miércoles, 21 de julio de 2010
"...sin decirme a donde vas"
En los carteles de los cine-foros de la universidad la anunciaban de vez en cuando. "No te mueras sin decirme a dónde vas" de Eliseo Subiela. Me encantaba el título. Me imaginaba mil historias. Hasta que finalmente la vi, y recuerdo haber llorado durante y después. Las cosas cambian de significado con el tiempo. Ahora que no estás, me pregunto porque te fuiste sin decirme a donde ibas. Tengo tantas cosas que preguntarte. Tu ausencia no me produce la tristeza de antes. Ya te lloré. Lo que me molestan son las cosas que se quedaron pendientes. Lo que me falta tu consejo. Me faltas en la lista de las personas con las que podía contar. Cuando pasan cosas me pregunto qué hubieras dicho, pero mi imaginación no llega tan lejos. Me falta el cinismo, el humor negro, la mala leche. Dónde habrá quedado el libro de Norman Rockwell que yo miraba mientras te oía. Porque nunca se me ocurrió preguntarte la receta del minestrone. La vida dio tantas vueltas. Me hubiera gustado que estuvieras para defenderme. Si de algo sirve, ya no te lloro, pero me gusta pensar en ti.
Modernidad.
Cuando di el salto mortal del tercer al primer mundo, pensaba que me iba al futuro. A un mundo habitado por ciudadanos modernos con una visión amplia de la realidad, de los que iba a aprender miles de cosas. Un paso adelante en la evolución. Me preocupaba no dar la talla y parecer inculta o ignorante. De que voy a hablar yo si esta gente debe haberlo visto todo.
Dos años y medio después he comprendido que la modernidad es una elección, un golpe de suerte, un regalo del destino que aparece aquí o allá, en medio de la pobreza, de la riqueza, de la adversidad, en el primer o en el tercer mundo… El ciudadano moderno, el de la visión amplia, es un espécimen raro y poco frecuente que puede nacer en la Clínica Palermo de Bogotá, o en el hospital Saint-Louis de Paris. Al mismo tiempo en la habitación del lado, nacerán ciudadanos venidos de la inquisición o del renacimiento o pequeños homo erectus que al crecer serán fanáticos de Millonarios o del Olympique de Marseille.
Algunos renegarán y lanzarán improperios recordándome los beneficios de los que goza el primer mundo: el acceso a la tecnología, la educación pública, la magnificencia en la infraestructura, el cubrimiento en salud. Lamento informar que nada de eso garantiza el nacimiento de ciudadanos modernos. Ni aquí ni allá. Quinceañeras que sueñan con el príncipe azul de la edad media. El dueño de la farmacia que piensa que la tierra es plana y que el Mare Nostrum acaba en el Mediterráneo. Vecinos que piensan que aún estamos en la Conquista y que a los indígenas como yo, no los dejan ir a la universidad. Gobiernos paleolíticos que no conocen la democracia. Criollos convencidos de la superioridad europea. Sociedades divididas en castas. Mujeres sometidas. Empleados públicos que no han oído hablar de los derechos del hombre. Turistas gringos que no saben del fin de la Guerra Fría y que tratan de convencernos de la superioridad americana. Sistemas económicos que promueven la esclavitud.
Modernos, modernos, más bien pocos. Ni aquí ni allá. Y por lo visto, casi en ningún lado.
Dos años y medio después he comprendido que la modernidad es una elección, un golpe de suerte, un regalo del destino que aparece aquí o allá, en medio de la pobreza, de la riqueza, de la adversidad, en el primer o en el tercer mundo… El ciudadano moderno, el de la visión amplia, es un espécimen raro y poco frecuente que puede nacer en la Clínica Palermo de Bogotá, o en el hospital Saint-Louis de Paris. Al mismo tiempo en la habitación del lado, nacerán ciudadanos venidos de la inquisición o del renacimiento o pequeños homo erectus que al crecer serán fanáticos de Millonarios o del Olympique de Marseille.
Algunos renegarán y lanzarán improperios recordándome los beneficios de los que goza el primer mundo: el acceso a la tecnología, la educación pública, la magnificencia en la infraestructura, el cubrimiento en salud. Lamento informar que nada de eso garantiza el nacimiento de ciudadanos modernos. Ni aquí ni allá. Quinceañeras que sueñan con el príncipe azul de la edad media. El dueño de la farmacia que piensa que la tierra es plana y que el Mare Nostrum acaba en el Mediterráneo. Vecinos que piensan que aún estamos en la Conquista y que a los indígenas como yo, no los dejan ir a la universidad. Gobiernos paleolíticos que no conocen la democracia. Criollos convencidos de la superioridad europea. Sociedades divididas en castas. Mujeres sometidas. Empleados públicos que no han oído hablar de los derechos del hombre. Turistas gringos que no saben del fin de la Guerra Fría y que tratan de convencernos de la superioridad americana. Sistemas económicos que promueven la esclavitud.
Modernos, modernos, más bien pocos. Ni aquí ni allá. Y por lo visto, casi en ningún lado.
martes, 13 de julio de 2010
Bondad
Hay gente que “es” buena porque dice serlo. Te dan consejos, te repiten citas y frases célebres. Que si Og Mandino, que si Paulo Cohelo. Son buenos porque les gusta verse a sí mismos como los buenos. No confiesan pasiones ni odios. Iluminados. En los momentos más oscuros te recuerdan que ellos son buenos a través de sus innumerables lecciones de vida. Te recuerdan que tu sufrimiento es bueno para tu crecimiento personal. Que así vas a aprender y que vas a llegar muy lejos. No hacen nada por ti, solo te muestran que ellos son buenos y tal vez felices, por virtud de las gracias que los adornan.
Hay otros que no saben que son buenos y no les importa. Pero hacen cosas, sufren, se preocupan, te llevan pan y leche para tomarse unas onces contigo. Te ayudan a mover un mueble o a reparar el enchufe de la cocina. Te oyen y no dicen nada. A veces solo te acompañan. Se les humedecen los ojos cuando lloras. A veces maldicen cuando tú maldices. A veces te dicen que estas equivocado. A veces te regalan un piropo cuando estas inseguro. Te meten monedas en el bolsillo sin decir nada. No gritan a los cuatro vientos que te quieren y son tus amigos, pero los puedes llamar a cualquier hora, por cualquier razón o incluso sólo para hablar. No te dan consejos porque saben que a veces uno solo necesita llorar por eso que le duele. Incluso a veces, antes de que la primera lágrima ruede al vacio, hacen un chiste y te demuestran sin decir nada que todo va a estar bien.
Hay otros que no saben que son buenos y no les importa. Pero hacen cosas, sufren, se preocupan, te llevan pan y leche para tomarse unas onces contigo. Te ayudan a mover un mueble o a reparar el enchufe de la cocina. Te oyen y no dicen nada. A veces solo te acompañan. Se les humedecen los ojos cuando lloras. A veces maldicen cuando tú maldices. A veces te dicen que estas equivocado. A veces te regalan un piropo cuando estas inseguro. Te meten monedas en el bolsillo sin decir nada. No gritan a los cuatro vientos que te quieren y son tus amigos, pero los puedes llamar a cualquier hora, por cualquier razón o incluso sólo para hablar. No te dan consejos porque saben que a veces uno solo necesita llorar por eso que le duele. Incluso a veces, antes de que la primera lágrima ruede al vacio, hacen un chiste y te demuestran sin decir nada que todo va a estar bien.
domingo, 11 de julio de 2010
Nada en especial.
- Tú siempre dijiste que ellas eran gente divinamente…
- Sí mija, pero eso no quiere decir que sean santas de mi devoción…
- No tía, tú siempre me has enseñado que a la gente divinamente se le perdona todo…
- No mija, pues sí, eso es verdad, pero es que esto ya es gula, si lo que querían era plata, pues que siguieran en la política…
- No tía eso sería peor, tocaría aguantárselas haciendo campaña, recordándonos cada día que los 6 años, 4 meses y 9 días del cautiverio. Que un día amanecen colombianas, al otro francesas. Que si la trenza y el camuflado o el Chanel palo de rosa. Además con ese reguero de ex esposos, de novios, de amigos con y sin derechos, que los de aquí, que los de allá, nos llenaría todas las páginas de las revistas de chismes.
- Si pero por ejemplo se hubieran podido poner a hacerle campaña al presidente santo, así como dándole las gracias por la pintada del helicóptero, y mínimo les daban un ministerio. Tu tío dice que eso es un negociazo, incluso hubieran podido ganar más de lo que están pidiendo y habrían quedado mejor.
- Si tía pero no creo que ellas tenga muchas ganas de dejar Paris.
- Ni de trabajar tampoco mijita.
- Pero están escribiendo el libro tía y parece que es un trabajo tremendo, porque les toca ir revisando el libro de Clara y el de los gringos para que no se le queden cositas entre el tintero.
- ¡Qué pereza mija!
- De pronto tienen gente que le ayuda, porque también les toca leerse los periódicos y las revistas de todo lo que se escribió mientras ella estuvo en cautiverio.
- ¡No, qué horror! Pero el libro le dejará una rentica, mi imagino yo…
- Un billetico largo tía.
- No mijita, es que yo si estoy aterrada.
- Si estás aterrada tú, ¿imagínate cómo estamos los demás?
- ¿Por qué lo dices mijita?
- No tía, por nada en especial.
- Sí mija, pero eso no quiere decir que sean santas de mi devoción…
- No tía, tú siempre me has enseñado que a la gente divinamente se le perdona todo…
- No mija, pues sí, eso es verdad, pero es que esto ya es gula, si lo que querían era plata, pues que siguieran en la política…
- No tía eso sería peor, tocaría aguantárselas haciendo campaña, recordándonos cada día que los 6 años, 4 meses y 9 días del cautiverio. Que un día amanecen colombianas, al otro francesas. Que si la trenza y el camuflado o el Chanel palo de rosa. Además con ese reguero de ex esposos, de novios, de amigos con y sin derechos, que los de aquí, que los de allá, nos llenaría todas las páginas de las revistas de chismes.
- Si pero por ejemplo se hubieran podido poner a hacerle campaña al presidente santo, así como dándole las gracias por la pintada del helicóptero, y mínimo les daban un ministerio. Tu tío dice que eso es un negociazo, incluso hubieran podido ganar más de lo que están pidiendo y habrían quedado mejor.
- Si tía pero no creo que ellas tenga muchas ganas de dejar Paris.
- Ni de trabajar tampoco mijita.
- Pero están escribiendo el libro tía y parece que es un trabajo tremendo, porque les toca ir revisando el libro de Clara y el de los gringos para que no se le queden cositas entre el tintero.
- ¡Qué pereza mija!
- De pronto tienen gente que le ayuda, porque también les toca leerse los periódicos y las revistas de todo lo que se escribió mientras ella estuvo en cautiverio.
- ¡No, qué horror! Pero el libro le dejará una rentica, mi imagino yo…
- Un billetico largo tía.
- No mijita, es que yo si estoy aterrada.
- Si estás aterrada tú, ¿imagínate cómo estamos los demás?
- ¿Por qué lo dices mijita?
- No tía, por nada en especial.
lunes, 5 de julio de 2010
Reinventarse
No sé si la palabra reinventarse existía, o si se la inventaron hace poco. Se puso de moda para describir la forma en que Madona se “reinventa”, cambia, o muta para el lanzamiento de cada uno de sus discos. Que si pelinegra, que si sadomasoquista, que si como una virgen, que si iluminada por la divinidad, que si mamá de una quinceañera vestida ella (la mamá) de adolescente. Un día ícono gay y al siguiente escritora de cuentos para niños. Qué creatividad. Sobre todo porque todos los “saltos” son fríamente calculados y absurdamente lucrativos. Yo, sin tener ninguna información adicional, supongo que no es “ella” solita la que se reinventa sino un grupo enorme de gente que hace la tarea para que la señora siga siendo un buen negocio.
Pero hay otros que también se reinventan, sin salir en las revistas de chismes y sin ninguna motivación diferente al amor. Mi mamá se reinventa de abuela. De los códigos y las superintendencias pasa a los dinosaurios de caucho y al “sana que sana colita de rana”. Yo me reinventé como una mamá, esposa e inmigrante. Dejé la gerencia de una oficina de diseño gráfico en Bogotá, a la “administración” de un hogar al otro lado del mar y frente a él.
Esta semana di un salto tan grande que todavía me pregunto si soy yo la que lo hizo. Después de un mes de trámites, de fotocopias, de hablar mi francés de cacatúa con montón de gente que no conocía, he logrado tener mi tarjeta de vendedora ambulante. No es que vaya a salir por la calle con mi lámina de icopor anunciando: “la gafa, la gafa”. Pero casi. Desde ahora tengo derecho a poner un puesto en los mercados ambulantes que se hacen una vez a la semana en los pueblos y ciudades francesas (“Les Marchés”). Los trabajos manuales que hacía para disipar los estados maniacodepresivos del pasado, son ahora los productos que venderé a turistas y lugareños. El hippie que dormitaba en mi se despierta para que ataviada en mi falda de florecitas venda las cosas que hago mientras mi niño duerme. Durante la semana me dedicaré a buscar lo que me falta para montar mi puesto. En las noches haré bolsitas y tarjetas con mi nuevo nombre y mi número de teléfono. Porque ya no soy Ángela Jiménez. Ahora soy, (y vaya uno a saber por cuánto tiempo) Lita Blanc. Blanc comme la couleur (blanco como el color), como dice mi esposo para evitar deletrear su nombre. Ya son historias del pasado los clientes, las propuestas, las facturas y el cobro de cartera. Mi hijo no dirá que su mamá es diseñadora gráfica, sino que tiene un puesto en el mercado donde vende sus cositas. Yo espero que esté orgulloso de mi, y que crezca sabiendo que uno puede cambiar y reinventarse siempre, sobre todo si lo hace por amor.
Pero hay otros que también se reinventan, sin salir en las revistas de chismes y sin ninguna motivación diferente al amor. Mi mamá se reinventa de abuela. De los códigos y las superintendencias pasa a los dinosaurios de caucho y al “sana que sana colita de rana”. Yo me reinventé como una mamá, esposa e inmigrante. Dejé la gerencia de una oficina de diseño gráfico en Bogotá, a la “administración” de un hogar al otro lado del mar y frente a él.
Esta semana di un salto tan grande que todavía me pregunto si soy yo la que lo hizo. Después de un mes de trámites, de fotocopias, de hablar mi francés de cacatúa con montón de gente que no conocía, he logrado tener mi tarjeta de vendedora ambulante. No es que vaya a salir por la calle con mi lámina de icopor anunciando: “la gafa, la gafa”. Pero casi. Desde ahora tengo derecho a poner un puesto en los mercados ambulantes que se hacen una vez a la semana en los pueblos y ciudades francesas (“Les Marchés”). Los trabajos manuales que hacía para disipar los estados maniacodepresivos del pasado, son ahora los productos que venderé a turistas y lugareños. El hippie que dormitaba en mi se despierta para que ataviada en mi falda de florecitas venda las cosas que hago mientras mi niño duerme. Durante la semana me dedicaré a buscar lo que me falta para montar mi puesto. En las noches haré bolsitas y tarjetas con mi nuevo nombre y mi número de teléfono. Porque ya no soy Ángela Jiménez. Ahora soy, (y vaya uno a saber por cuánto tiempo) Lita Blanc. Blanc comme la couleur (blanco como el color), como dice mi esposo para evitar deletrear su nombre. Ya son historias del pasado los clientes, las propuestas, las facturas y el cobro de cartera. Mi hijo no dirá que su mamá es diseñadora gráfica, sino que tiene un puesto en el mercado donde vende sus cositas. Yo espero que esté orgulloso de mi, y que crezca sabiendo que uno puede cambiar y reinventarse siempre, sobre todo si lo hace por amor.
lunes, 28 de junio de 2010
"Cállate, cállate, cállate que me deseperas"
Cuando era niña, sentía mucha angustia cuando veíamos “El Chavo”. Vivía en un barril, siempre tenía hambre, todos abusaban de él, estaba expuesto al maltrato físico y no se sabía si tenía papás o no. Años más tarde leí que muchos ideólogos mexicanos criticaban a Roberto Gómez Bolaños por la mitificación de todos los males que aquejan a la sociedad latinoamericana a través de sus personajes. También, porque todo el engranaje giraba en torno a estereotipos que se impusieron como parámetros en temas como la pobreza, la riqueza, la belleza o la obesidad. En este micro universo había que reírse de la tragedia de nuestra sociedad, de las carencias, de los defectos físicos, de la ignorancia. Nunca supimos si este pobre niño tuvo una oportunidad y eso tal vez no le importaba a nadie.
Pero pareciera que a todo el mundo le gusta “El Chavo”. Se han vuelto un ícono del retro las expresiones y los insultos que usaban unos contra otros y las nuevas generaciones se deleitan con la versión animada. Yo sigo sintiendo la misma angustia.
Hace unas semanas cuando comentaba lo difícil que era ocuparme de mi niño y de la casa sola, cuando mi esposo estaba de misión, alguien me dijo que eso me pasaba por vivir en Francia, que por eso era mucho mejor vivir en Colombia, donde con muy poco podía tener, muchacha, niñera y chofer. No supe qué contestar, hasta hoy. Estamos condenados a ser la sociedad de “El Chavo”, una sociedad que se ríe de la mísera, en la que unos se aprovechan de los otros, en la que la señora que se va a cuidar los niños de otra, deja a los propios encerrados en una pieza, calentándose la comida en una estufa de cocinol. Tal vez la persona que me hizo el comentario se quedó esperando mi respuesta, o tal vez esté entretenida mirando “El Chavo”.
Pero pareciera que a todo el mundo le gusta “El Chavo”. Se han vuelto un ícono del retro las expresiones y los insultos que usaban unos contra otros y las nuevas generaciones se deleitan con la versión animada. Yo sigo sintiendo la misma angustia.
Hace unas semanas cuando comentaba lo difícil que era ocuparme de mi niño y de la casa sola, cuando mi esposo estaba de misión, alguien me dijo que eso me pasaba por vivir en Francia, que por eso era mucho mejor vivir en Colombia, donde con muy poco podía tener, muchacha, niñera y chofer. No supe qué contestar, hasta hoy. Estamos condenados a ser la sociedad de “El Chavo”, una sociedad que se ríe de la mísera, en la que unos se aprovechan de los otros, en la que la señora que se va a cuidar los niños de otra, deja a los propios encerrados en una pieza, calentándose la comida en una estufa de cocinol. Tal vez la persona que me hizo el comentario se quedó esperando mi respuesta, o tal vez esté entretenida mirando “El Chavo”.
Deje su mensaje, después del tono.
- En este momento no nos encontramos, por favor deje su mensaje después del tono.
- Mija, llevo semanas llamándote. ¿Dónde andas? No hemos podido comentar los últimos acontecimientos políticos. ¡Se salvó este país mijita! Pasamos de un mesías a un santo, este es definitivamente un país bendecido. ¡Cosa divina caray! Además este hombre es un estandarte de la gente divinamente, de la gente de bien. Golf, whisky y exenciones tributarias para los amigos del club. Como debe ser. Tu tío dice que es increíble nuestra capacidad de adaptación mijita, que pasamos del fanatismo populista al pragmatismo capitalista de un plumazo. Y yo precisamente te llamaba a que me explicaras los términos, porque tu tío y los amigotes, sueltan la carcajada cuando dicen eso, pero yo aún no he entendido el chiste. ¿Oye y tu porqué tienes el mensaje del contestador en español y no en francés? Bueno mijita llámame para que nos pongamos al día. Un abrazo.
- Beeeeeeeeeeeep.
- Mija, llevo semanas llamándote. ¿Dónde andas? No hemos podido comentar los últimos acontecimientos políticos. ¡Se salvó este país mijita! Pasamos de un mesías a un santo, este es definitivamente un país bendecido. ¡Cosa divina caray! Además este hombre es un estandarte de la gente divinamente, de la gente de bien. Golf, whisky y exenciones tributarias para los amigos del club. Como debe ser. Tu tío dice que es increíble nuestra capacidad de adaptación mijita, que pasamos del fanatismo populista al pragmatismo capitalista de un plumazo. Y yo precisamente te llamaba a que me explicaras los términos, porque tu tío y los amigotes, sueltan la carcajada cuando dicen eso, pero yo aún no he entendido el chiste. ¿Oye y tu porqué tienes el mensaje del contestador en español y no en francés? Bueno mijita llámame para que nos pongamos al día. Un abrazo.
- Beeeeeeeeeeeep.
domingo, 20 de junio de 2010
Honey
- Juanma, ¿Estàs dormido? Tenemos que hablar.
- Mmmmm.
- Honey yo se que todo lo que hemos hecho estos últimos años es para llegar hasta aquí, pero estoy cansada de las loberas. ¡It’s enough! Después de la posesión adiós al poncho. A este paso no vamos a necesitar un asesor de imagen sino un corrector de estilo. Yo ya te pedi las corbatas y los armanis. ¿You know? A ti no se te da mucho el look de capataz de finca…
- Mmmmm.
- Estoy preocupada por los muchachos. Yo no quiero que terminen vendiendo artesanìas en los aeropuertos y traficando con lotes; es que a Tom y a Jerry lo único que les faltó fue un puesto en Unilago y otro en San Andresito.
- Don’t worry…
- Yo quiero verme divina en la posesión de Juanma, pensaba en un Chanel, pero si quieres seguir con el populismo pues yo busco algún diseñador colombiano… pero no me vas a obligar a vestirme de institutriz como Linis… Oye, ya puedo votar el disfraz de la cruz roja? Tu lo has olido? It sucks…! Huele a pura tierra, sangre y pobreza.
- Si, ya no lo necesitamos…
- Acuérdate lo que pensábamos de <{(Él)}> hace 9 años… ¿Tù vas a seguir con el consejito comunal y la porno miseria? Es que te digo Juanma, la escena tuya con lo del hijo de Clara parecía como de Laura en América… ¡De quinta!
- No sabìa que tú mirabas Laura en América.
- Oye, mandaron las facturas del pan y las botellas de agua. Cómo han cambiando las cosas, antes se compraban los votos con tamales o pollos, serán cosas de la recesión…
- Mándala a Palacio que allá están pagando todo.
- Juanma, tu crees…
- Hablamos mañana honey, i'm so tired…
- Ok, el problema es que ahora no se si yo pueda dormir…
- Mmmmm.
- Honey yo se que todo lo que hemos hecho estos últimos años es para llegar hasta aquí, pero estoy cansada de las loberas. ¡It’s enough! Después de la posesión adiós al poncho. A este paso no vamos a necesitar un asesor de imagen sino un corrector de estilo. Yo ya te pedi las corbatas y los armanis. ¿You know? A ti no se te da mucho el look de capataz de finca…
- Mmmmm.
- Estoy preocupada por los muchachos. Yo no quiero que terminen vendiendo artesanìas en los aeropuertos y traficando con lotes; es que a Tom y a Jerry lo único que les faltó fue un puesto en Unilago y otro en San Andresito.
- Don’t worry…
- Yo quiero verme divina en la posesión de Juanma, pensaba en un Chanel, pero si quieres seguir con el populismo pues yo busco algún diseñador colombiano… pero no me vas a obligar a vestirme de institutriz como Linis… Oye, ya puedo votar el disfraz de la cruz roja? Tu lo has olido? It sucks…! Huele a pura tierra, sangre y pobreza.
- Si, ya no lo necesitamos…
- Acuérdate lo que pensábamos de <{(Él)}> hace 9 años… ¿Tù vas a seguir con el consejito comunal y la porno miseria? Es que te digo Juanma, la escena tuya con lo del hijo de Clara parecía como de Laura en América… ¡De quinta!
- No sabìa que tú mirabas Laura en América.
- Oye, mandaron las facturas del pan y las botellas de agua. Cómo han cambiando las cosas, antes se compraban los votos con tamales o pollos, serán cosas de la recesión…
- Mándala a Palacio que allá están pagando todo.
- Juanma, tu crees…
- Hablamos mañana honey, i'm so tired…
- Ok, el problema es que ahora no se si yo pueda dormir…
viernes, 18 de junio de 2010
Coherencia
Francia discute la ampliación de la edad para pensionarse a 62 años. Discuten las excepciones, la dificultad de ciertos trabajos y el pobre Sarko sale todos los días a explicar que ahora los franceses viven más y que por consiguiente deben trabajar más. Como lo comentaba en otro post, la proyección de vida de mi hijo es de 100 años. Lo que Sarko dice no es falso. En mi pueblo, debido a la bondad de clima hay un ancianato en cada cuadra y en general es impresionante la cantidad de gente mayor, sobre todo si uno viene de Colombia donde hay tanto muchachito.
Pero la misma Francia tiene los impuestos más altos a los cigarrillos y al alcohol. Campañas más que insistentes sobre comer 5 frutas y verduras cada día o sobre no “galguiar” (grignoter) entre comidas y hacer ejercicio. El material graso está indicado en todos los alimentos. Se controla anualmente el peso de los niños lo que incide luego en los menús de los restaurantes de los colegios públicos. La televisión muestra dos o tres veces al día programas sobre salud. El mercado de los productos bio es cada día más creciente tanto en la alimentación como en la cosmética. La obsesión por la salud es generalizada y es mal visto no verse tan preocupado al respecto. Hace unos meses tuve una reunión en la guardería (pública para más señas, donde mi niño sólo va 6 horas a la semana) para discutir el menú de las medias nueves. Después de 30 minutos de discusiones sobre lo bio, el equilibrio, las marcas, que si y que no, me preguntaron mi opinión: - La verdad, yo vengo de Colombia, nosotros comemos de todo. No consumo bio porque me parece carísimo y sé que en el futuro él tendrá que comer en un Macdonals o en un puesto de comida callejera y habré perdido la inversión. A mí la verdad, me parece genial que no me toque alistarle la lonchera y desde que vivo en Francia estoy sorprendida de la calidad de los productos incluso los de Petite Prix (marcas económicas). Lo que ustedes digan está bien para mí. - No sé porque mi intervención terminó con la reñida discusión. Pero me miraron con una expresión que aún no puedo definir.
Esa misma Francia tiene un aumento en el desempleo. Se discuten políticas. Vuelve y sale Sarko, que mire, que si hacemos microempresas, que si se capacitan…Pero al mismo tiempo está el subsidio de desempleo, el subsidio de arrendamiento que le ayuda a la gente a pagar el arriendo, pero no a comprar su propia casa, el subsidio por tener niños… Y los subsidios no son interpretados como una solución en un momento crítico sino como una forma de subsistencia. Lo que se complicará cuando la gente este obligada a trabajar más, porque vive más, porque se cuida más.
La coherencia. Esa se bajò del bus hace rato. Yo pienso en los huesitos de marrano que nos llevó la abuelita de un amigo una vez a la oficina. Tal vez la naturaleza hace que el marrano sea delicioso para que uno se de garra saboreando los huesitos y para que suavemente se vayan taponando las arterias. Y claro, no es que yo reivindique fumar como una chimenea, pero un cigarrillito con tinto después del almuerzo para comentar la novela, no debería ser pecado. Y claro, muy interesante que haya productos bio, pero la inversión debería enfocarse en erradicar el hambre y no en hacer comida hiper-higiénica para los hiper-neuróticos del mundo. También sé que me hacen falta todos mis amores que ya no estàn, que unos se fueron antes de tiempo y otros sufrieron mucho para poderse ir, pero con todos y cada uno tengo recuerdos de comilonas, parrandas, malos y buenos tragos, lloradas y ataques de risa. Yo me pregunto si lo que uno busca calidad de vida o una vida bien “calidosa”. Dònde está el equilibrio?. No sé, tal vez se fue a acompañar a la coherencia a hacer una vuelta.
Pero la misma Francia tiene los impuestos más altos a los cigarrillos y al alcohol. Campañas más que insistentes sobre comer 5 frutas y verduras cada día o sobre no “galguiar” (grignoter) entre comidas y hacer ejercicio. El material graso está indicado en todos los alimentos. Se controla anualmente el peso de los niños lo que incide luego en los menús de los restaurantes de los colegios públicos. La televisión muestra dos o tres veces al día programas sobre salud. El mercado de los productos bio es cada día más creciente tanto en la alimentación como en la cosmética. La obsesión por la salud es generalizada y es mal visto no verse tan preocupado al respecto. Hace unos meses tuve una reunión en la guardería (pública para más señas, donde mi niño sólo va 6 horas a la semana) para discutir el menú de las medias nueves. Después de 30 minutos de discusiones sobre lo bio, el equilibrio, las marcas, que si y que no, me preguntaron mi opinión: - La verdad, yo vengo de Colombia, nosotros comemos de todo. No consumo bio porque me parece carísimo y sé que en el futuro él tendrá que comer en un Macdonals o en un puesto de comida callejera y habré perdido la inversión. A mí la verdad, me parece genial que no me toque alistarle la lonchera y desde que vivo en Francia estoy sorprendida de la calidad de los productos incluso los de Petite Prix (marcas económicas). Lo que ustedes digan está bien para mí. - No sé porque mi intervención terminó con la reñida discusión. Pero me miraron con una expresión que aún no puedo definir.
Esa misma Francia tiene un aumento en el desempleo. Se discuten políticas. Vuelve y sale Sarko, que mire, que si hacemos microempresas, que si se capacitan…Pero al mismo tiempo está el subsidio de desempleo, el subsidio de arrendamiento que le ayuda a la gente a pagar el arriendo, pero no a comprar su propia casa, el subsidio por tener niños… Y los subsidios no son interpretados como una solución en un momento crítico sino como una forma de subsistencia. Lo que se complicará cuando la gente este obligada a trabajar más, porque vive más, porque se cuida más.
La coherencia. Esa se bajò del bus hace rato. Yo pienso en los huesitos de marrano que nos llevó la abuelita de un amigo una vez a la oficina. Tal vez la naturaleza hace que el marrano sea delicioso para que uno se de garra saboreando los huesitos y para que suavemente se vayan taponando las arterias. Y claro, no es que yo reivindique fumar como una chimenea, pero un cigarrillito con tinto después del almuerzo para comentar la novela, no debería ser pecado. Y claro, muy interesante que haya productos bio, pero la inversión debería enfocarse en erradicar el hambre y no en hacer comida hiper-higiénica para los hiper-neuróticos del mundo. También sé que me hacen falta todos mis amores que ya no estàn, que unos se fueron antes de tiempo y otros sufrieron mucho para poderse ir, pero con todos y cada uno tengo recuerdos de comilonas, parrandas, malos y buenos tragos, lloradas y ataques de risa. Yo me pregunto si lo que uno busca calidad de vida o una vida bien “calidosa”. Dònde está el equilibrio?. No sé, tal vez se fue a acompañar a la coherencia a hacer una vuelta.
jueves, 17 de junio de 2010
Olvidos
Mañana de trámites. El recibo. El reclamo. Todos los jueves por las mañanas nos vestimos bien y nos vamos al centro de la ciudad (del pueblito), a resolver pendientes. Pero este jueves era diferente. La llagada del verano, trajo consigo un cielo azul y 26 grados con brisa fresca. Al lado de la carpeta de los papeles aliste el picnic y las toallas, para irnos a almorzar el niño y yo frente a la playa. A mí se me olvida que vivo frente al mar. Se me olvida que ir a la playa es gratis. Que no pasa nada si me voy un jueves a pasar la tarde en la arena.
A las 11:00 estamos libres y nos vamos a la playa de Mourillon, en Toulon, la ciudad más cercana. En Hyeres también hay playas, pero esta me gusta porque a mí me gustan las ciudades y la gente que vive en ellas. Me desvisto entre el carro para ponerme el vestido de baño, cargo el coche como un camello que atravesará el desierto y me doy permiso de sentirme en vacaciones. Jugamos, comemos jamón con queso porque se nos olvidò comprar el pan, metemos los pies al agua helada del Mediterráneo. Una mujer anciana que sale del mar me dice que vio pescados, que el fondo de mar era blanco, que es mucho mejor que la piscina pública en la que va a nadar en Paris. Es el paraíso. Yo alzo los ojos, miro el cielo, los pájaros, la ciudad y le doy la razón.
Pienso en Bogotá y en las cosas que eran gratis -o no tan caras- que me gustaban tanto y que nunca hacía. Pienso en la Ciclovía, en los juguitos de la plaza de mercado, en los museos que solo recorría cuando tenía un visitante de otra ciudad, en los conciertos en mi universidad, en las misceláneas llenas de cosas, en los parques de todos los estratos, en que nunca fui a ver la lucha libre, en todas las fotos que tengo pendientes.
Algunas personas piensan que por vivir en una región turística, uno siempre está de vacaciones. Nada más alejado de la realidad. No importa dònde viva uno, los problemas y la rutina siempre logran que a uno se le olvide vivir.
A las 11:00 estamos libres y nos vamos a la playa de Mourillon, en Toulon, la ciudad más cercana. En Hyeres también hay playas, pero esta me gusta porque a mí me gustan las ciudades y la gente que vive en ellas. Me desvisto entre el carro para ponerme el vestido de baño, cargo el coche como un camello que atravesará el desierto y me doy permiso de sentirme en vacaciones. Jugamos, comemos jamón con queso porque se nos olvidò comprar el pan, metemos los pies al agua helada del Mediterráneo. Una mujer anciana que sale del mar me dice que vio pescados, que el fondo de mar era blanco, que es mucho mejor que la piscina pública en la que va a nadar en Paris. Es el paraíso. Yo alzo los ojos, miro el cielo, los pájaros, la ciudad y le doy la razón.
Pienso en Bogotá y en las cosas que eran gratis -o no tan caras- que me gustaban tanto y que nunca hacía. Pienso en la Ciclovía, en los juguitos de la plaza de mercado, en los museos que solo recorría cuando tenía un visitante de otra ciudad, en los conciertos en mi universidad, en las misceláneas llenas de cosas, en los parques de todos los estratos, en que nunca fui a ver la lucha libre, en todas las fotos que tengo pendientes.
Algunas personas piensan que por vivir en una región turística, uno siempre está de vacaciones. Nada más alejado de la realidad. No importa dònde viva uno, los problemas y la rutina siempre logran que a uno se le olvide vivir.
domingo, 13 de junio de 2010
Guía Turística
Francia es un país lindo. Con una geografía llena de contrastes. Con una gastronomía rica en matices. Productor de los mejores vinos. Magos de los productos lácteos. Maestros del chocolate. El Mediterráneo. La cultura. La literatura. El arte. Etc. Etc. Lo mejor del mundo está aquí, con un pequeño inconveniente: Usted, al no ser francés, no lo merece. Está lejos de apreciarlo y de entenderlo. Incluso, el 90% de los franceses no entenderá porque usted se empeña en venir. Le preguntarán porqué conoce a Edith Piaf, a Los Impresionitas, a Napoleon, o a Paul Cezanne si usted no nació en el hexágono. Un francés promedio, con el equivalente académico de primaria y bachillerato, no podrá comprender que la historia de su país es parte de la cultura universal, porque para él, solo existe la cultura francesa. Los gringos son unos chabacanos de mal gusto. Los suramericanos son pobres e ignorantes. Los asiáticos son raros. Los africanos negros son fuerza de trabajo y los árabes… son un tema pendiente. Conocen aspectos de los demás países, pero sus culturas las consideran “menores” y sus historias no pasan de lo anecdótico. Si por un lado es envidiable el “orgullo patrio”, por el otro ese orgullo es un filtro angosto que limita su apertura a otras realidades.
Si usted planea una visita turística, encontrará que la primera barrera es el idioma. La gramática y el vocabulario del francés son fáciles para todos aquellos que hablan lenguas romances, pero la pronunciación es verdaderamente difícil. La cosa se complica porque los franceses asocian las personas que no hablan su idioma y los acentos de los que lo intentan, con la ignorancia y la estupidez. No hablar francés no es una condición, es un hándicap. Para ellos es difícil tomar en serio a alguien que no habla su lengua. Afortunadamente existen las guías impresas, las páginas de internet, los GPS, los mapas y la señalización vial que le serán mucho más útiles al momento de viajar que hacer la consulta a un lugareño.
Algunos dirán que miento. Que han conocido franceses buena gente. Yo también los he conocido. Me casé con uno. Como en todos los países y en todas las culturas, hay quienes gracias al contacto con otras personas o situaciones (para el caso de Francia los que han viajado fuera del país), son más abiertos, tolerantes y respetuosos.
No hablo sin conocimiento de causa. Hace unas semanas visité uno de mis almacenes favoritos: Maisons du Monde (Casas del mundo). Con un exquisito sentido del buen gusto, este almacén combina en sus secciones objetos de todas partes del mundo combinando la belleza con la imaginación. El nuevo país invitado era Cuba. Aprovechando que los precios no eran excesivamente costosos compré algunas de las cosas que me gustaron y encargue un tapete hindú del catálogo. Me pidieron la dirección de mi casa y me dijeron que por 12 euros más, lo llevarían a domicilio. Yo que estaba antojada de las cosas cubanas, solicité que me dejaran recogerlo en el almacén. Impacientes las vendedoras y aprovechando la evidencia de mi acento, me decían que tal vez yo no había entendido. Yo repliqué que si, y como un favor aceptaron mi solicitud, sin antes decirme: “El ta-pe-te lle-ga el mi-ér-co-les. No el jue-ves. No el mar-tes. De-be ve-nir el mi-ér-co-les. No lla-me el mar-tes. De-be ve-nir el mi-ér-co-les. De-be pre-sen-tar es-te pa-pel.” Al fondo y en medio de los intervalos de tan solicita pronunciación, yo oía como entre las vendedoras comentaban: “Ese es el problema de esta gente.”
Llame el miércoles para saber si había llegado el tapete. La vendedora me contestó que había llegado desde el lunes, que porqué no había ido a recogerlo. Fui hasta el almacén. Mostré el papel. Tenía a mi niño en los brazos para evitar que hiciera un daño. Trajeron el tapete. Lo tiraron al piso. En Francia está prohibido dejar a los niños entre el carro. Con un brazo apercollé al niño y con otro jalaba el tapete en una cadencia digna del jorobado de Notre Dame. (Sí, yo sé quién es el jorobado de Notre Dame). En el camino pensaba que el almacén está lleno de cosas africanas, asiáticas, o suramericanas. Que las presentan como objetos de lujo. Que reconocen su valor estético. Pero que una cosa muy distinta es dejar entrar al almacén a todos esos muertos de hambre de esos países miserables. Y peor aún tener que atenderlos. Porque el servicio no es un tema determinante en una economía pujante. Si no compro yo, otro comprará. Los vendedores no ganan por comisión y dada la eficiencia del subsidio de desempleo, es mucho mejor ser despedido de un trabajo que conservarlo.
No los culpo ni los odio. Me esfuerzo por entenderlos. Como todos los niños ricos, sólo han vivido una realidad. Su mundo es un sistema pequeño en el que todo funciona bien. Para ellos nada debería cambiar.
Si usted planea una visita turística, encontrará que la primera barrera es el idioma. La gramática y el vocabulario del francés son fáciles para todos aquellos que hablan lenguas romances, pero la pronunciación es verdaderamente difícil. La cosa se complica porque los franceses asocian las personas que no hablan su idioma y los acentos de los que lo intentan, con la ignorancia y la estupidez. No hablar francés no es una condición, es un hándicap. Para ellos es difícil tomar en serio a alguien que no habla su lengua. Afortunadamente existen las guías impresas, las páginas de internet, los GPS, los mapas y la señalización vial que le serán mucho más útiles al momento de viajar que hacer la consulta a un lugareño.
Algunos dirán que miento. Que han conocido franceses buena gente. Yo también los he conocido. Me casé con uno. Como en todos los países y en todas las culturas, hay quienes gracias al contacto con otras personas o situaciones (para el caso de Francia los que han viajado fuera del país), son más abiertos, tolerantes y respetuosos.
No hablo sin conocimiento de causa. Hace unas semanas visité uno de mis almacenes favoritos: Maisons du Monde (Casas del mundo). Con un exquisito sentido del buen gusto, este almacén combina en sus secciones objetos de todas partes del mundo combinando la belleza con la imaginación. El nuevo país invitado era Cuba. Aprovechando que los precios no eran excesivamente costosos compré algunas de las cosas que me gustaron y encargue un tapete hindú del catálogo. Me pidieron la dirección de mi casa y me dijeron que por 12 euros más, lo llevarían a domicilio. Yo que estaba antojada de las cosas cubanas, solicité que me dejaran recogerlo en el almacén. Impacientes las vendedoras y aprovechando la evidencia de mi acento, me decían que tal vez yo no había entendido. Yo repliqué que si, y como un favor aceptaron mi solicitud, sin antes decirme: “El ta-pe-te lle-ga el mi-ér-co-les. No el jue-ves. No el mar-tes. De-be ve-nir el mi-ér-co-les. No lla-me el mar-tes. De-be ve-nir el mi-ér-co-les. De-be pre-sen-tar es-te pa-pel.” Al fondo y en medio de los intervalos de tan solicita pronunciación, yo oía como entre las vendedoras comentaban: “Ese es el problema de esta gente.”
Llame el miércoles para saber si había llegado el tapete. La vendedora me contestó que había llegado desde el lunes, que porqué no había ido a recogerlo. Fui hasta el almacén. Mostré el papel. Tenía a mi niño en los brazos para evitar que hiciera un daño. Trajeron el tapete. Lo tiraron al piso. En Francia está prohibido dejar a los niños entre el carro. Con un brazo apercollé al niño y con otro jalaba el tapete en una cadencia digna del jorobado de Notre Dame. (Sí, yo sé quién es el jorobado de Notre Dame). En el camino pensaba que el almacén está lleno de cosas africanas, asiáticas, o suramericanas. Que las presentan como objetos de lujo. Que reconocen su valor estético. Pero que una cosa muy distinta es dejar entrar al almacén a todos esos muertos de hambre de esos países miserables. Y peor aún tener que atenderlos. Porque el servicio no es un tema determinante en una economía pujante. Si no compro yo, otro comprará. Los vendedores no ganan por comisión y dada la eficiencia del subsidio de desempleo, es mucho mejor ser despedido de un trabajo que conservarlo.
No los culpo ni los odio. Me esfuerzo por entenderlos. Como todos los niños ricos, sólo han vivido una realidad. Su mundo es un sistema pequeño en el que todo funciona bien. Para ellos nada debería cambiar.
90 dias
Tu y yo vamos a estar solos 90 días. Han pasado 50. Nos faltan 40. Tu papá esta de misión en Argelia. Me encantaría tener el doble de la energía para disfrutarte más. Tener una barita mágica que hiciera de comer y que lavara, doblara y guardara la ropa. Quisiera ver las cosas como tú las ves. Repetir 4 veces al día Mosters Inc. y volverme a reír. Quedarme dormida a las 8 pm y levantarme en la mañana sonriente y con los cacheticos rosados. Me ayudas mucho cuando llevas el tetero al lavaplatos y me parece genial cuando buscas en el closet tus zapatos y tus medias. No logro que guardes los juguetes en orden, pero me gusta oírte jugar con tus dinosaurios, tus robots y tus bomberos. A veces te pones furioso y peleas conmigo. Yo me pongo furiosa también. Pero luego vienes a buscarme, me llenas de besos y me acaricias el pelo. A veces nos quedamos en piyama y comemos piza. A veces nos ponemos bonitos y nos vamos al parque a jugar. En las tardes te paras frente al computador y llamas a gritos a tu papá, para que se conecte al Mesenger. No siempre funciona. Entonces yo me invento algo para distraer tu atención y la mía. Hemos visitado todos los parques, todos los Macdonals, todos los centros comerciales. Tratamos de hacer siempre algo que te guste a ti y algo que me guste a mí, pero la fórmula no nos funciona todo el tiempo: cada vez que entramos a un almacén de ropa de mujer o de cosas para el hogar, gritas como un salvaje o haces cara de aburrimiento. No puedo decirte nada porque tu papito hace lo mismo. Te confieso que algunas veces me siento como en un Reality Show, que esto es una prueba que debo superar. Otras veces me acuerdo que nadie está obligado a conquistar el mundo y que no pasa nada si no tiendo la cama y comemos afuera. Pero la mayor parte del tiempo me parece genial estar solos tu y yo, abrazados en el sofá repitiéndonos Cars o Toy Story. Yo solo espero, que en el futuro, cuando te pregunten si era difícil que tu papá saliera de misión, respondas que no tanto, que con tu mamá armabas un buen parche y que se divertían paseando por ahí.
miércoles, 9 de junio de 2010
Versión 1.0
Cuando los conocí hacían fila para llamar por un teléfono público destartalado que había en la puerta del edificio. Saco motoso. Sin mayor encanto que el de la juventud. Si, ese el del Iphone, al lado del IPod y encima del IMac, se sacaba monedas del bolsillo de lo que debió ser un blue jean, y marcaba número a número en un teléfono de disco. Si, ese al que todo le parece “cool”, era un muchacho simpático que cuando no tenía el último SmartPhone y la adicción a los MSM, lograba tener una conversación coherente con más de un adjetivo en su repertorio, que solía ser en español. Aquel, si ese, el del BlackBerry, llevaba los apuntes en libretas de taquigrafía que le regalaba un amigo que trabajaba en una notaría. El de la Palm Pilot, se sabía el teléfono de todo el mundo, pero en las fiestas sacaba de la billetera una listica donde tenía anotadas las palabras claves para acordarse de los chistes. El de los audífonos bluetooth estéreo, le compraba casettes piratas a los hippies. ¿Qué si tengo algo en contra de la tecnología? No, por el contrario, me encanta, ayuda a saber quién es quién y qué tan lejos ha llegado, entre muchas otras cosas. Por favor. Think diferent. Mi problema es que tengo un disco duro de gran capacidad y aún conservo la versión 1.0 de todos ellos.
lunes, 31 de mayo de 2010
Animal político
- Mijita ¿porqué no me contestabas al teléfono, he marcado toda la mañana, es qué no quieres hablar conmigo?
- No tía como se te ocurre, es que estaba mal colgado.
- Si mijita como no.
- ¿Y cómo estás tía?
- Feliz mijita, feliz, salvamos a este país y a la gente de bien.
- Ajá.
- No mijita, es que yo si quedé enamorada de la política. Tanto que le dije a tu tío que yo quería estudiar para ser política y él me dijo que no, que yo ya era un “animal político”.
- Ajá.
- No te imaginas después de la entrega de resultados no dejaba de sonar el teléfono. El primero en llamar fue “El capitán”. Que se había salvado, que con un santo de presidente, ya no lo iban a fregar más con lo de los falsos positivos. Y acá entre nos mijita, esos muchachos que mataban eran unos pobres indiecitos miserables, sin educación ni futuro mija. Si no terminaban de guerrilleros, terminaban de atracadores.
- Eso se llama “limpieza social” tía.
- ¿Acaso eso existe? Genial, no sabía yo. Después llamo Pina de Vidal. Imagínate que el hijo de ella es el que importa el material de comunicaciones para el DAS. Es un muchacho simpatiquísimo que incluso les hace capacitaciones con almuerzo y video y toda la cosa.
- Me imagino que para las chuzadas…
- Si claro mijita. No es que mí si me parece genial oírle la vida a todo el mundo, puro espionaje como en las películas. ¿Te imaginas lo que uno descubriría?
- Ajá.
- Con la idea que nos dio Pachito de Velázquez amenazamos a Conchita que si no votaba por el candidato de nosotros le quitábamos el subsidio de transporte. Y la muy descarada contestó que cual subsidio, me tocó amenazarla con bajarle el sueldo. Finalmente votó a regañadientes pero votó. Es que el voto es democracia, pagado o no.
- Si tú lo dices…
- Además (Él), estuvo genial mija, le hizo la segunda al candidato en todo lo que se necesitó. Como siempre diciendo cosas sin decirlas, con parábolas para este pueblo miserable. ¿Qué tal la belleza el cuento de los huevitos? Nosotros le estábamos diciendo a Clarita de Salazar la editora que sacara un libro para niños con esta historia, para irlos induciendo desde pequeños.
- Ajá.
- Además mijita, es que el candidato santo tiene todos los juguetes, hasta su periódico propio, así las noticias salen listas del Palacio de Nariño, sin filtros ni pendejadas. Es que para un gobierno es un peligro que haya periódicos y noticieros contando las cosas que la gentecita no está preparada para entender.
- Ajá.
- Pero no te creas mijita, no había sólo gente de bien votando por el candidato santo. Había un grupo grande de la gente a la que se le dio su pancito para que fuera a hacer democracia. Pero también había mucho levantado, “fachitos pobres” como les dice tu tío. Que yo sigo sin entender porque votan si para ellos no hay tajada de ese ponqué. Pero muy chirriados mija. Lo que muestra que a la gentecita hay que orientarla. Decirle por donde es.
- Oye tía que pena contigo pero es que hoy amanecí con migraña y ni te he constestado, pero por lo que oigo mi tío tiene razón, de los animales políticos, tu definitivamente eres de las más animal.
- Lo tomaré como un cumplido mijita.
- No tía como se te ocurre, es que estaba mal colgado.
- Si mijita como no.
- ¿Y cómo estás tía?
- Feliz mijita, feliz, salvamos a este país y a la gente de bien.
- Ajá.
- No mijita, es que yo si quedé enamorada de la política. Tanto que le dije a tu tío que yo quería estudiar para ser política y él me dijo que no, que yo ya era un “animal político”.
- Ajá.
- No te imaginas después de la entrega de resultados no dejaba de sonar el teléfono. El primero en llamar fue “El capitán”. Que se había salvado, que con un santo de presidente, ya no lo iban a fregar más con lo de los falsos positivos. Y acá entre nos mijita, esos muchachos que mataban eran unos pobres indiecitos miserables, sin educación ni futuro mija. Si no terminaban de guerrilleros, terminaban de atracadores.
- Eso se llama “limpieza social” tía.
- ¿Acaso eso existe? Genial, no sabía yo. Después llamo Pina de Vidal. Imagínate que el hijo de ella es el que importa el material de comunicaciones para el DAS. Es un muchacho simpatiquísimo que incluso les hace capacitaciones con almuerzo y video y toda la cosa.
- Me imagino que para las chuzadas…
- Si claro mijita. No es que mí si me parece genial oírle la vida a todo el mundo, puro espionaje como en las películas. ¿Te imaginas lo que uno descubriría?
- Ajá.
- Con la idea que nos dio Pachito de Velázquez amenazamos a Conchita que si no votaba por el candidato de nosotros le quitábamos el subsidio de transporte. Y la muy descarada contestó que cual subsidio, me tocó amenazarla con bajarle el sueldo. Finalmente votó a regañadientes pero votó. Es que el voto es democracia, pagado o no.
- Si tú lo dices…
- Además (Él), estuvo genial mija, le hizo la segunda al candidato en todo lo que se necesitó. Como siempre diciendo cosas sin decirlas, con parábolas para este pueblo miserable. ¿Qué tal la belleza el cuento de los huevitos? Nosotros le estábamos diciendo a Clarita de Salazar la editora que sacara un libro para niños con esta historia, para irlos induciendo desde pequeños.
- Ajá.
- Además mijita, es que el candidato santo tiene todos los juguetes, hasta su periódico propio, así las noticias salen listas del Palacio de Nariño, sin filtros ni pendejadas. Es que para un gobierno es un peligro que haya periódicos y noticieros contando las cosas que la gentecita no está preparada para entender.
- Ajá.
- Pero no te creas mijita, no había sólo gente de bien votando por el candidato santo. Había un grupo grande de la gente a la que se le dio su pancito para que fuera a hacer democracia. Pero también había mucho levantado, “fachitos pobres” como les dice tu tío. Que yo sigo sin entender porque votan si para ellos no hay tajada de ese ponqué. Pero muy chirriados mija. Lo que muestra que a la gentecita hay que orientarla. Decirle por donde es.
- Oye tía que pena contigo pero es que hoy amanecí con migraña y ni te he constestado, pero por lo que oigo mi tío tiene razón, de los animales políticos, tu definitivamente eres de las más animal.
- Lo tomaré como un cumplido mijita.
domingo, 30 de mayo de 2010
Para los amigos
Un amigo muy, pero muy neurótico que tuve alguna vez, decía que uno no volvía a hacer amigos después de los 30. Que si tenía suerte conservaba algunos de los que había conseguido en sus primeros años de vida. Este amigo se caracterizaba por una sutil y sofisticada visión de lo catastrófico, de lo que estaba mal, del lado triste de la vida. Inmamable. Algún día tuvo a bien decirme todo lo que estaba mal en mí. Dos días después de la catarsis yo le dije todo lo que estaba bien en él y que nunca, pero nunca más quería volver a verlo. Y a pesar de mi cercanía a los 30 años, tuve la suerte de hacerme un grupo de amigos de los que conservo uno que otro a pesar de la distancia. Como todo en la vida, uno tiene amigos buenos, malos, egoístas, generosos, divertidos, temporales, interesados, que sacan lo peor de uno, que lo hacen mejor, que le amargan la vida, que no llaman nunca, que le piden plata, que le suben el ánimo, que se ríen de uno con uno y que se ríen de uno sin uno y con los demás.
Hoy tengo la suerte de tener dos amigas que me cuidan, me quieren, se preocupan por mí y hasta me ayudaron a pintar la cocina. Extranjeras y con niños pequeños como yo, compartimos el karma de vivir en un país que adora los niños y los inmigrantes, si y solo si, estos están en otros países, si no entran a los mismos almacenes, si no comen en los mismos restaurantes, si no van a los mismos colegios, si caminan por el otro lado del andén. Tenemos toda una infraestructura montada para acomodar coches, teteros y bebes en nuestros paseos. Nos turnamos para medirnos ropa en los almacenes. Hemos hecho un detallado benchmarking de los esposos para concluir que todos son iguales. Nos vamos en gavilla cuando nos la montan y nos administramos las soledades, las alegrías y las amarguras.
Hace unos meses le pedí a Dios que me mandara una amiga, y generosamente me mando dos. Magnífico detalle de fina coquetería.
PD: También me mandó una amistad virtual que me preguntó porque no había vuelto a escribir. Llevaba mucho tiempo sintiendo que no tengo nada nuevo que decir. Este post también se lo dedico.
Hoy tengo la suerte de tener dos amigas que me cuidan, me quieren, se preocupan por mí y hasta me ayudaron a pintar la cocina. Extranjeras y con niños pequeños como yo, compartimos el karma de vivir en un país que adora los niños y los inmigrantes, si y solo si, estos están en otros países, si no entran a los mismos almacenes, si no comen en los mismos restaurantes, si no van a los mismos colegios, si caminan por el otro lado del andén. Tenemos toda una infraestructura montada para acomodar coches, teteros y bebes en nuestros paseos. Nos turnamos para medirnos ropa en los almacenes. Hemos hecho un detallado benchmarking de los esposos para concluir que todos son iguales. Nos vamos en gavilla cuando nos la montan y nos administramos las soledades, las alegrías y las amarguras.
Hace unos meses le pedí a Dios que me mandara una amiga, y generosamente me mando dos. Magnífico detalle de fina coquetería.
PD: También me mandó una amistad virtual que me preguntó porque no había vuelto a escribir. Llevaba mucho tiempo sintiendo que no tengo nada nuevo que decir. Este post también se lo dedico.
Imperfecto
El mundo no es perfecto. No debería serlo. Pero a veces pretendemos inútilmente que lo sea. A veces paso del cielo al infierno con solo cruzar la calle, de amor, al odio, al abandono, a la bondad. Trato de llevar la cuenta de quién va ganando en la lucha del bien contra el mal, pero es inútil. Es un infinito empate técnico.
Hasta hace un tiempo pasaba todo por el filtro de ser inmigrante. Pero es más complejo que eso. O tal vez más simple. Uno es lo que es, y en virtud de eso hay gente que lo quiere, que lo odia y otra que siempre será indiferente. Puedo hacer miles de esfuerzos, ser amable y sonreír, pero eso no cambiará el odio de la señorita de la oficina de correos por mí, o tal vez por su trabajo. Porque aunque sea ridículo reconocerlo, lo que ella sea y sienta no tiene nada que ver conmigo, aunque sea yo la que reciba la descarga.
Pero también funciona a la inversa. He encontrado gente que me quiere y me ayuda a pesar de que no todos los días estoy del mejor ánimo, aunque no sonría, aunque golpee a las cuatro de la mañana en piyama llorando a pedir ayuda.
Siempre pienso en lo que decía la sicóloga que me atendió después del parto: “En su país hay gente buena y gente mala. Acá es igual, no tendría por qué ser diferente. Si se lo merecen insúltelos, finalmente muchas malas palabras suenan parecido en los dos idiomas.” Y lo que en su momento me pareció todo un hallazgo, hoy se cae de su peso. El mundo no es perfecto. No debería serlo. Pero ya tengo identificadas algunas calles, direcciones y personas donde siempre me siento más cerca del cielo.
Hasta hace un tiempo pasaba todo por el filtro de ser inmigrante. Pero es más complejo que eso. O tal vez más simple. Uno es lo que es, y en virtud de eso hay gente que lo quiere, que lo odia y otra que siempre será indiferente. Puedo hacer miles de esfuerzos, ser amable y sonreír, pero eso no cambiará el odio de la señorita de la oficina de correos por mí, o tal vez por su trabajo. Porque aunque sea ridículo reconocerlo, lo que ella sea y sienta no tiene nada que ver conmigo, aunque sea yo la que reciba la descarga.
Pero también funciona a la inversa. He encontrado gente que me quiere y me ayuda a pesar de que no todos los días estoy del mejor ánimo, aunque no sonría, aunque golpee a las cuatro de la mañana en piyama llorando a pedir ayuda.
Siempre pienso en lo que decía la sicóloga que me atendió después del parto: “En su país hay gente buena y gente mala. Acá es igual, no tendría por qué ser diferente. Si se lo merecen insúltelos, finalmente muchas malas palabras suenan parecido en los dos idiomas.” Y lo que en su momento me pareció todo un hallazgo, hoy se cae de su peso. El mundo no es perfecto. No debería serlo. Pero ya tengo identificadas algunas calles, direcciones y personas donde siempre me siento más cerca del cielo.
domingo, 9 de mayo de 2010
Dias de...
No he podido volver a escribir desde que me salió este nudo en la garganta. Quería escribir algo bonito sobre el día de las madres, pero siempre he tenido problemas con los “días de”. Sabía que el día estaba cerca, pero no sabía que era hoy. No hice nada especial. Incluso hablé con mi mamá y no le dije nada. Y ahora llamo y llamo y muy seguramente todos los que están en mi situación, están pegados al teléfono y no puedo comunicarme. Quiero escribir algo que no suene a un cliché, pero no se me dan las cosas. Mando mensajitos en Facebook a mis amigas del colegio, de la universidad, del barrio, o del trabajo que ahora son mamás. Dedicadas y juiciosas aparecen en la fotico con sus niños. Puede que lleve muchos años sin verlas, pero todas me escriben mensajes y consejos bonitos siempre que pongo una foto de mi niño.
Pienso en mi mamá, a quien tampoco le gustan los “días de” pero que estaría feliz de verme hoy. Pienso en todas las personas que me han adoptado como una hija. Pienso en mi niño que duerme feliz después de que compartimos un plato enorme de fresas con crema. Pienso en las mamás que trabajan y en las que se quedan en la casa con los niños. En las regañonas, las “peace and love”, las que recogen reguero, las que cortan uñas, las que preparan tortas y las que las compran hechas, las que están solas y las que querrían estarlo, las que madrugan y se paran a esperar el bus, las que dan beso en la frente, las que tienen hijos que no están, las que tienen hijos que no avisan, las que castigan, las que premian, las que conversan, las que lo intentan todo, las que se sacrifican sin que nadie lo sepa…
Tengo un nudo en la garganta. No me gustan los “días de”. Todo lo que escribo es un cliché. Mi niño se comió la crema y me dejó las fresas. Pienso en mi mamá y en que mañana cuando pueda hablar con ella voy a sentirme mejor.
------
En la foto, mi mamá y mi hijo.
Pienso en mi mamá, a quien tampoco le gustan los “días de” pero que estaría feliz de verme hoy. Pienso en todas las personas que me han adoptado como una hija. Pienso en mi niño que duerme feliz después de que compartimos un plato enorme de fresas con crema. Pienso en las mamás que trabajan y en las que se quedan en la casa con los niños. En las regañonas, las “peace and love”, las que recogen reguero, las que cortan uñas, las que preparan tortas y las que las compran hechas, las que están solas y las que querrían estarlo, las que madrugan y se paran a esperar el bus, las que dan beso en la frente, las que tienen hijos que no están, las que tienen hijos que no avisan, las que castigan, las que premian, las que conversan, las que lo intentan todo, las que se sacrifican sin que nadie lo sepa…
Tengo un nudo en la garganta. No me gustan los “días de”. Todo lo que escribo es un cliché. Mi niño se comió la crema y me dejó las fresas. Pienso en mi mamá y en que mañana cuando pueda hablar con ella voy a sentirme mejor.
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En la foto, mi mamá y mi hijo.
lunes, 3 de mayo de 2010
Pulgas
Paula me invita al mercado de las pulgas. A las 9:30 esta lista frente a mi carro con la bebita instalada en la silla y el coche en el baúl. Yo bajo a las carreras con mi niño, al que se le asoma la barriga entre la pantaloneta y la camiseta. Nuestros paseos se parecen a un trasteo. Un carro con dos niños, dos mamás, dos coches, 12 teteros, 10 pañales y una tonelada de pañitos húmedos. Como en todos los mercados de las pulgas hay 6 montañas de basura por cada cosa que sirve para algo. Paula vendía ropa interior que compraba por internet al lado de una pareja de ancianos que parece sacada de una película de Vittorio de Sica. Sin dientes y con la mirada del que no espera nada, están sentados al borde de su camioneta frente a una sabana llena de partes de electrodomésticos. Ella los abraza y los besa. A pesar de llevar solo 3 años viviendo en Francia (después de dejar su Brasil natal) habla casi perfectamente el francés, y como lo disfruta, es difícil para ella estar en silencio más de un minuto. No encontramos nada. Nos divertimos preguntando cuánto cuestan los juguetes que hemos comprado nuevos a nuestros hijos. En nuestro cálculo todo lo que hay en las habitaciones de los dos niños, no se vende por más de 50 euros, a pesar de los cientos de euros que nos costó. El juguete que compramos con tanta ilusión en el almacén, se ve como un pedazo de plástico ridículo al lado de un conejo de peluche rosado bañado en polvo y mugre. Al final del mercado hay un puesto de frutas atendido por unos gitanos. Compramos alverjas frescas, uvas, fresas, naranjas y aceitunas para comer por el camino y escupir las semillas. Paula se acerca a pagar mientras yo cuido los niños que duermen rendidos. Estamos atravesados en el camino de una mujer que furiosa vocifera que al mercado no deberían llevar coches. Paula ofendida empieza a gritar. Una mezcla de groserías e insultos en francés y portugués. Aprovecho el desorden y la acompaño en la trifulca. Yo se que está triste. Una de las personas a las que les hizo el aseo esta semana, suspendió el contrato con la agencia porque no quiere que a su casa entren extranjeros. Tenemos otra vez la conversación de siempre. La mentira de la “integración”, el racismo, los prejuicios. Para no caer en la nostalgia del domingo le recuerdo que en todas partes hay gente buena y gente mala y que mi religión me prohíbe cocinar los domingos. Vamos al restaurante de siempre y repetimos el menú. No se lo he dicho, pero tal vez ella lo sabe, ella hace parte de mi lista de la gente buena que vive en Francia y me hace muy feliz que sea mi amiga.
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