viernes, 10 de junio de 2011

Dibujoramas

Ce ne sont pas des dessins, non plus des peintures, ni des imprimés pour l'industrie textile. Lorsque je les fais, je ne pense à rien, je n'ai rien de programmé, je ne conçois pas d'esquisse. Je prends seulement une boite à chaussures remplie de feutres, un paquet de feuilles de Canson avec un bon grain, et je me laisse aller. Je peux faire deux ou trois Dibujoramas en même temps. Je peux les abandonner pendant des mois et je peux passer des semaines à remplir mes feuilles de couleurs et de formes.

Je crois que mon approche de la couleur est une espèce de compulsion psychédélique, l'expression d'un cerveau habitué à faire plusieurs choses en même temps. J'avoue que ces compositions chaotiques sont une catharsis du stress produit par la vie tranquille que je mène. J'habite à Hyères   près de la mer, mais je suis née dans les Caraïbes et j'ai grandi dans une ville au sommet de la Cordillère des Andes. 2600 mètres plus près des étoiles, qu'on ne peut  voir à cause de la pollution. Le bruit, le mouvement, l'imperfection, les mauvais mots jetés dans l'air avec de l'émotion me manquent. Un univers sans plans ni planification qui nourrit l'imagination et les passions. J'habite en France par amour, et du moins sciemment  mon ancienne vie ne me manque pas, mais cela me suit, se glisse dans  ma pensée, dans mes actes, dans ces Dibujoramas qui ne prétendent rien d'autre que d'exprimer la nostalgie de mon passé en technicolor.

http://dibujoramas.blogspot.com/

--------
Traducido al francés por mi prima Catalina Ordoñez .

Estos no son dibujos, no son pinturas, no son diseños con intenciones textiles. Cuando los hago no pienso en nada, no tengo nada programado, no hago bocetos. Yo sólo saco una caja de zapatos llena de plumones, un paquete de hojas de Canson de buen gramaje, y me dejo llevar. Puedo hacer dos o tres Dibujoramas al mismo tiempo. Puedo abandonarlos por meses y puedo pasar semanas llenando mis hojas de colores y formas.

Yo creo que mi aproximación al color es una especie de compulsión sicodélica, la expresión de un cerebro acostumbrado a hacer muchas cosas a la vez. Confieso que las composiciones caóticas son una catarsis al estrés que me produce la vida tranquila que llevo. Vivo en un pueblito del Mediterráneo frente al mar, pero nací en la costa Atlántica y crecí en una de las ciudades más grandes ancladas a la Cordillera de los Andes. 2600 metros más cerca de unas estrellas que no se pueden ver por culpa de la contaminación. Extraño el ruido, el movimiento, la imperfección, las malas palabras lanzadas con emoción. Un universo sin planes ni planeación que alimenta la imaginación y las pasiones. Yo vivo aquí por amor y de manera conciente no extraño lo que deje atrás, pero me persigue, se cuela en mis pensamientos, en mis acciones, en estos Dibujoramas que no son nada, pero que expresan la nostalgia de mi pasado en technicolor.

http://dibujoramas.blogspot.com/

sábado, 4 de junio de 2011

The mango kings

Los reyes del mango somos tu y yo. En Francia se consiguen dos clases de mango: Los que vienen en barco, congelados, infinitamente verdes, sin olor, sin sabor y tan faltos de carácter que sólo cuestan 1 euro. Los otros vienen en avión, son rojos, naranjas y amarillos, aún traen consigo el olor del trópico, maduran, cambian, huelen, untan y eso los hace costar entre 3 y 5 euros. 3 cuando están maduros y son despreciados por los europeos que no entienden tan sospechosa actitud en una fruta. Yo los compro y hago cara de que le estoy haciendo un favor al que me los vende, lo que hace que me los regalen o me los den más baratos. Y te los traigo, te los lavo, te los corto y me siento a comérmelos contigo, como si te estuviera dando un tesoro. Te los comes tan feliz. En ese momento somos los reyes del mango. Tu papá piensa que el mango es un postre y cuando me mira lavarlos repite la historia de cuando nos conocimos y de unos mangos enormes que se comía a mordiscos al desayuno. Aunque no me lo creas he visto lugares donde los mangos se caen al suelo maduros, rojos, melcochudos y brillantes. También he visto gente que se sienta en el piso a comérselos sin lavarlos, debajo del árbol del que cuelgan como si estuvieran esperando que alguien viniera a recogerlos. El mundo es un lugar extraño donde una fruta se vuelve de oro después de montarse en un avión. Pero eso te lo explico cuando seas mas grande. 

miércoles, 25 de mayo de 2011

Call Center

Y de pronto nos sacudió la tormenta, primero los rayos, luego los truenos que se llevaron mi reducido contacto con el mundo exterior. Acá, en el primer mundo, donde todo es como debe ser, una sobre carga eléctrica quemó lo que no debía y estamos sin teléfono, sin televisión y sin Internet. Ya tenia suficiente con la arquitectura medieval y con la mentalidad del oscurantismo, sólo me faltaban las telecomunicaciones.

Creo que una alarma se activa en el call center cuando llamo y los pobres duendecitos que contestan las llamadas salen despavoridos. Sólo los duendecitos pueden repetir sin pensar frases inocuas que me dicen que nada es posible, que de malas como un ***** y que gracias por llamar. Ya no tengo minutos en el teléfono portátil. Debo ir a otro pueblo para llamar a mi mamá desde la casa de mi amiga Mónica, porque en estas regiones no hay traducción para la expresión: "Vecina, me deja hacer una llamada?". Nadie venderá minutos de celular en las calles, ni habrá cabinas de Telecom, ni "cafes internet" improvisados en la esquina de una panadería. Porque si algo define el primer mundo es que es un lugar inhóspito donde la indiferencia tiene un nuevo significado: El infinito placer de ignorar a los otros y hacérselo saber.

Y el lector se debe estar preguntando... y entonces como hace para publicar este post? Después de una lucha intestina con las compañías de telecomunicaciones que no me querían vender una llave de acceso temporal a Internet por ser extranjera, conseguí en Carrefour tan sofisticado artefacto que luego de 10 horas de ensayos e improperios, me permitió conectarme para poder pagar las cuentas, hacer mercado, revisar el mail y todas las cosas que eran posibles en el mundo real, antes de que todo fuera "on line".

Faltan 10 días para la visita técnica en la que espero volver al siglo XXI, al menos en el aspecto tecnológico.  Si el encargado no puede resolver mi problema, seguiré dedicada a mi persecución infame contra los duendes de los call center, haciendo recorridos de 20 kilómetros para llamar por teléfono y añorando el tercer  mundo donde nada es como debe ser, pero todo es posible.

viernes, 29 de abril de 2011

Des-inspirnación

En semanas como esta me doy cuenta de que una de las mejores decisiones que tomé en la vida fue dejar el periodismo. ¿Cómo hace uno para tener algo que decir todas las semanas? La inspiración se fue y no ha vuelto. Y no es que no pase nada. Pasa de todo. El mundo se sacude. Mi niño crece. En Francia a Sarcozy lo tiene preocupado la ultraderecha, la de verdad, no la de él que es de juguete, y es posible que no pueda repetir la presidencia. Se casa William con Kate. Los economistas calculan cuando cuesta reconstruir el Japón. Incluso ahora soy experta en energía nuclear. Mi mamá me cuenta del invierno que no para. Y yo me pregunto si efectivamente es el fin del mundo o "que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también; que siempre ha habido chorros, maquiávelos y estafáos, contentos y amargaos, valores y dublé." (1) Y aunque tuviera la respuesta no tengo nada que decir. Por eso es tal vez tan peligroso un mal periodista, que esta siempre obligado a decir y a opinar, y como dirá una cosa, dirá otra. Como bien lo ejemplifica este texto.

Yo victima de mis síndromes, ya no se si tengo el Mary-Poppins en off, o el For-ever-young rebotado o si simplemente es una crisis de nostalgia. La psicóloga dice que tengo la habilidad de complicarme la vida y ni siquiera he podido inventarle un nombre a este nuevo síndrome que explica mi mal. Y habiendo escrito dos párrafos que no dicen nada, me despido. Esperando que la inspiración vuelva otra vez.

(1) Cambalache. Enrique Santos Discépolo.

lunes, 18 de abril de 2011

El síndrome For-Ever-Young

El 5 de marzo, vísperas de mi cumpleaños hablaba con mi amiga Olguita de lo triste que estaba por cumplir 39 años. Mi Olguis que siempre fue mejor que yo en matemáticas me dijo: "No, tu no eres sino un año mayor que yo, cumples 38". Abrí la calculadora de Windows y asombrada comprendí que me había ganado un año. Llevaba como 3 meses dedicada a hacer todos los gestos típicos del síndrome For-Ever-Young: Gimnasio 3 veces por semana, cremas en la noche, filtro solar en la mañana, cepillo de dientes eléctrico, dieta equilibrada - casi vegetariana- reducción de la Coca-cola... Una extraña vitalidad típica de los que tratan de ocultar que están exhaustos y quieren verse siempre frescos y jóvenes. Feliz con el año que me había regalado Olguita, le bajé el ritmo a mis precarias gestiones de una vida sana.

Pero debo confesar que el tema me ha dado vueltas en la cabeza. Hace unos días Florence Tomas escribió una carta abierta a Amparo Grisales a raíz de una nueva marca de productos anti envejecimiento que promociona. Como todo lo que tiene que ver con ambas mujeres, generó una polémica espantosa en los foros por Internet, abandonados como siempre, del respeto, del sentido común y de la ortografía. Confieso, que estoy de acuerdo con Florence a pesar de que me pareció que estuvo mas amable de lo normal.

A mi la verdad no me da envidia de Amparo Grisales, me parece una prisión terrible, una pobre mujer que dedica la mitad de su tiempo a estar bonita, que debe haber pasado hambre desde los 12 años, a quien ningún hombre le dará la talla y para quienes ella siempre será una cosa y no una persona. Alguien que nunca podrá estar pálida y ojerosa sin despertar comentarios mal intencionados.  Pero sobre todo alguien a quien todo el mundo le calcula la edad y le busca el defecto para consolarse con sus imperfecciones.

Tampoco me da envidia de Florence Tomas, porque me parece terriblemente coherente. Yo tengo un corazón feminista, pero un cerebro consumista, hedonista y superficial que me hace soñar con zapatos y una tarde en un spa. Pero respeto, valoro y abrazo su compromiso con las causas de las mujeres. Y sin querer atacar a Amparo Grisales como persona, creo que si debe cuestionarse lo que representa. ¿Cuándo podrá tomar ella, y todas las que la emulan, la decisión de liberarse de la esclavitud de la belleza? ¿Cuándo dejaran de explicar que la belleza interior es la que cuenta, pero que no hay la menor posibilidad de una semana sin Botox? ¿Cuándo podremos ver la realidad sin el filtro del Photoshop? ¿Cuando dejará de ser indigno envejecer?

Anne Roumanoff, otra de las humoristas francesas que me encantan desde que las entiendo, en un stand-up sobre una reunión de ex-alumnas, contaba que una amiga se acercaba a decirle que estaba igualita. Ella se preguntaba si en verdad era eso un cumplido.  ¿Si todo el psicoanálisis al que se había sometido, todo lo que había aprendido en 20 años, todo lo que había hecho, lo que había viajado, no merecía al menos el mérito de haberla hecho una persona mejor? No puedo estar más de acuerdo. Yo me pregunto que quisiera que me hicieran como cumplido y no encuentro un adjetivo que reúna lo que yo quisiera transmitir, sólo me gustaría que las personas se sintieran bien cuando están en contacto conmigo, a pesar de mis incoherencias y mis síndromes, y también me gustaría dejar de preocuparme por el For-Ever-Young y estar satisfecha con el For-Ever-Me, pero como dice Anne Roumanoff, la ventaja de cumplir 40 años es que me quedan otros 40 para aprender a aceptarme tal y como soy.

viernes, 15 de abril de 2011

Française 1.0

S'ouvrir aux autres ou conserver ses valeurs. L'histoire est une éternelle succession de guerres entre ceux qui défendent leur croyance et leur vision du monde. Quelqu'un pourrait dire que ça le mérite bien, qu'il faut mourir pour défendre ces causes. Mais, pouvons-nous accepter que les valeurs ne sont pas les mêmes pour chacun?   Pouvons-nous cohabiter avec ceux qui ne pensent pas comme nous? Par conséquent, j'essaie de trouver une réponse.

Assis sur le banc d'un parc, en attendant que mon fils finisse de jouer, je réfléchis sur mes valeurs. Il y a quelques mois j'ai quitté la religion pour manque de cohérence, et après, j'ai abandonné dieu pour manque de preuves.  Seule avec mon cœur et ma conscience, j'essaie de construire un nouveau système de valeurs  pour élever mon fils comme un homme bon.  J'écris une petite liste, très petite.  Deux mots: Tolérance et Respect. Il fait froid. Mon fils est fatigué. C'est l'heure de partir. 

Par ailleurs, la courte extension de la liste, est inversement proportionnelle à son poids, et la question initiale revient: " Faut-il s'ouvrir aux autres ou doit-on conserver ses valeurs?". Mais aussi la réponse apparait claire et immaculée: La seule façon d'être respectueux et tolérant est s'ouvrir aux autres. Il faut rêver d'un monde où chacun aurait le droit d'exister et à être respecté par rapport à son individualité, sans une étiquette indiquant sa classification parmi les êtres humaines.

En définitif, même si la discussion semble éternelle, il faut se demander si pourrons-nous nous ouvrir aux autres en partageant nos valeurs. Aurons-nous l'intelligence de vivre ensemble dans un monde avec des millions de visions différents? Voilà le défi. 

-----------------------
Ejercicio final de mi curso de francés escrito.

jueves, 7 de abril de 2011

Cifras y datos

Este era un hombre sin encanto. Burdo y sin gracia al exterior. Vacío y sin sentido del humor. Dirigía sin piedad el área de ventas de una de las compañías en las que trabajé antes de graduarme. Cifras y datos. Cifras y datos. Repetía a falta de otros argumentos. Las personas a su cargo no lo miraban a los ojos porque eso los habría delatado, pero a la hora del almuerzo lo descueraban hasta reducirlo a su mínima expresión. Para compensar, o tal vez porque era su único objetivo, nada en su atuendo carecía del logotipo de una marca reconocida. Los días de casual friday parecía un árbol de navidad de pequeños y grandes logotipos. El resto de la semana se las ingeniaba para que la corbata diera la vuelta y así quedara al desnudo el pobre señor Hermés.

Sobra aclarar que nunca estuve entre sus personas favoritas. Lo cual habla bien de mi.

Algún día mientras empezaba una reunión, y atrapados en el silencio de no tener nada que decir, alguien comentó que era muy bonito su reloj. Y finalmente este hombre tuvo un tema de conversación. Nos dejó claro el precio, el lugar donde lo había comprado, que era la segunda vez que tenía este modelo, porque el primero se le había pendido después de un partido de squash en el club, que una vez había tenido el mismo reloj que tenía James Bond, pero que también se le había perdido, que le había tocado encargar en Suiza uno idéntico... y cuando yo pensé que nada podría ser peor, uno de los vendedores entró y me preguntó como me había salido el carro. El carro. Un Fiat 147 amarillo pollo al que se le entraba el agua  por las puertas cuando llovía y al que no le funcionaba la reversa. Creo que nunca en mi vida disfrute tanto algo como este carrito. El primero. Pagado con lo que me ganaba en esta empresa del demonio.

- ¿Compraste carro?
- Si.
- Si acá la doctora Angelita se nos compro un pichirilo lo mas de bonito. Se ve toda tierna en su cucarroncito amarillo.
- Señor no se dice "lo mas de bonita".... y qué carro compraste?
- Un Fiat.
- Una navecita doctor, un 147 todo engalladito. Toca es que lo lleve donde un amigo que yo le recomiendo para que me le mire lo de la caja.
- Pero no es nuevo?
- No.
- Eso que va a ser nuevo doctor, eso es un "clásico".

Y para instruirnos a los presentes, este hombre encantador empezó a hablar de su carro. Primero nos explico que el precio de sus carros iba aumentando de acuerdo a su edad. Así al mirar el carro sabría que estaba progresando. En el cálculo de sus finanzas siempre estaba el rubro del crédito, que correspondía a un 18% de su salario, lo que le garantizaba mantener su nivel de vida y progresar a buen ritmo. Afortunadamente llego a la reunión el último vendedor y empecé mi presentación de "servicio al cliente".

A este hombre le agradezco haberme liberado del yugo de las marcas. Cuando me antojo de algo, lo recuerdo con una cachucha rosada con un logo enorme que usaba un sábado que lo encontré en una bomba de gasolina y se me pasa.

Esta semana he pensado mucho en él, a raíz de una información que cuenta que la séptima fortuna del mundo pertenece al francés Bernard Arnault  dueño de las marcas más reconocidas: Belvedere, Cape Mentelle, Chandon Estates, Château d'Yquem, Cloudy Bay,Hennessy, Krug, Mercier, Moët & Chandon, Dom Pérignon (vinho), Newton, Terrazas de los Andes, Cheval des Andes, Numanthia, Ruinart, Veuve, Clicquot, Glenmorangie, Ardbeg, 10 Cane, Wenjun, Chaumet, Dior Watches, Fred Joaillier, TAG Heuer, Zenith International S.A., Hublot, De Beers, Louis Vuitton, Fendi, Bvlgari, Berluti, Céline, Donna Karan, Nowness, Emilio Pucci, Givenchy, Kenzo, Loewe, Marc Jacobs, StefanoBi, Thomas Pink, Lojas, DFS Selective Retailing, Sephora, La Samaritaine, Le Bon Marché, Starboard Cruise Services, Parfums Christian Dior, Guerlain, Parfums Givenchy, Kenzo Parfums, Acqua di Parma, BeneFit Cosmetics, Fresh, Perfumes Loewe, Make Up For Ever.

Yo me pregunto si Bernard Arnault  necesita de un crédito del 18% de su salario para pagar un carro que le ayude a medir cuanto ha progresado. Me pregunto también que pensaría si se encontrara con este "amigo" mío en un viernes casual. Que muchas de estas marcas son fabricadas en maquilas y "barcos chinos" donde la misma maquina cose una LV o un morral de El Éxito. Sin entrar en detalles escabrosos respecto de los salarios de los operarios. No se si valga la pena que el señor Arnault sea más rico con el patrocinio de mis regalos de cumpleaños.Me pregunto si la repartición de la riqueza podría ser más equitativa si el consumo no estuviera alienado por las marcas, pero yo de cifras y datos, más bien poco.

jueves, 31 de marzo de 2011

A cada Madona le llega su Lady Gaga.

Para poder ir al gimnasio contraté una niñera por horas. A la usanza francesa llame a una agencia que me mandaría el día y la hora indicados una muchacha con la formación necesaria para ocuparse de mi niño. O al menos eso me dijo la gerente. Martes 9 a.m. Sudadera y tenis. Casa ordenada. Teteros y galletas a la vista. Niño bañado y peinado de medio lado. Nos sentamos a esperar en el sofá. Alguien golpea. Al abrir la puerta aparece una muchacha de 20 años, 1.70 m, 45 kilos, vestida como un personaje de Manga - días mas tarde un amigo me explicaría que eso se llama "Harajuku style"-. Una sofisticada mezcla de accesorios negros, rosados y fucsias. Maquillaje de película de ciencia ficción. Cartera de Hello Kitty. Para no salirme del ambiente le pido al Ojo de Thundera que me ayude a ver mas allá de lo evidente como lo hacían los ThunderCarts. Salgo del shock y le hablo. Le doy instrucciones. Me oye. Alza a mi niño que al poder tocar los aretes de esqueleticos dice: Wow.

Salgo de la casa y me voy a sudar en una escaladora para exorcizar mis malos hábitos. En el gimnasio un televisor que debe llevar prendido los últimos 23 años está sintonizado en el canal de videos musicales. Lady Gaga. Born this way. Trato de digerirlo. No sé si me gusta, incluso no sé si lo entiendo a pesar de los años de semántica, semiótica y lingüística que vi en la universidad. No puedo dejar de verlo. Pienso en la pobre Madona, preocupada por no envejecer, por ser mas bonita que a los 20, por parecer la hermana de su hija. Los videos que en una época nos escandalizaban parecen los Canticuentos al lado de las "propuestas conceptuales" de Mademoiselle Gaga. Pobre Madona. Y pobre yo que debí verme al lado de la niñera como salida del video de Like a Virgin.

Vuelvo a la casa. Los encuentro felices jugando en el piso con el Señor Cara de Papa. Qué le vamos a hacer... Like a virgin ... Touched for the very first time... Like a virgin... When your heart beats ... Next to mine...

Jueves 9 a.m. Sudadera y tenis. Casa ordenada. Teteros y galletas a la vista. Niño bañado y peinado de medio lado. Nos sentamos a esperar en el sofá. 9:20 a.m. Alguien golpea. Al abrir la puerta aparece la niñera excusándose porque se le hizo tarde. Blue jean, camiseta blanca y saco motoso gris. Pelo mojado. Sin maquillaje. Aunque suene como su mamá es diez veces más bonita sin el "disfraz". Mi niño la abraza y le dice bonjour. Afortunadamente el no se complica la cabeza con Madonas, Gagas y Harajukus y sin esforzarse puede ver más allá de lo evidente.

lunes, 14 de febrero de 2011

Pepas de durazno

- Mija, tengo una pregunta que hacerte y no es que yo quiera meterme en tu cosas.
- Dime tía.
- Mi reina linda ¿Tu bautizaste al niño y no nos invitaste o es que no lo has bautizado?
- Es que no lo voy a bautizar tía.
- No, me arrodillo en pepas de durazno mija. ¿Qué estoy oyendo?¿A ti que te dio?
- No me dio nada tía, mas bien se me quitó lo católica, apostólica, romana.
- No mija, espera yo me siento, creo que me va a dar un surménage.
- Pues desde que el niño nació yo le daba vueltas a la idea. Luego estaba el tema de que mi esposo y yo no somos casados por la iglesia. Además él no es fan de las religiones y por el contrario las detesta.
- ¿Mija pero qué es uno si no tiene religión?
- No se tía, me toca buscar en Internet… y la verdad desde que me leí el libro de Fernando Vallejo, me acabé de convencer y me llené de argumentos.
- No, no, no… Conchita tráigame rápido un vaso de agua y el pastillero… Muévase a ver que a mi me va a dar algo.
- Pero cálmate tía, no es para tanto. Yo me puse a hacer la cuenta: En el colegio me daban una hora de religión a la semana, una misa semanal, 10 minutos de rezo todas las mañanas, también iba a misa algunos domingos, entre las procesiones de semana santa y de la virgen, no se cuantas horas de preparación para la primera comunión y luego para la confirmación… y teniendo en cuenta que yo fui al mismo colegio desde kínder hasta sexto de bachillerato, me da un aproximado de 2000 horas… aprendiendo una cosa que solo me ha servido para hacer crucigramas… Santo de la paciencia. 3 letras. J-O-B. Si mi niño dedica el mismo tiempo a aprender idiomas, o a tocar un instrumento, o ha jugar futbol… Está hecho.
- ¡Conchaaaa! ¿Es que usted no me esta oyendo? ¿Qué hay que hacer para que en esta casa le den a uno un pinche vaso de agua?
- Tienes que leerte el libro* tía.
- No mija, el libro que hay que leerse es La Biblia y san se acabó. Estaré yo para leer a ese tipo homos…
- Pilas tía que te cuelgo.
- Además la gente dice que es un libro lleno de blasfemias, groserías, insultos… ¿Concha maldita sea donde se metió?
- Como si nunca hubieran oído groserías. Además es una investigación enorme tía, llena de datos, de citas… a mi me encantó. ¿Oye tía y tu teléfono no es inalámbrico?
- Si mija claro…
- ¿Y porqué no te sirves tu misma el vaso de agua?
- No es que tu ya tienes el diablo adentro. Si yo para eso tengo a esta pendeja, si antes le estoy haciendo el favor de contratarla. Yo la verdad mijita quedo muy triste y preocupada. Yo espero que tu lo pienses bien y que reconsideres tu decisión, porque no me imagino que va a decir la gente.
- Pues tía finalmente el que lo quiere a uno, lo quiere como es: con sus ideas y sus creencias. Yo no te digo a ti que dejes de creer.
- Ni mas faltaba mija. ¿20 minutos para un vaso de agua Concha? Qué cosa con usted.
- “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
- Qué va a ser mi prójimo esta tonta que no sabe ni donde esta parada. Además tu ya tomaste tu decisión y no te queda bien ponerte a catequizar.
- En eso tía te doy toda la razón.
--------------------------
*La Puta de Babilonia – Fernando Vallejo.

sábado, 22 de enero de 2011

3 años

Este febrero cumplo 3 años de vivir en Francia. Las fechas son una extraña contabilidad que hace el corazón para medir en cantidades inexistentes lo incuantificable. Aunque trato de evitarlo hago balances, me pregunto que habría hecho y que no, y como en una historia que venía en el Tarot de Osho, lo que un día se ve como un hecho afortunado, al siguiente se ve como un fatídico error.

Me pregunto qué he aprendido en estos tres años. A qué le he dedicado más tiempo. Qué he descubierto. Sin querer sonar como una “Susanita”, tal vez es la maternidad, la que en mi inútil balance, se lleva todos los premios. Aclarando que estoy lejos de ser una mamá perfecta, que sufro debido a mi evidente descoordinación, a pesar del hecho de no ser alguien dotado físicamente para correr 2 horas en un parque, de añorar las épocas en que podía ir a cine o conversar con mis amigos, aclarándolo todo, este es el amor que pone las cosas en la justa proporción, que consuela, que mejora, que equilibra.

Gran parte del tiempo que no le dedico a ser mamá lo he invertido en aprender francés de supervivencia. Cosa distinta a aprender francés en la Alianza Francesa para darse algo de caché. Años de gramática, pronunciación y conversación, difícilmente facilitarán que con la cocina inundada, usted a través del teléfono le explique a un plomero impaciente que el sifón del lavaplatos se tapó y que eso hace que el agua sucia se devuelva por el conducto de la lavadora de platos. Recordándole al amigo lector que la palabra “lavaplatos” no es ni parecida a la palabra “lavadora de platos” en tan sofisticada situación. Los idiomas son un problema de contexto, de expresiones idiomáticas cocinadas lentamente, nutridas de historias y personajes, modificadas por la publicidad o el cine, frases de canciones llenas de significado que no están incluidas en ningún libro, intraducibles en su sentido con un diccionario. Luego estará el problema del acento, que como un tatuaje marcará siempre todo lo que se diga y la forma en que esto sea interpretado, porque una cosa será llamar al plomero con un acento parisino y otra muy distinta con este cacareante acento bogotano, que me da el aire de estar siempre desesperada. Idioma que hablo, leo, en el que veo la televisión, en el que empecé a entender las metáforas, el cinismo y la ironías, en el que me puedo reír de algunos chistes, pero que me parece arcaico. No entiendo aún como ha habido científicos con una lengua que se me antoja tan inexacta, tan sujeta a una pronunciación melcochuda y llena de excepciones. Si no, dígale al profesor de la Alianza que le enseñe a pronunciar “ácido desoxirribonucleico”.

También me he dedicado a desmitificar este primer mundo donde todo es sofisticado menos sus ciudadanos. Flojos, ignorantes y perezosos, abandonados de la imaginación, sin motivaciones ni pasiones, estos países son los cementerios de los elefantes donde todos esperan envejecer para luego morirse. Habiendo, eso si, disfrutado de 30 o 40 años de pensión. Pasan de niños a ancianos sin haber sido adultos. Liberados de la responsabilidad de su destino, el estado les dirá que pensar, que sentir, que hacer y siempre se preguntarán el motivo de tanta insatisfacción.  Y mientras el mundo consume sus autores y engulle su cultura, ellos pasarán la vida sin haber puesto el pie en un museo, sin haberse leído un libro, nutridos de quesos, panes y vinos, y apelando “exótico” a todo aquello que no son capaces de entender o respetar.

Tristemente, también, el destino me ha mostrado como mi sabia amiga Jessica Colmenares tenía razón  y si uno quiere conocer una familia peor que la de uno, tiene que casarse. Si en su país de origen su familia política tendrá siempre una excusa para no quererla como el barrio en el que viven sus papas, el hecho de que usted no fue a la universidad, o el hecho de que si fue, que usted es gorda, que usted es flaca, que su mamá es divorciada, que sus papas aun no se han divorciado, etc., etc., Su condición de extranjera le da no sólo nuevos matices sino múltiples posibilidades. Usted no entiende nada o lo entiende todo al revés. Usted no habla la lengua, usted habla la lengua pero con acento, usted ya no habla. Como hacen ellos para saber como discriminarla cómodamente si no saben quien es usted a parte de que viene de un país (más) pobre. El problema radica en que al principio al no entender el idioma usted solo interpretara los gestos, con el tiempo algunas palabras, para finalmente convencerse que en contra de todos los pronósticos, si existía una familia peor que la suya.

Pero si en este punto usted esta diciendo: “pobre, debería devolverse”, hoy confieso que  la soledad, la dificultad y la intolerancia han hecho de mi una persona mas fuerte.  Puedo contar entre mis nuevas virtudes la capacidad de adaptarme a cualquier circunstancia, se me han quitado todos los complejos tercermundistas y tengo la certeza de ser mejor que muchos de los que me rodean.  Me he vuelto una persona agradecida porque he visto las dos caras de la humanidad y eso que yo soy me enorgullece. Lo he descubierto a un costo muy alto, pero ha valido la pena.

viernes, 14 de enero de 2011

Grippe saisonniere

Me bajé del carro y tenía frio a pesar de estar bañada en sudor. Subí los 4 pisos y llego la fiebre. 38. 39. Como si entendiera el niño se fue a su camita juicioso. Me dolían las manos, los pies, la cabeza… y otra vez el escalofrío. Envuelta en todo lo que encontré me metí entre la cama. Prendí la televisión. L.A. Confidential. Si es difícil entenderla en sano juicio, el hecho de intentarlo en este estado es ridículo. Kevin Spacey me habla. Porque me gusta tanto. Balazo en la cabeza, ya no va a salir mas. Lástima, lo matan muy rápido. Tengo que hacer algo. Hago tres intentos por salir de la cama. En el tercero me armo de valor y llego al baño. Abro en cajón y esta la bolsita de remedios que me trajo mi mamá con un Dolex-Gripa-Noche. Otro éxito de la industria farmacéutica. Llamo al médico domiciliario. Obra maestra de la seguridad social francesa. Llega dos horas después. Grippe saisonniere madame. El niño se despierta. Lo revisa y descubre que tiene laringitis. Aún no tiene la gripa. Nos prohíbe los besos y los abrazos. Nos receta vaporizaciones. Hago mi mayor esfuerzo. Me acuesto. La fiebre me trae a Kevin Spacey que me acompaña hasta el amanecer. Esta noche esta programado El Padrino III con Andy García. No me puedo quejar.

sábado, 8 de enero de 2011

Inventario invernal

El único día de sol que nos regaló el invierno, te trajo una sombra negra y larga con la que jugaste hasta que oscureció.  Ahora que entiendo lo que dices, me paso el día oyéndote:  C'est quoi ça?”, “Eooo il y a quelqu'un?”, “Pas par lá!!!!!, ¡C'est à moi!”, “Ça va?”, “Calin”, “Oh no!”, “Qué paso?”. A veces pones música y me sacas a bailar. Seguimos viendo películas, pero tenemos algunas nuevas. Me haces reír. Me llenas de besos, de pellizcos, de abrazos. Me despiertas todos los días a las 5 de la mañana pero a veces solo para abrazarme y arruncharte conmigo. Me remedas, me imitas, te burlas. A pesar de los días cortos del invierno, del frio, puedo decir que no nos hemos aburrido ni un minuto.

Remedio

 A mi lo extranjera de la (*) se me quita volviendo a mi país. A usted lo intolerante de la (*) no se le quita con nada.
(*) Incluya aquí su improperio favorito. No es un chiste original, pero aplica.

Prueba ácida

Pasivos en ceros. Cuenta de ahorros: algunos euros. En consecuencia con la baja rentabilidad se percibe una reducción del 30% en los “amigos”. Los amigos restantes duplicaron su valor debido a la constancia en situaciones críticas. Casa limpia. Closets, armarios y cajones en orden.

Observaciones: A pesar de las grandes pérdidas del año anterior, los indicadores muestran un incremento considerable en el rubro “Experiencia”. Habiendo detectado el riesgo, controlado el factor disociador y como resultado de una reclasificación de los afectos, se inicia el año con el corazón el orden. 

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Mother Fucker


Mother Fucker. Así se llama el ultimo espectáculo de la cómica francesa Florence Foresti basado en su experiencia como mamá. Abandonada de los lugares comunes y de la imagen de las mujeres perfectas de los años 50, narra entre muecas y gritos, entre cinismo y honestidad su visión de la maternidad. Me preocupa. Me siento profundamente identificada. Por mas que me esfuerzo no soy como Betty Crocker. Hay un punto en que los bebés se vuelven niños y la tarea de educarlos parece más una prueba de supervivencia que un “intercambio dialectico madre-hijo”.  Volvamos a Florence, el público estalla cuando confiesa todas las cosas que juraba antes de dar a luz a su hija:: “Todos los juguetes de mi hijo serán de madera. Clásicos”. “Mi hijo no verá televisión”. “Mi hijo solo comerá bio-orgánico. Nada de dulces o comidas rápidas”. Mientras lo enumera hace la mueca de la prepotencia típica de aquellos que lo saben todo antes de haberlo vivido. Luego dice que antes de ser mamá era radical en sus ideas, apasionada, enérgica. Se ríe de si misma. Luego pregunta si alguien sabe como duele un golpe con un cubo de madera en la cabeza, canta todos los jingles de los programas para niños, y luego recita las publicidades de los chocolates, de las galletas, etc., etc.… No se si me rio de ella o de mi.

La promesa de la televisión no la hice. Pero cuando mi niño empezó a interesarse, busqué películas especiales con temas educativos… bla bla bla… El mes pasado me gasté una parte importante del presupuesto de la casa en películas originales porque ya me sabía el momento en que se oían las toses y las risas en las versiones piratas. Y si finalmente cada película la voy a ver/oír/repetir mentalmente entre 5 o 7 veces al día, pues mejor que sea de buena calidad. Con las películas vinieron los muñequitos de los personajes y con ellos la ropa, único medio que he encontrado para convencer a este niño mio de dejarse vestir rápido. Porque además aprendió a desvestirse y prefirió el invierno para sus prácticas nudistas.

La promesa de los juguetes de madera la hice. Incluso los compré, pero dado que son mas artesanales que prácticos los tengo protegidos en la parte de arriba del closet para que mi hijo no los destruya. Adicionalmente a mi me encantan los juguetes de los niños-hombres: los caballos con los jinetes, los carritos con puertas que se abren, las herramientas… No puedo evitar salir sin comprarle algo y  me justifico pensando que afortunadamente yo se los compro y el me los presta.

La promesa de la comida bio-orgánica no la hice jamás, pero si prometí  cocinar siempre con comida fresca, nada de congelados o comida rápida. Pero no había pensado en que mi hijo sería francés y viviríamos en un país con estaciones y que además tendría que educarlo, cocinarle, lavarle y procurarle una casa limpia yo sola, sin abuelas, tías, primas, amigas o niñeras que me hicieran la segunda.  Entonces de las 168 horas que tiene una semana yo estoy con mi niño 159 horas. Incluyo las horas en las que está dormido, porque me da tristeza pensar que este con frio y me paro a taparlo varias veces durante la noche. De las 9 horas que él va a la guardería por semana, paso 3 estudiando francés y me quedan 6 para hacer mercado, subirlo y guardarlo. Ir al banco, al correo, lavar el carro y para hacer todas las tareas que implican lugares donde es mejor ir sin niños. Entonces, lo confieso, he sucumbido a las alitas de pollo congeladas que le encantan y a los rollitos chinos que se come sin chistar. Y por más que me esfuerzo no siempre logro que coma verduras o frutas  y me consuelo cuando coge los bananos para comérselos escondido entre su carpa. También me digo a mi misma que cuando trabaje en “Médicos sin fronteras” o cuando sea embajador de buena voluntad por el mundo, no podrá ser muy exigente con la comida. Entonces pienso en que diría Florence Foresti. No pierdo el tiempo pensando en que diría Betty Crocket. Pienso en las tardes despues del colegio en que con mi hermano nos comíamos la gelatina de la caja, en polvo, sin haberla preparado. “Con mis Gudis soy feliz porque son de maíz”. En la Barbie de pelo negro que me trajo mi mamá por haber pasado el año. A veces me preocupo demasiado por ser una mamá perfecta, pero me repito que lo perfecto es enemigo de lo bueno y abrazo a mi niño mentras miramos alguna de sus películas.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Siempre.

Cuando uno tiene suerte como yo la tuve,  tiene una mejor amiga que a su vez tiene una familia que lo quiere a uno como a otro hijo. Una familia que lo adopta, una casa a la que siempre puede ir, donde siempre hay un plato en la mesa para uno, donde uno siempre esta invitado a las fiestas. Siempre. Yo tuve la bendición de pasar mi adolescencia en la casa de mi amiga Olguita Ramírez. Tuvimos la fortuna de complementarnos y ella era la dura en todo lo que a mi no me gustaba: trigonometría, cálculo, química… y dado que siempre fuimos sinceras y generosas al respecto tuvimos un equipo que nos dejaba estar en los cinco primeros puestos del cuadro de honor. Siempre. Después del colegio nos íbamos caminando hasta su casa, con otras amigas que formaban parte del club de los adoptados por Los Ramírez : Jesica Colmenares y Diana Rojas, igual de nerds a nosotras. Almorzábamos en un comedor enorme donde estaban además los compañeros de universidad de los hermanos de Olguita, también adoptados. Hacíamos tareas. Estudiábamos. Si era viernes nos cambiábamos el uniforme, Clara la hermana de Olguita nos maquillaba y nos íbamos de fiesta a bailar hasta que se le acabara la suela a los zapatos, porque si algo hicimos en la vida fue bailar.

En esa casa lloré todas mis penas de amor. Celebré todas mis alegrías. Tuve amigos y amigas. Conversaciones apasionadas. Ataques de risa. La generosidad de la familia de Olguita hizo de mi adolescencia un mal menor y tengo dentro de mis recuerdos felices las tardes que pasamos juntas. No se si ya te lo había dicho, pero contigo y con tu familia, siempre estaré en deuda y agradecida. 

"Joyeux Noel" ("Feliz Navidad")

Desde hace dos semanas los medios franceses analizan y calculan cual será la inversión promedio de una familia francesa en navidad. Los rubros son tres: Comida, regalos y desplazamientos. Porque en invierno la tradición indica ir a la nieve a esquiar, así como en verano indica desplazarse hacia las costas a disfrutar del mar.

Dada la “crisis” que atraviesa la quinta economía del mundo -con cobertura total en salud y educación, con una infraestructura vial que provee el 100% del territorio, etc., etc., -“ los franceses han previsto que gastarán durante la navidad un promedio de 521 euros o 213 euros por persona”, según el INSEE, que es el equivalente al DANE colombiano. Después de la presentación de la cifra, los medios entrevistan personas que confiesan con pesar que este año no podrán ser tan generosas como en años anteriores. Luego explican que los regalos equivaldrán al 56% del presupuesto y pasan imágenes de los almacenes decorados donde los comerciantes dejan entrever la preocupación por la “crisis”.

El mismo estudio muestra además que los 60 millones de franceses gastarán en la navidad de 2010, 62,45 millardos de euros, (1millardo es igual a mil millones) , y que entre 2007 y 2010, el gasto se ha incrementado en 2,7%. Porque estamos en “crisis”. España con 46 millones de habitantes gastará “solo” 31,215 millardos.
Algunos dirán que juego con las cifras para justificar mi punto. Que este texto es pura demagogia. Adicionalmente no tengo el dato de cuanto gastará un hogar colombiano en navidad, de cuanto será destinado a los buñuelos, la natilla y el Niño Dios. Y luego mis amigos economistas dirán que comparar un país con otro es comparar peras con manzanas. Que en Francia la clase media es el 90% de la población y que en Colombia hay que mirarlo de acuerdo al estrato, o que se yo.

La visión que los franceses tienen de la “crisis” es un insulto al concepto en si mismo. En el mismo noticiero pasan las imágenes de Haití y el nuevo brote de cólera, sumido en la miseria, la de verdad verdad. Imágenes de las elecciones en Costa de Marfil con personas que protestan descalzas por las calles. Pero esa pobreza es interpretada por los franceses como una exótica estética, una realidad paralela que no los toca. Además ellos están en “crisis”, no tendrían porque preocuparse por las “crisis” de los otros. Las colonias…¿Cuáles colonias? Eso pasó hace rato.

Y pasará la navidad y ellos quedarán con la sensación de que ya no están en los buenos tiempos, que les tocaron las vacas flacas, que este año sólo podrán comprar el foie gras mas chiquito. Culpa de los árabes y del avión de Sarkozy… y habiendo recibido los regalos mas caros, la mejor comida y de haber jugado en la nieve, seguirán tristes por no ser felices. 

viernes, 26 de noviembre de 2010

Síndrome de Mary Poppins

La mayor parte del tiempo sufro del Síndrome de Mary Poppins. Extraña enfermedad que me hace verle el lado bueno a las personas malas, el lado simpático a las situaciones, el lado positivo a las catástrofes. Entre los múltiples síntomas están la posibilidad de reírse y llorar al mismo tiempo y las respuestas sistemáticas como: “no es tan grave”, o “la próxima vez nos irá mejor”. La gente piensa que soy una persona positiva y con una gran capacidad de análisis, pero lo que no saben es que he desarrollado esta sofisticada enfermedad como mecanismo de defensa contra el fracaso y la desilusión.

Pero lo más extraño de este síndrome, es que a veces desaparece: no puedo verle el lado bueno a los malos, todas las situaciones me parecen catástrofes, repito frases en futuro definitivo como: “hasta aquí llegamos”, o “no doy mas”. Las personas que entran en contacto conmigo en estos periodos, piensan que soy negativa y melodramática. Que solo veo lo que quiero ver. Que soy una neurótica - quejumbrosa.

Hace 19 días Mary Poppins se bajó del bus y me dejó sola. Esta es la razón por la que hace 19 días no escribo. Todo lo que digo o pienso es gris. Estoy triste y desilusionada. Es posible que sea el invierno, la cercanía a la navidad y la lejanía de los que quiero. Es posible que Mary Poppins se haya dado por vencida después de meses en los que no hemos parado de luchar. La pobre ha tenido un año muy duro. No la puedo culpar.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Consuelo

Yo conocí al que hoy es mi esposo a los 30 años. Lo que quiere decir que entre los 20 y los 30 me dediqué a amargarme la vida entre relaciones insatisfactorias y el auto flagelo por ser soltera. Al mismo tiempo, para entretenerme, mientras finalmente alguien se casaba conmigo, fui a la universidad, trabajé, viajé, compre todos y cada uno de mis caprichos, rumbié, leí, conocí gente fantástica y fui a cine casi una vez por semana. Pero después del segundo trago ya estaba triste de no haber encontrado el amor de mi vida. Además me las ingeniaba para tener amores platónicos inalcanzables, con tan mala suerte que a veces me “paraban bolas” y yo salía corriendo.

A mi esposo lo conocí en extrañas circunstancias a tres meses de irse de Colombia para siempre. Y yo, amante del drama, sufría por ese amor imposible. Ajá. Este mes cumplimos 7 años de tan fatídico suceso, que nos trajo un niño al que adoramos, miles de recuerdos y aventuras, una economía restringida y un matrimonio normal. Y en este momento mis amigas solteras suspiran y dicen: ¡Nooo divinoooooo! Y mis amigas casadas: Ajá.

Ajá. Si las solteras supieran que las casadas se la pasan imaginándose la vida si se divorciaran, si no se hubieran casado, si el esposo se fuera de viaje un mes. Aunque fuera un mes. Cuando les cuento a mis amigas solteras que mi esposo se va de misión 3 meses, me consuelan. Mis amigas casadas me dicen: ¿En serio? Deli!!!!

Hace unos días mi esposo me dio la mano mientras se dormía, luego me dijo que aprovechaba que ese día lo estaba queriendo, porque últimamente había días que no lo quería. Yo me quedé pensando y le dije que últimamente había días que no me quería ni a mi misma. Que en el fondo de mi corazón lo quería siempre, pero que a veces sería más fácil no quererlo tanto.

Porque lo que se les olvida a las solteras, es que si hoy se levantan con ganas de irse de paseo, lo hacen, sin negociar, sin preguntar, con alguna amiga igual de desparchada. Cuando uno se casa y además tiene niños, tiene que inventar toda una logística para hacer eso que uno quiere y no cuando quiere, sino cuando puede.

Alguna vez por televisión mostraban un matrimonio gay entre dos mujeres y el pastor decía que uno no se enamoraba para toda la vida, que el amor era una decisión de cada día. Nada más cierto.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

P.O.P.

Hace muchos pero muchos años, cuando aún estaba en la universidad conseguí un trabajo en una multinacional de tecnología como “channel marketing”. A pesar del caché que me daba el nombre, mi trabajo consistía en organizar la bodega del material P.O.P. (Material Punto de Venta, en inglés Point-of-Purchase) y distribuirlo. 400m2, de cosas que cinco minutos después de ser entregadas a los posibles clientes irían a la caneca. Botones, botoncitos, cartones, esferitos con tinta para tres palabras, llaveros, almanaques, afiches, muñequitos, linternas, clips, camisetas, etc., etc. Mi trabajo era organizarlo para luego distribuirlo. Pero para distribuirlo tenía que tener la aprobación de 3 personas sentadas en los cubículos que colindaban con el mío, que al no saber hablar correctamente el inglés, lo mezclaban con el español, lo que les daba ese aire de “gente de mundo – del tercer mundo”.  La muchacha del cubículo de la derecha estaba enamorada del señor casado del cubículo de la izquierda y sus decisiones dependían de lo que él dijera. Él a su vez era adicto a los antiácidos y sus mejores momentos eran los que estuvieran alejados de las horas de digestión. En el tercer cubículo había una señorita que sufría de serlo y que a los 45 años seguía pensando que la minifalda la habían inventado pensando en ella. Las aprobaciones eran periplos interminables en los que nunca logré sincronizar la digestión, con el amor platónico, con la minifalda. Pero el tiempo pasaba y el material P.O.P. perdía vigencia, entonces cajas llenas de cosas debían archivarse porque no podían ni reciclarse, ni regalarse, ni destruirse. Pero dado que era una multinacional  y que las decisiones estrategicas estaban dictadas por algún señor en Malasia o en Nueva York, cada semana llegaban nuevos conteirnes de material P.O.P. hecho en China, que deberían luego archivarse porque la aprobación dependía de la digestión, la traga y la minifalda.  A veces, cuando estaba cercana la fecha de presentar los indicadores de gestión, un aprobación aparecía de la nada y yo feliz, llenaba mi Fiat 147 amarillo y me iba a entregar el material a los distribuidores. Desafortunadamente nunca hubo sincronía entre la promoción que salía por televisión y el material que yo debía entregar y los distribuidores rechazaban la entrega. Pero  no tenía derecho a devolver el material a la bodega porque había sido aprobado. Yo renuncié un lunes. El viernes anterior me fui a la universidad con mi carro lleno de camisetas. En el prado que había frente al edificio se jugaba la copa “La Amistad”, que reunía los equipos de futbol de diferentes facultades. Me acuerdo que saque las camisetas de baúl y que le di “uniformes” a casi todos los equipos.  Luego me senté a ver el partido. De las 1200 camisetas solo 60 fueron a parar en las manos de alguien que las usaría.

El material P.O.P. es una industria en la que el 99% de lo que se produce, nace siendo basura. Cosas que se botan luego de que se reciben, que no sirven para nada, que sufren del mal gusto de tener una marca impresa la cual no tiene relación con su utilidad o su origen. Muchos de ellos cuentan con baterías que nadie tiene el cuidado de reciclar. Las cantidades son enormes. Los presupuestos ridículos. Al no tener argumentos para vender los productos por si mismos, la leyes de la publicidad indican dar un regalo insulso para “posicionar la marca”. No importan las montañas de basura que se genere, la contaminación, el uso de los recursos del planeta y el gasto de energía.

Al graduarme prometí no trabajar nunca más en multinacionales, ni dejar que mi vida dependiera de personas atrapadas en cubículos. Ingenua. Sobre todo ahora que a estas condiciones le sumo la conciencia ecológica. Dos veces ingenua.