparatico para hacer las empanadas.
Lavo unos 3 ó 4 duraznos maduros. Los meto a una olla con miel, uvas pasas y almendras picadas. Los cocino suavemente. Dejo enfriar la mezcla. Con la ayuda del aparatico de hacer empanadas, las armo con masa de hojaldre. Las meto en la nevera y antes de servirlas las horneo hasta que están doradas, unos 15 minutos a 400 grados. Las pongo calientes en un plato acompañadas de una bola de helado de vainilla.
-“Cuenta la leyenda que nuestra suegra no era (es) amante de cocinar. Para alimentar a sus tres hijos varones, cuando su esposo –también gendarme- estaba de misión, mataba 3 conejos, los cocinaba entre ajos y cebollas y los servía con queso y pan. Dependiendo de la duración de la misión del padre, se contaban las semanas de almuerzo y comida con conejo.”
Podría estar exagerando, así que le pregunté a mi suegra.
- Conejo. Tú sabes, a los niños les encanta el conejo.
Una semana después, mientras hacíamos mercado tomé una bandejita de conejo y la eché al carrito. Al verla mi esposo me miró espantado y dijo:
- ¡Guácatela! Yo odio el conejo.
- ¿Sí? Pero entonces dime qué te gusta.
- Yo gusto las pequeñitas cositas que tú haces. Que tú abres la nevera y sales dos cositas y me haces algo delicioso. (Literal del francesñol hablado por mi esposo.)
Tal vez lo que a mi esposo le gusta es la variedad. O la sorpresa. O los experimentos, que mezclan los productos franceses, con la sazón colombiana. Por esta razón escribo este anexo culinario, como la promesa de que conejo: ¡Jamás!
Pimentones rellenos de queso de cabra suave y jamón serrano.
Cojo 3 ó 4 pimentones rojos, que ojalá estén pesaditos, los lavo les quito el corazón y las pepas y los meto al horno entre 20 y 30 minutos. El horno debe estar en su temperatura máxima y se debe procurar que se quemen las cascaras y no la “pulpa”. Los saco, los dejo enfriar un poquito, los lavo con agua fría. En un recipiente hecho un poquito de aceite de oliva. Cada pimentón lo relleno con uno o dos rollitos hechos con las láminas del jamón serrano y con el queso de cabra suave, del que no tiene cáscara. Acomodo los pimentones sobre el aceite y los presiono para que se compacten unos contra otros. Esto lo tapo con papel de aluminio o una bolsa plástica y lo meto a la nevera. El ideal es hacerlo de un día para otro. Se puede cortar en tajadas. Se los sirvo al francés con pan ídem.
Papas con guiso de queso Enmental o Gouda.
Cocinar las papas hasta que estén blanditas. En una olla honda echar margarina y una cucharada de aceite. Picar en cubos grandes unos 6 u 8 tomates que estén maduros y preferiblemente rojos. Ponerlos en bajito entre la mantequilla y el aceite. Como en Francia no se consigue la cebolla larga colombiana, esta receta la he hecho con cebollín o con las colas verdes de unas cebollas blancas que se consiguen en los mercados. Así, picar las colas verdes, o el cebollín y echárselo a los tomates. La cantidad va en el gusto que el cocinero le encuentre al sabor de la cebolla. Dejarlo en bajito un buen rato hasta que le salga jugo a los tomates. Sal al gusto. Un minuto antes de servir, echar media taza de queso rapé que puede ser Enmental o Gouda. Revolver. Cuando se deslía el queso, apagar. Aprovechando el calor, echar media taza de crema de leche y revolver. Servir en una refractaria colocando primero las papas y luego el guiso.
Empanadas de duraznos de estación y almendras
Aprovechando que en Francia venden la pasta de la piza, la del hojaldre y otra que no sé cómo se llama en español, pero que sirven para hacer las tartas, me he dedicado a experimentar con el horno. Esta también pude hacerla gracias a que mi tío José Manuel me mandó el aparatico para hacer las empanadas.
Lavo unos 3 ó 4 duraznos maduros. Los meto a una olla con miel, uvas pasas y almendras picadas. Los cocino suavemente. Dejo enfriar la mezcla. Con la ayuda del aparatico de hacer empanadas, las armo con masa de hojaldre. Las meto en la nevera y antes de servirlas las horneo hasta que están doradas, unos 15 minutos a 400 grados. Las pongo calientes en un plato acompañadas de una bola de helado de vainilla.
viernes, 10 de julio de 2009
Efecto perverso 1
El último estudio sobre obesidad dice que las mujeres francesas son las más flacas de Europa. El mismo estudio confirma que también son las que se sienten más gordas.
Yo estoy esperando el estudio de cuáles son las mujeres más felices. Porque tengo una sospecha que de confirmarla acabaría con la publicidad, la moda, la industria cosmética y un área de la industria farmacéutica: La delgadez no es sinónimo de felicidad.
Yo estoy esperando el estudio de cuáles son las mujeres más felices. Porque tengo una sospecha que de confirmarla acabaría con la publicidad, la moda, la industria cosmética y un área de la industria farmacéutica: La delgadez no es sinónimo de felicidad.
Efecto perverso 2
Los subsidios generan un efecto perverso: garantizan la supervivencia, pero matan la ambición y la necesidad de nuevos retos. Los mercados están llenos de mujeres exhaustas con los carritos llenos de niños insoportables. Muchas dejaron de estudiar o jamás lo hicieron a pesar de haber tenido la oportunidad de hacerlo. Le tienen terror al mercado laboral y pánico a construir sus propios negocios. Sueñan con tener una casa propia, pero sienten que es algo inalcanzable.
Existe la expresión de que una mujer que tiene muchos hijos “Ha trabajado bien para la Francia”. Yo que me cuestioné tantas veces sobre “para qué traer hijos al mundo”, ni en mis sueños más salvajes, pensé que fueran una forma de subsistir.
jueves, 9 de julio de 2009
Penélope
La perfección de este pueblo me deforma el cerebro. La limpieza de sus calles. La educación de sus gentes. Vivir en un lugar “perfecto” es tan agobiante que despierta mis demonios. Nunca he cerrado la puerta del carro. Incluso en verano lo dejo con las ventanas abajo. No tengo llaves de mi casa: la puerta está siempre abierta. La gente me saluda, pero difícilmente me habla. A veces me siento a conversar con el único mendigo que se alberga en el parqueadero de “Centre Ville”, pero incluso él, no vive en este pueblo. Las zonas que ocupan los árabes están tan bien delimitadas que ni siquiera hay conflictos. Todo es tan bonito, tan limpio, tan exacto que la gente se impacienta con la más mínima modificación a su agenda. Durante el verano, los lugareños suben a la montaña, para evitar el calor y el contacto con los turistas a quienes miran con desprecio. Yo por el contrario soy feliz de hablarles, porque en su ingenuidad y a pesar de mi acento, los turistas no tienen problema con que yo “viva” acá. A pesar de que en Francia la industria del turismo es una parte representativa del PIB, los franceses no sienten que nadie merezca estar en su país. Es muy difícil comer comida francesa, no solo por el precio, sino porque los meseros miran a sus clientes con desdén y les molesta tener que explicar los menús. En castigo, el mundo globalizado los ha invadido de MacDonalds, de restaurantes asiáticos y de pizzerías.El domingo no soporté más el anonimato y me fui a Toulón, la cuidad más cercana. Mi esposo estaba de misión y caminé por ahí, para que no se me olvide lo que se siente tener sucia la zuela de mis zapatos. Toulón es un puerto sobre el Mediterráneo, que sin ser tan grande como Barcelona o Marseille, es habitado por franceses, árabes, africanos y otros tantos grupos no tan ricos, ni tan elegantes como los habitantes de mi pueblo. Compré cerezas y tiré las semillas al piso. Exhausta por el calor y mirando que mi niño tenía hambre, me senté en un bar de mala muerte a darle su sopa y a tomarme una gaseosa. Era la única mujer, y de pronto me vi rodeada de viejitos borrachos felices con mi presencia. Yo no soy lo que se dice una diva, pero a diferencia de las francesas y las árabes, saludo y sonrío. En el fondo tres señores me miraban y trataban de acordarse de algo… Finalmente lo hicieron. El más viejo de todos, se paró y vino caminando hasta mi dibujando una línea más curva que recta: “Madame, usted es tan bonita como Penélope Cruz”. Me dio tanta risa que le tomé las manos y le di las gracias. Mi niño también sonrió. Los otros señores me saludaban desde lejos. El barman se acercó a preguntarme si me estaban molestando. Le dije que no…
Benditas sean las calles sucias con bares de mala muerte. Los viejitos borrachos. Bendita sea la imperfección que me reconcilia con mis ángeles y apacigua mis demonios.
viernes, 3 de julio de 2009
Cerveza y aceitunas
Mi cuñada viene a despedirse de mí antes de salir dos meses de vacaciones a la casa de su mamá en Bosnia. Siempre me ha dicho que estoy invitada si quiero ir con ellos. En mi ignorancia geográfica descubro que Bosnia esta “ahí no más” al otro lado de Italia y que el viaje es de un día en autopista. Algún día voy a hacerlo. Viene y me trae sus dos matas consentidas para que les eche agua. Ella sabe que a mí no me germina un fríjol y que cuando compro una mata mi esposo la mira y le dice: Pobrecita, vas a morir. Alguna vez vino un señor a revisar las conexiones eléctricas y miró lo que quedaba de uno de mis proyectos botánicos y dijo: No sabía que en Ikea vendían matas muertas. Yo haré todo para que las de mi cuñada sobrevivan a este verano ardiente.
Mi cuñada coincide conmigo en dos cosas, ella también es inmigrante, aunque ella ya tiene la nacionalidad, y en la familia política. Estos dos “premios” los compartimos estóicamente y aunque no nos vemos todos los días, ella vive pendiente de mí y yo de ella. Por solicitud mía, le habla y le canta al bebé en Bosniac. Lo hace entre abrazos y besos llenos de verdadero amor. A veces entre cervezas y aceitunas compartirnos historias de guerra. Las mías, a decir verdad, vienen de la televisión, de los periódicos, de los amigos. Ella cuenta historias de necesidad, de carencia absoluta de recursos, de cómo no pudo hablar por casi dos años con su familia, de cómo su esposo en un acto heroico logró traerla a vivir a Francia.
Cuando estaba embarazada, me llamaba y me preguntaba si ya había hecho la comida, y dos minutos después llegaba su hija mayor con albóndigas, arroz o lasagna. Cuando pienso en esas refractarias calienticas, llenas de manjares revivo el placer con que las devorábamos. Como su mamá estaba de visita, una mujer buena y dulce con la que no compartíamos una sola palabra, venían a mi casa a tomarme la tensión y me acomodaban en el sofá con los pies de para arriba.
Copio descaradamente sus secretos de ama de casa, le pregunto todo, le aprendo todo. Ella ha aprendido a reírse de mi sentido del humor, y se ríe conmigo de mí. Lo cual agradezco. Se puso feliz cuando le hice a su hija una piñata para su cumpleaños y le divierte cuando me burlo de cómo consiente desmedidamente a sus hijos.
No compartimos la religión, ni las ideas políticas, ni la nacionalidad. Yo no sabría que Bosnia existía si no hubiera sido por la guerra. Ella trata de aprender español y yo la verdad no creo poder con el Bosniac, pero tal vez algún día encuentre a alguien que me traduzca este texto, para que ella sepa lo mucho que hace por mí. Por ahora, agua a las matas.
Mi cuñada coincide conmigo en dos cosas, ella también es inmigrante, aunque ella ya tiene la nacionalidad, y en la familia política. Estos dos “premios” los compartimos estóicamente y aunque no nos vemos todos los días, ella vive pendiente de mí y yo de ella. Por solicitud mía, le habla y le canta al bebé en Bosniac. Lo hace entre abrazos y besos llenos de verdadero amor. A veces entre cervezas y aceitunas compartirnos historias de guerra. Las mías, a decir verdad, vienen de la televisión, de los periódicos, de los amigos. Ella cuenta historias de necesidad, de carencia absoluta de recursos, de cómo no pudo hablar por casi dos años con su familia, de cómo su esposo en un acto heroico logró traerla a vivir a Francia.
Cuando estaba embarazada, me llamaba y me preguntaba si ya había hecho la comida, y dos minutos después llegaba su hija mayor con albóndigas, arroz o lasagna. Cuando pienso en esas refractarias calienticas, llenas de manjares revivo el placer con que las devorábamos. Como su mamá estaba de visita, una mujer buena y dulce con la que no compartíamos una sola palabra, venían a mi casa a tomarme la tensión y me acomodaban en el sofá con los pies de para arriba.
Copio descaradamente sus secretos de ama de casa, le pregunto todo, le aprendo todo. Ella ha aprendido a reírse de mi sentido del humor, y se ríe conmigo de mí. Lo cual agradezco. Se puso feliz cuando le hice a su hija una piñata para su cumpleaños y le divierte cuando me burlo de cómo consiente desmedidamente a sus hijos.
No compartimos la religión, ni las ideas políticas, ni la nacionalidad. Yo no sabría que Bosnia existía si no hubiera sido por la guerra. Ella trata de aprender español y yo la verdad no creo poder con el Bosniac, pero tal vez algún día encuentre a alguien que me traduzca este texto, para que ella sepa lo mucho que hace por mí. Por ahora, agua a las matas.
miércoles, 1 de julio de 2009
Reporte del Clima
Cuando la gente no tiene nada de qué hablar, habla del clima. Cada vez que conozco a alguien en Francia me pregunta qué clima está haciendo en Colombia. Y empieza la bendita explicación de la zona tórrida y los pisos térmicos. Qué no hay estaciones, qué Bogotá es fría, etc. Es excepcional encontrar un francés que conozca el concepto a priori.Durante la visita de mi mamá, conocimos a un señor que dentro de la cortesía habitual arrancó por el tema en mención. Con la explicación de mi mamá –quien habla francés de forma más correcta que yo– el señor estaba absolutamente sorprendido.
- ¿Un país sin estaciones? ¿Señora, y cuando usted era joven, tampoco había estaciones?
Mi mamá estupefacta, contestó que siempre había sido igual. Yo observé en silencio. Al subirnos al carro, yo enfilaba mi lista de chistes, que incluían conceptos como las glaciaciones, el neolítico…
- Mami…
Mi mamá hizo un el gesto universal de no-bus-ques-lo-que-no-se-te-ha-per-di-do. Y volvimos en silencio a la casa.
****
Del otro lado de la puerta, el señor Picard recoge la mesa mientras le comenta a su esposa:
- ¿Un país sin estaciones? ¡Viejas locas!
jueves, 25 de junio de 2009
La diferencia
- Hola mija, ¿Qué hiciste este fin de semana?
- El sábado fuimos a un matrimonio.
- No me hables de matrimonios mija, no te imaginas el desastre que han sido los preparativos del matrimonio de Ana Catalina.
- ¿Y eso? ¿Qué ha pasado?
- Pues mija, yo no digo que él sea una mala persona. Pero la familia de él es de esas que les ha tocado trabajar toda la vida. Imagínate que él es el primero en ir a la universidad. Tú has visto dónde viven… y como te digo mija, es que no son iguales a nosotros: son una gentecita buena y decente, pero claro a la hora de organizar un matrimonio se nota mucho la diferencia.
- ¿Pero cómo en qué se nota la diferencia?
- Pues mira, nosotros dijimos que se hiciera lluvia de sobres en dólares y a este gente le pareció mal. Que las tías ya les están bordando la colcha con los cojines compañeros y que una prima les está pintando un cuadro.
- Pero bonito el detalle…
- Ah mija tu porque eres una hippie recalentada… Luego fue la decisión de dónde hacer la fiesta. Nosotros claro queremos hacerlo en el club y nos salen con el cuento de que un sobrino había sido mesero y que tenía contactos en un restaurante disque muy bonito.
- Bueno pero tuvimos un alcalde que fue caddie.
- No me lo recuerdes. Queríamos mandar a hacer las invitaciones en la imprenta de los Charry y a estos les dio que una de las abuelas tenía una caligrafía divina que ella podía hacerlas. ¿Tú te imaginas que va a decir la gente?
- Bueno solo quieren participar.
- Si mija, eso es lo más terrible. No hemos logrado que dejen de participar, de opinar, de ofrecerse para todo...
- ¿Y Ana Catalina qué dice?
- Ella feliz, dice que este muchacho es un amor y que lo prefiere mil veces a todos los yupies, gomelos y niños bien que tanto la hicieron sufrir en el pasado. No hemos dejado de pelear. ¿Y cómo te fue en el matrimonio al que fuiste?
- Bien, muy bonito. Son unos vecinos del caserne que viven juntos hace 2 años. Ellos tenían el sueño de ir le luna de miel a Tahití entonces toda la decoración era alegórica a las islas. Incluso las invitaciones tenían unas chanclitas pintadas. La lista de regalos era para ayudarles con el viaje, entonces uno les daba el dinero para cosas como tomarse un coctel, o ir a ver los tiburones en el acuario. Ese fue nuestro regalo. Los centros de mesa eran unas maqueticas de islas con muñequitos de Lego. Y como estamos en verano y todo era muy informal yo me puse un vestido viejito que me encanta y “El francés” se fue con un pantalón blanco y chanclas.
- No mija, que hartera la excentricidad de los europeos. Europa ya no es lo que era. ¿No te parece?
- Pues tía es que yo llegué hace un año, no sé cómo era antes.
martes, 23 de junio de 2009
Excepcional
Salimos en tranvía. Atravesamos la ciudad. Llegamos a un teatro pequeño y caliente donde las familias emocionadas se acomodan para ver el espectáculo. Empieza la presentación.
El primer grupo. Niñas entre 4 y 6 años. Preciosas como muñecas, que no bailan pero se ven lindas en los vestidos.
Segundo grupo. Niñas entre 7 a 10 años. Acá está la “nuestra” que baila sonriente y lleva el ritmo. Está concentrada. No se equivoca. Tomo fotos sentada en el piso al lado del segundo esposo de la primera esposa de mi esposo. Mi esposo filma a lo lejos el video. La música termina. Se enciende la luz y la niña nos ve. Su carita se ilumina como si hubiera esperado toda su vida para este momento. Mi esposo nunca la había visto bailar debido a su trabajo. En adelante bailará con emoción, pero nos buscará ansiosa entre el público y nos mandará besos cada vez que la música termine.
Tercer grupo. Niñas entre 11 a 16 años. La adolescencia las tiene cautivas y no hay la más mínima posibilidad de una sonrisa. Hacen lo que tienen que hacer, pero pareciera que esperan ansiosas que la música termine.
Cuarto grupo. Para no decir sus edades, diremos que podrían llamarse: “Grupo de amigas con una etapa por quemar”. La lengua viperina de mi mamá se despierta como un haz de fuego. Me divierte que como ella vive en Colombia, todavía está en proceso de desmitificar a Europa. Feliz comprende que acá también hay gente descoordinada que hace el ridículo. Todos los grupos bailan 6 canciones cada uno. Pero cada vez que este grupo aparece mi mamá agradece que nadie alrededor entiende el español y comenta cómo falta el gen latino, cómo sería la cosa si las bailarinas fueran negras, que cómo hacen los franceses para reproducirse con esta carencia absoluta de sexapeal. Yo le digo que ser Michael Jackson, o Mikhail Baryshnikov es algo totalmente excepcional y que por cada uno de ellos hay miles que no lo lograron. Mi explicación sobra.
La función termina. Debido al calor no le llevamos flores a la niña para felicitarla, pero le damos una sombrilla empacada para regalo con un moño lleno de Bon Bon Bumes. Nos abraza y nos besa. Coge a mi esposo de la mano y no lo suelta en todo el trayecto de regreso a casa. Mi esposo comenta sobre el cuarto grupo y pregunta si no hay alguien que pueda explicarle a esas pobres señoras que la danza no es para ellas. Nos morimos de risa. No hay nada que yo ame más que una familia disfuncional cuando funciona.
jueves, 11 de junio de 2009
Iguales
Francia sigue discutiendo la piratería por Internet. Qué como la castiga. Qué cómo se implanta. Que la ministra dice que sí, que ya casi. Hace algunos años cuando empezó Internet, me pareció interesante, pero no alcanzaba a dimensionar lo que representaba. Con los años, vi cómo era un mundo paralelo, un poco más democrático, -si se tiene en cuenta que sólo el 15,6% de la población mundial tiene acceso- donde toda la información se compendia y se difunde. En un noticiero colombiano vi cómo un niño de estrato(1) 1 ó 2, -terrible definición que de ser una división técnica pasó a ser una clasificación humana-, explicaba que estaba feliz de que en su colegio hubiera 10 computadores y acceso a Internet, que era casi como si ellos fueran niños estrato 4 ó 5. Otro niño gritó: ¡No, pues estrato 6! Y todos los niños se reventaron de la risa. Y yo pensaba que ese niño tenía suerte y que de casualidad encontraba las páginas de los museos que difícilmente va a visitar, la música que se oía antes de que naciera, el texto de un libro que lo motivara… Qué alguien generoso al otro lado del mundo, habría compartido con él eso que él no podría pagar.
Si todos fuéramos iguales, vaya y pase. Si en todas las casas hubiera agua, luz, teléfono. Si todos los niños salieran de vacaciones. Si ya no hubiera hambre. Si todos tuviéramos los mismos derechos. Si todas las familias recibieran al menos un salario mínimo decente…
No es que esté en contra de las leyes que protegen los derechos de autor, estoy en contra de la incapacidad de compartir, estoy en contra del pecado de la gula. Los estudios que hacen películas para niños, por ejemplo, pasan la película en los cinemas, luego venden el DVD, además invaden el mundo de camisetas, muñecos de los personajes y juguetes. Venden los derechos de utilización a los productores de cereales y compotas. Cobran por los derechos de transmisión años después de haber lanzado la película. ¿Amor al arte? Qué pasaría si 5 años después, el mismo estudio diera la posibilidad de descargar la película de forma gratuita. No sé.
Por el contrario la pobreza se vuelve un escenario perfecto para mostrar la bondad de las estrellas de cine, que maquilladas para verse naturales, abrazan niños que se mueren de hambre y hablan de su compromiso con el desarrollo del tercer mundo. Claro está el estudio las hace acompañar de un fotógrafo que tome el momento en que una lágrima furtiva cae de sus ojos. ¿Pero darles a esos niños la posibilidad de ver sus películas? Ah no, eso sí que no. Como dice en los buses bogotanos: Todo niño paga.
--------
(1) En Bogotá los servicios públicos se pagan por estratos, que son una clasificación socio económica de los sectores de la ciudad. Con los años se volvieron un imaginario de la división social de la ciudad y del país.
Si todos fuéramos iguales, vaya y pase. Si en todas las casas hubiera agua, luz, teléfono. Si todos los niños salieran de vacaciones. Si ya no hubiera hambre. Si todos tuviéramos los mismos derechos. Si todas las familias recibieran al menos un salario mínimo decente…
No es que esté en contra de las leyes que protegen los derechos de autor, estoy en contra de la incapacidad de compartir, estoy en contra del pecado de la gula. Los estudios que hacen películas para niños, por ejemplo, pasan la película en los cinemas, luego venden el DVD, además invaden el mundo de camisetas, muñecos de los personajes y juguetes. Venden los derechos de utilización a los productores de cereales y compotas. Cobran por los derechos de transmisión años después de haber lanzado la película. ¿Amor al arte? Qué pasaría si 5 años después, el mismo estudio diera la posibilidad de descargar la película de forma gratuita. No sé.
Por el contrario la pobreza se vuelve un escenario perfecto para mostrar la bondad de las estrellas de cine, que maquilladas para verse naturales, abrazan niños que se mueren de hambre y hablan de su compromiso con el desarrollo del tercer mundo. Claro está el estudio las hace acompañar de un fotógrafo que tome el momento en que una lágrima furtiva cae de sus ojos. ¿Pero darles a esos niños la posibilidad de ver sus películas? Ah no, eso sí que no. Como dice en los buses bogotanos: Todo niño paga.
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(1) En Bogotá los servicios públicos se pagan por estratos, que son una clasificación socio económica de los sectores de la ciudad. Con los años se volvieron un imaginario de la división social de la ciudad y del país.
martes, 9 de junio de 2009
600 palabras
Mientras ordenaba, traté de calcular cuántas palabras entiendo. Hace mucho pasé las 600. Por el contrario entiendo el 80% de lo que oigo, el 90% de lo que leo y a veces cuando veo televisión se me olvida que es en francés. Sigo teniendo deficiencias gramaticales al hablar, con el agravante de ser más consiente de mis carencias, condición desesperante y angustiosa que me hace ver menos inteligente a los ojos de los otros. A veces me hablan más duro o separando las silabas como si fuera sorda.
Pero he comenzado a entender.
Entiendo las letras de las canciones de Edit Piaf. Los niños que juegan frente a mi casa. Si el pan está fresco o es de ayer. A mi esposo cuando habla solo. También cuando lo hace dormido. Las ancianas que acarician las mejillas del bebe. Las arengas de las huelgas, las quejas de los huelguistas, las respuestas de los políticos. Las preguntas del programa de concurso. Los noticieros y que el mundo sigue igual. El reporte del clima, si hay viento y si hace sol. Historias que me hacen llorar. Cuentos que me hacen reír. Entiendo por qué a veces no me entienden. Los niños de mi esposo que se ríen de nosotros. Las quejas de los hombres que recogen la basura. Las canciones de amor. Los insultos. La receta del doctor. De qué están hechas las compotas. El impuesto en las facturas. Los nombres. Los números. La publicidad en el radio. Mi vecina que solloza.
Entiendo también que hay cosas que nunca voy a entender…
sábado, 6 de junio de 2009
Aplanchada
Estos dias ha hecho muchísimo calor. Paso por su casa para que me invite a una cerveza fría. Ella tiene una nevera 4 veces más grande que la mía. La encuentro frente a una montaña de ropa que plancha prenda a prenda, en el punto donde de perfección linda con la manía. La casa parece un sauna. ¿Para qué le planchará uno la pantaloneta a un chino de 8 años que se revuelca en la tierra? Cuando sus niños se quedan a dormir en mi casa, llegan con una bolsa en la que viene perfectamente planchada una piyama y una bolsita ziploc con el cepillo de dientes y la crema. Ella debe pensar que en mi casa no hay crema de dientes. Sufre cuando me ve doblar la ropa y guardarla sin plancharla. Tengo a mi favor que mi esposo me enseñó a colgarla como un soldado francés después de sacarla de la lavadora, y la verdad no queda tan mal. Me parece una pérdida de tiempo, de energía eléctrica y humana. La contribución de las amas de casa al calentamiento global.
Una tarde mientras tomamos café con sus amigas, ella comenta como una excentricidad que yo no plancho. Yo me defiendo y digo que si lo he hecho para ocasiones especiales. Me miran con recelo. Comentan, enumeran y definen todo lo que hacen por sus hijos y sus esposos. Yo me pregunto si el amor se mide en unidades prenda planchadas. Si no será útil para la vida saber abrir la nevera, hacerse un sánduche, subir el mercado y bajar la basura.
Leticia
- Hola tía. ¿Cómo vas?
- Feliz mija, de plácemenes con la visita del príncipe Felipe y doña Leticia.
- Si, sí vi que estuvieron en Colombia, pero me pareció raro que en todas las fotos saliera el ama de llaves del Palacio de Nariño.
- No mija, esa no es el ama de llaves, esa es la señora de la casa.
- No. ¿En serio?
- Si mija, yo sé. ¡Fatal!
- Pero la visten los enemigos. ¿Qué tal el cuello de tortuga de la izquierda fashion?
- Mija, ¿Y la chaqueta qué tal?
- Esa es la chaqueta que usan las monjas cuando se visten de incógnitas.
- Y los zapatos de institutriz.
- No, terribles y eso al lado de esa elegancia de mujer que es doña Leticia
- ¿Y será que la “señora de la casa” le decía “Doña Leticia”?
- Si mija le decía: ¿Doña Leticia, le traigo un tinto? ¿Doña Leticia le llevo la ropa a la lavandería? Doña Leticia que don Felipe ya llegó de la reunión….
- Bueno… ¿Y Leticia qué tal…?
- Mija es que ella es muy seria… Como mala carosa.
- Eso es el hambre tía, es que pesar 35 kilos en difícil. Además la pobre tiene una suegra que a diferencia de las nuestras no se cree de la realeza… ¡Realmente lo es! ¿Te imaginas la hartera?
- El que es un lempo de hombre es él.
- Felipe es un churro, es verdad.
- Oye ¿Y será que no hay una diseñadora de modas colombiana que se compadezca y le mande alguito a la "señora de la casa"?
- O que los hijos le compren algo mija, con lo que ganan en cada transacción…
- Ah sí, los negociantes, bueno pero es que ellos están ocupados mostrando cómo todas las empresas del país son tan rentables como las de ellos.
- Hay Dios, cómo nos hemos reído… Pero te quería pedir una cosa mijita, si un día me da una crisis mística, o si me pongo senil o no me miro al espejo antes de salir y me pongo una chaqueta igual a esa, tú me ayudas, me amarras, no me dejas asomarme a la calle…
- Si tía te lo prometo, pero no te angusties, eso nunca va a pasar.
- Feliz mija, de plácemenes con la visita del príncipe Felipe y doña Leticia.
- Si, sí vi que estuvieron en Colombia, pero me pareció raro que en todas las fotos saliera el ama de llaves del Palacio de Nariño.
- No mija, esa no es el ama de llaves, esa es la señora de la casa.
- No. ¿En serio?
- Si mija, yo sé. ¡Fatal!
- Pero la visten los enemigos. ¿Qué tal el cuello de tortuga de la izquierda fashion?
- Mija, ¿Y la chaqueta qué tal?
- Esa es la chaqueta que usan las monjas cuando se visten de incógnitas.
- Y los zapatos de institutriz.
- No, terribles y eso al lado de esa elegancia de mujer que es doña Leticia
- ¿Y será que la “señora de la casa” le decía “Doña Leticia”?
- Si mija le decía: ¿Doña Leticia, le traigo un tinto? ¿Doña Leticia le llevo la ropa a la lavandería? Doña Leticia que don Felipe ya llegó de la reunión….
- Bueno… ¿Y Leticia qué tal…?
- Mija es que ella es muy seria… Como mala carosa.
- Eso es el hambre tía, es que pesar 35 kilos en difícil. Además la pobre tiene una suegra que a diferencia de las nuestras no se cree de la realeza… ¡Realmente lo es! ¿Te imaginas la hartera?
- El que es un lempo de hombre es él.
- Felipe es un churro, es verdad.
- Oye ¿Y será que no hay una diseñadora de modas colombiana que se compadezca y le mande alguito a la "señora de la casa"?
- O que los hijos le compren algo mija, con lo que ganan en cada transacción…
- Ah sí, los negociantes, bueno pero es que ellos están ocupados mostrando cómo todas las empresas del país son tan rentables como las de ellos.
- Hay Dios, cómo nos hemos reído… Pero te quería pedir una cosa mijita, si un día me da una crisis mística, o si me pongo senil o no me miro al espejo antes de salir y me pongo una chaqueta igual a esa, tú me ayudas, me amarras, no me dejas asomarme a la calle…
- Si tía te lo prometo, pero no te angusties, eso nunca va a pasar.
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