viernes, 20 de agosto de 2010

Inventario

Ya nos sabemos de memoria Sherk 1 y 2 , Toy Story 1 y 2 y Mosters Ink. En francés. Cantamos las canciones. Repetimos los diálogos. Hemos intentado mostrarte otras cosas, pero tú gritas Cheeeeeeeeeeeeeek y no hay nada que te convenza. A pesar de que siento que mi coeficiente intelectual baja 10 puntos diarios, me siento en el sofá a verlas contigo. Tú te pones feliz y me besas el hombro sin quitar los ojos de la pantalla. Sabes perfectamente prender el televisor, el Divx y poner las películas. Gruñes como Sherk. Te lanzas a la cama como Buzz light year. Nos despiertas en la mañana como Sullivan. La abuelita no escatima en regalos y tienes los personajes de todas las películas ya sea en plástico, tela o felpa.

Aprovechando el verano hemos ido a la playa, a la piscina y a la isla que se ve desde el balcón de la casa. Estas negrito pero con las puntas del pelo rubias. Con unos flotadores anaranjados y una pantaloneta de cangrejitos nadas como un pescadito, tomas agua, la escupes, salpicas, pataleas y apenas te subimos al carro te quedas profundo.

A veces te da el ataque de Forrest Gump y corres y corres sin saber a dónde y porqué, de pronto paras y sigues jugando. Ya sabes sacar galletas de la despensa, jugos de la nevera y cuando tienes ganas de tetero me llevas uno a donde este para que te lo prepare.

Esta semana empezaste a repetir los nombres de tus hermanos y de tu papá. Te concentras y lo logras. Para ti es más difícil porque estas aprendiendo dos idiomas al mismo tiempo. Pero cuando seas grande vas a poder conversar con las 500.000.000* personas que hablan español en el mundo y con las 300.000.000* que hablan francés. Vale la pena intentarlo.

Eres grande, fuerte, sonriente, patán, terco. Sigues despertándote feliz todas las mañanas como si tuvieras los mejores planes para cada día. Eres el niño por antonomasia como dice tu abuelita. Ya no eres un bebe, pero en cambio eres un muchachito encantador.

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* Cifras de Wikipedia.

jueves, 19 de agosto de 2010

Acto de contrición

Gracias a un mail que recibí esta semana he comprendido que soy una persona intolerante. Por mi pecado pido perdón. Pero como todos los intolerantes mi falta tiene origen en la ignorancia. Años y años de hablar del primer mundo y sus maravillas. Documentales de Transtel que me mostraban una parte del mundo perfecta y organizada. Cuantas películas del valor de La Resistencia frente a la invasión Nazi. ¿Cómo podía yo imaginarlo? ¿Acaso los amigos y parientes que ahorraban toda su vida para conocer Europa, alguna vez me dijeron la verdad? ¿Acaso la Alianza Francesa de Bogotá me mostró algo distinto a una postal de Paris lleno de magia donde todos se enamoran?

No. Pero eso no me justifica. Debo enmendar mi error. En adelante seré tolerante y comprensiva. Dejaré de quejarme. Lo prometo. Cuando me reclamen cómo puede ser posible que haya un país sin estaciones, daré generosa mis conocimientos en geografía. Cuando me pregunten si en mi país conocen de computadores, cajeros automáticos, semáforos, teléfonos portables, internet… pacientemente explicaré conceptos como la globalización, la economía de mercados o el comercio internacional.

Cuando me reclamen porque me gusta Frank Sinatra a pesar de no ser colombiano, amablemente expondré que existen personas que pueden reconocer la belleza en culturas diferentes a la propia. O cuando me miren de forma sospechosa al saber que fui a la universidad, estoicamente confesaré que incluso tenemos hospitales, centros comerciales y edificios con ascensor.

Tengo que ser paciente. ¿Cómo iba yo a saber que esta gente es… como toda la gente? Víctimas del devenir histórico. ¿Qué culpa tienen ellos de ser los niños ricos del mundo? ¿De no haber visto sino riqueza y abundancia? ¿De haber sido educados para sufrir de un complejo de superioridad que no les permite ver al resto de la humanidad como iguales? ¿No son acaso nuestros mismos problemas pero al revés? ¿Qué culpa tenemos nosotros de ser los niños pobres del mundo? ¿De no haber visto sino pobreza y corrupción? ¿De haber sido educados para sufrir de un complejo de inferioridad que no nos hace ver al resto de la humanidad como superiores?

Aprenderé a ser tolerante con su intolerancia. Los veré como iguales. No me asombraré de su ignorancia. Pondré su cultura al nivel la nuestra. Querré a los que me quieran y no me la dejaré montar de los que me traten mal. Eso sí, no dejaré de escribir sobre ellos y sobre nosotros, porque una cosa es ser tolerante y otra muy distinta es renunciar al infinito placer de criticar.

lunes, 16 de agosto de 2010

Lasagna

Lasagna no. Por favor. Si usted no sabe cocinar, si no le gusta, si está aprendiendo. Por favor. No haga lasagna. Mucho menos si tiene invitados. Si le toca leer la receta. Si no sabe hacer otros tipos de pasta. No por favor. Aunque parece fácil es una de las recetas que pueden ser un desastre al más mínimo error. Las salsas deben ser jugosas, la pasta debe estar al dente y el horneado debe dorar la superficie y calentar el interior. Si su relación con dicho electrodoméstico no es un idilio. Lasagna no por favor.

En lo más oscuro de mis recuerdos navegan 3 lasagnas. Asquerosas. Quemadas, pero crudas, pero frías. La primera era de pollo. Pálida. Lánguida. Mientras la servía la cocinera en mención decía: “No quedó así como en pisos. No mijita es que a mí en la casa me educaron pa’ ejecutiva, no pa’ coima. Es que una no se puede quedar de cocinera". El error era simple a los ojos de alguien que no piensa en la cocina como una cámara de tortura. Luego de cocinar la pasta, hay que sacarle el agua. Para que quede en capas, hay que componerlas delicadamente intercalando pasta y salsas. Las capas no se hacen solas, por más que la caja diga que cualquiera puede hacerlo y que todo estará listo en 5 minutos.

La segunda. Se me pone la piel de gallina de sólo recordarla. La señora de la casa le dijo a su empleada del servicio que hiciera una lasagna. Que ella la calentaba. Era de carne. Al verla seca, la anfitriona le hecho agua. Dos tazas. La metió al horno mientras comentaba: “La remodelación nos costó un ojo de la cara, no te imaginas. Yo siempre quise una cocina así con todos los juguetes, aunque te confieso que no se para que sirven ni la mitad de las cosas”. Prendió el horno sólo en la parte superior. Quemada por encima y fría por debajo nadaba en el agua. El pan francés me ayudó a recoger el agua y logré comerme lo que pretendía ser la salsa de carne sin vomitar.

La tercera. Hace una semana. Placas tectónicas de pasta cruda. Como comerse un baldosín. Salsa bolognesa sin tomate y sin jugo. A su favor tenía que era poquita y que teníamos helado y duraznos enlatados de postre. La hizo mi suegra como un favor para que yo descansara. “¿En Colombia conocen la lasagna?”. (¿La electricidad, los cajeros automáticos, la imprenta, la rueda...?). Los niños de mi esposo prometieron poner la mesa y bajar la basura si en la noche yo hacía la comida.

La excepción. A mi mamá no le mata cocinar. No le gusta. Pero mi mamá hace la mejor lasagna. Combinación perfecta de una bolognesa jugosa y una bechamel de queso, que se acomodan felizmente entre capas de pasta al dente. Bordes dorados. Gratinada por encima. Caliente por dentro. Perfecta. Abundante. Deliciosa. “¿En Colombia conocen la lasagna?”. Si. La buena lasagna, si.

martes, 10 de agosto de 2010

En español

De cumpleaños mi amigo Andrés me mando un libro desde Madrid. En español para más señas. De uno de mis autores favoritos para mayor mérito. Yo cumplo años en marzo, pero guardé el libro para el verano. Para las vacaciones. Con un hijo de dos años, dos hijastros itinerantes y un esposo, las vacaciones no son precisamente para descansar. Pero a veces, hay momentos, lapsos increíbles de 15 o 20 minutos, pequeños recesos después del almuerzo, instantes minúsculos en que saco mi libro y leo. En español. No es que yo no lea en francés, lo hago e incluso me obligo a hacerlo pensando en el día en que mi niño vaya al colegio. Pero no es un placer. En cambio, con este regalo me sumerjo, nado, me pierdo. Es un libro escrito en primera persona por un hombre que está loco, donde los saltos en su conciencia y su falta de atención no dejan ver lo que sucede realmente, solo el reflejo absurdo de lo que interpreta. Voy en la mitad. Quisiera que fuera más largo. También quisiera quedarme una tarde entera leyéndolo. Pero nadie puede tenerlo todo. Yo tengo el libro en español para los minutos de paz que me deja el verano. No puedo pedir más.

sábado, 31 de julio de 2010

Format C:>

El primer día que me fui a vender mis joyas al mercado de mi pueblo. Aclaro antes de continuar, para poner en contexto a los lectores que no me conocen personalmente, que yo nací en Cartagena, pero siempre viví en Bogotá. Que mi vida era algo así como la versión tercer mundista de Sex and the City, que yo era la gerente de una compañía de diseño, que parte de mi éxito era ser prepotente, sobradora e incluso inmamable. Prosigo. El primer día que fui a vender mis joyas al mercado de mi pueblo. No, de este pueblo, Hyeres en la región de Var, sobre el Mediterráneo al sur de Francia, para más señas. Fue desastroso. Más de 35 grados de temperatura. No sabía nada y lo poco que aprendí fue gracias a los gritos y los insultos de los antiguos mercaderes, que estaban desesperados de mi ignorancia. Mi amiga Mónica (que me acolita y me apoya en todo) y yo, parecíamos dos bichos raros bañadas en sudor y muertas de susto.

El segundo día, habiendo sobrevivido al impacto del primero, y habiendo corregido muchas cosas, me fue mejor. Incluso vendí.

El tercer día que pensába ir, me di cuenta que me habían robado la mesa y el parasol. Me tocó quedarme en la casa porque era demasiado tarde para conseguir otros.

El cuarto día, o sea hoy, fue un día memorable. Llegué sola. Conseguí un buen lugar al lado de un marroquí que se hizo mi amigo. Hamid, me enseñó todos sus secretos de mercader, me encargó de su puesto mientras traía tinto para los dos, me ayudó con mi parasol que resulto desastroso y me regaló un abanico. Yo le conté todas mis historias y él se reía conmigo de mí. A las 9 de la mañana vino a visitarme Carine, una de mis vecinas que le dijo a su hija que escogiera algo para ella y algo para su abuela. Me hizo visita. Me puse muy feliz al verla. A las 10 de la mañana vino a visitarme Venonique, otra vecina, con sus dos hijas adolecentes y su sobrina a quienes les dijo que escogieran lo que más les gustara. Incluso compraron un regalo para una amiga que cumplía años. Su presencia hizo que vinieran más clientes y el resto de la mañana seguí vendiendo. A las 11 llegó Mónica con Gigi, su bebita de casi un año. Me trajeron duraznos. Me acompañaron. Le hicimos visita a Hamid, que estaba feliz de “chicaniar” con los demás de sus amigas colombianas. A la una de la tarde volví a mi casa. Exhausta pero feliz.

Mi vida ya no es ni la sombra del Sex and the City criollo. Incluso no da ni para Desperates Housewifes. En esta realidad, soy alguien con el handicap de un acento, mis títulos universitarios y laborales son anécdotas de un pasado remoto, ser inmamable o prepotente es absolutamente inútil. Como si hubiera formateado mi vida: sin familia, sin contactos, sin palancas, he descubierto que a pesar de “no ser nadie” puedo ser una persona que la gente quiere. Chévere.

jueves, 29 de julio de 2010

Flacos logros

Orgullosa comenta como su hija de 16 años hizo 3 semanas de dieta sin desfallecer. Luego comenta que ella nunca ha pasado de 45 kilos porque toda su vida ha estado pendiente y a la menor tentación vuelve a su régimen. Confiesa que tal vez el mayor logro de su vida es la talla 6. Que ha sido un gran sacrificio pero que siempre ha tenido la fuerza de voluntad para pasar el hambre que sea necesaria y volver a su peso ideal. Trato de cambiar de tema. Imposible. Luego comenta que varias veces les han dicho en la calle que parece la hermana de su hija. Ella tiene 43 años y no tengo corazón para decirle que es evidente quien es la mamá. Mi amiga Paula y yo la escuchamos con paciencia. Nosotras por el contrario, exhibimos curvas, brasieres desbordados y un apetito voraz del que según ella deberíamos avergonzarnos. Volvemos a intentar el cambio de tema. Paula esta triste, acaba de volver de Brasil y tiene los sentimientos encontrados. Yo trato de consolarla. Madame 45 kilos empieza a hablar de tranquilizantes y antidepresivos. De cómo prácticamente no puede vivir sin ellos y nos da el nombre del doctor que los receta. Aparece su hija de la nada y nos muestra sus muslos. Nos explica que perdió 3 centímetros de diámetro en cada uno. Que nunca en su vida había sido tan feliz. Hora del postre. Paula y yo nos dedicamos a las fresas con chocolate, yo le tomo la mano y le digo que poco a poco se le va ir pasando la tristeza. Madame 45 kilos comenta que no vale la pena sufrir con la industria farmacéutica a su servicio. Mi esposo del otro lado de la mesa me manda un beso. Madame 45 kilos le dice que nos está convenciendo de ponernos a dieta. Mi esposo, que se ha tomado varios vasos de planteur me lo prohíbe. La última vez que hizo dieta, comenta, perdió una talla de brasier, y yo no puedo permitir eso, es mi tesoro. Todos se ríen y yo atravieso la habitación para abrazarlo.

La noche me deja pensando en los “logros” que a veces nos imponemos las mujeres. No estoy libre de pecado. A través de mi vida he pasado por dietas, tratamientos y doctores. 3 centímetros de muslo. 5 kilos menos. Por alguna extraña razón, nos convertimos en adoratrices de la inquisición estética. Toda la seguridad se esfuma en unos kilos de más. Concurso cruel en el que la capacidad de pasar hambre se vuelve un plus. El deporte se parece más a la flagelación, con el cual pagamos por nuestros pecados. Flacos logros por los que no seremos recordadas.

Abrazo a mi esposo que ronca. Yo quisiera ver a la mujer que él ve cuando me mira y sentir que el 95 C es mi tesoro. Tal vez sea ese el verdadero logro.

domingo, 25 de julio de 2010

Mensajes en el contestador

- Juanma, estoy preocupada…
- ¿Por qué?
- Creo que se dio cuenta Juanma…
- Tarde o temprano iba a hacerlo, incluso creo que se demoró…
- Y los otros, creo que también se dieron cuenta…
- No te preocupes, ya llegamos dónde queríamos.
- ¿Has oído los mensajes en el contestador?
- No.
- Andrés Felipe llora, Jose Obdulio pregunta que porque no le has mandado los comentarios al discurso de posesión que te escribió, un tipo que no conozco dijo: “Para decirle que nosotros llamamos, para recordarle lo de nuestros muchachos están a sus órdenes, para lo de los políticos que tenemos, para servirle”
- Y lo peor fue el mensaje de Alvaro, dice que estas nombrando pastranistas, saludando izquierdistas, que a los uribistas los tienes blanquiados, que has osado hablar con la oposición, que mensajitos para Venezuela, que de haberlo sabido no te daba los huevitos… que a este paso solo falta que respetes la constitución y que dejes de chuzar a los magistrados de la Corte, que estas destruyendo su obra…
- It’s too late Honey, too late…

miércoles, 21 de julio de 2010

"...sin decirme a donde vas"

En los carteles de los cine-foros de la universidad la anunciaban de vez en cuando. "No te mueras sin decirme a dónde vas" de Eliseo Subiela. Me encantaba el título. Me imaginaba mil historias. Hasta que finalmente la vi, y recuerdo haber llorado durante y después. Las cosas cambian de significado con el tiempo. Ahora que no estás, me pregunto porque te fuiste sin decirme a donde ibas. Tengo tantas cosas que preguntarte. Tu ausencia no me produce la tristeza de antes. Ya te lloré. Lo que me molestan son las cosas que se quedaron pendientes. Lo que me falta tu consejo. Me faltas en la lista de las personas con las que podía contar. Cuando pasan cosas me pregunto qué hubieras dicho, pero mi imaginación no llega tan lejos. Me falta el cinismo, el humor negro, la mala leche. Dónde habrá quedado el libro de Norman Rockwell que yo miraba mientras te oía. Porque nunca se me ocurrió preguntarte la receta del minestrone. La vida dio tantas vueltas. Me hubiera gustado que estuvieras para defenderme. Si de algo sirve, ya no te lloro, pero me gusta pensar en ti.

Modernidad.

Cuando di el salto mortal del tercer al primer mundo, pensaba que me iba al futuro. A un mundo habitado por ciudadanos modernos con una visión amplia de la realidad, de los que iba a aprender miles de cosas. Un paso adelante en la evolución. Me preocupaba no dar la talla y parecer inculta o ignorante. De que voy a hablar yo si esta gente debe haberlo visto todo.

Dos años y medio después he comprendido que la modernidad es una elección, un golpe de suerte, un regalo del destino que aparece aquí o allá, en medio de la pobreza, de la riqueza, de la adversidad, en el primer o en el tercer mundo… El ciudadano moderno, el de la visión amplia, es un espécimen raro y poco frecuente que puede nacer en la Clínica Palermo de Bogotá, o en el hospital Saint-Louis de Paris. Al mismo tiempo en la habitación del lado, nacerán ciudadanos venidos de la inquisición o del renacimiento o pequeños homo erectus que al crecer serán fanáticos de Millonarios o del Olympique de Marseille.

Algunos renegarán y lanzarán improperios recordándome los beneficios de los que goza el primer mundo: el acceso a la tecnología, la educación pública, la magnificencia en la infraestructura, el cubrimiento en salud. Lamento informar que nada de eso garantiza el nacimiento de ciudadanos modernos. Ni aquí ni allá. Quinceañeras que sueñan con el príncipe azul de la edad media. El dueño de la farmacia que piensa que la tierra es plana y que el Mare Nostrum acaba en el Mediterráneo. Vecinos que piensan que aún estamos en la Conquista y que a los indígenas como yo, no los dejan ir a la universidad. Gobiernos paleolíticos que no conocen la democracia. Criollos convencidos de la superioridad europea. Sociedades divididas en castas. Mujeres sometidas. Empleados públicos que no han oído hablar de los derechos del hombre. Turistas gringos que no saben del fin de la Guerra Fría y que tratan de convencernos de la superioridad americana. Sistemas económicos que promueven la esclavitud.

Modernos, modernos, más bien pocos. Ni aquí ni allá. Y por lo visto, casi en ningún lado.

martes, 13 de julio de 2010

Bondad

Hay gente que “es” buena porque dice serlo. Te dan consejos, te repiten citas y frases célebres. Que si Og Mandino, que si Paulo Cohelo. Son buenos porque les gusta verse a sí mismos como los buenos. No confiesan pasiones ni odios. Iluminados. En los momentos más oscuros te recuerdan que ellos son buenos a través de sus innumerables lecciones de vida. Te recuerdan que tu sufrimiento es bueno para tu crecimiento personal. Que así vas a aprender y que vas a llegar muy lejos. No hacen nada por ti, solo te muestran que ellos son buenos y tal vez felices, por virtud de las gracias que los adornan.

Hay otros que no saben que son buenos y no les importa. Pero hacen cosas, sufren, se preocupan, te llevan pan y leche para tomarse unas onces contigo. Te ayudan a mover un mueble o a reparar el enchufe de la cocina. Te oyen y no dicen nada. A veces solo te acompañan. Se les humedecen los ojos cuando lloras. A veces maldicen cuando tú maldices. A veces te dicen que estas equivocado. A veces te regalan un piropo cuando estas inseguro. Te meten monedas en el bolsillo sin decir nada. No gritan a los cuatro vientos que te quieren y son tus amigos, pero los puedes llamar a cualquier hora, por cualquier razón o incluso sólo para hablar. No te dan consejos porque saben que a veces uno solo necesita llorar por eso que le duele. Incluso a veces, antes de que la primera lágrima ruede al vacio, hacen un chiste y te demuestran sin decir nada que todo va a estar bien.

domingo, 11 de julio de 2010

Nada en especial.

- Tú siempre dijiste que ellas eran gente divinamente…

- Sí mija, pero eso no quiere decir que sean santas de mi devoción…
- No tía, tú siempre me has enseñado que a la gente divinamente se le perdona todo…
- No mija, pues sí, eso es verdad, pero es que esto ya es gula, si lo que querían era plata, pues que siguieran en la política…
- No tía eso sería peor, tocaría aguantárselas haciendo campaña, recordándonos cada día que los 6 años, 4 meses y 9 días del cautiverio. Que un día amanecen colombianas, al otro francesas. Que si la trenza y el camuflado o el Chanel palo de rosa. Además con ese reguero de ex esposos, de novios, de amigos con y sin derechos, que los de aquí, que los de allá, nos llenaría todas las páginas de las revistas de chismes.
- Si pero por ejemplo se hubieran podido poner a hacerle campaña al presidente santo, así como dándole las gracias por la pintada del helicóptero, y mínimo les daban un ministerio. Tu tío dice que eso es un negociazo, incluso hubieran podido ganar más de lo que están pidiendo y habrían quedado mejor.
- Si tía pero no creo que ellas tenga muchas ganas de dejar Paris.
- Ni de trabajar tampoco mijita.
- Pero están escribiendo el libro tía y parece que es un trabajo tremendo, porque les toca ir revisando el libro de Clara y el de los gringos para que no se le queden cositas entre el tintero.
- ¡Qué pereza mija!
- De pronto tienen gente que le ayuda, porque también les toca leerse los periódicos y las revistas de todo lo que se escribió mientras ella estuvo en cautiverio.
- ¡No, qué horror! Pero el libro le dejará una rentica, mi imagino yo…
- Un billetico largo tía.
- No mijita, es que yo si estoy aterrada.
- Si estás aterrada tú, ¿imagínate cómo estamos los demás?
- ¿Por qué lo dices mijita?
- No tía, por nada en especial.

lunes, 5 de julio de 2010

Reinventarse

No sé si la palabra reinventarse existía, o si se la inventaron hace poco. Se puso de moda para describir la forma en que Madona se “reinventa”, cambia, o muta para el lanzamiento de cada uno de sus discos. Que si pelinegra, que si sadomasoquista, que si como una virgen, que si iluminada por la divinidad, que si mamá de una quinceañera vestida ella (la mamá) de adolescente. Un día ícono gay y al siguiente escritora de cuentos para niños. Qué creatividad. Sobre todo porque todos los “saltos” son fríamente calculados y absurdamente lucrativos. Yo, sin tener ninguna información adicional, supongo que no es “ella” solita la que se reinventa sino un grupo enorme de gente que hace la tarea para que la señora siga siendo un buen negocio.

Pero hay otros que también se reinventan, sin salir en las revistas de chismes y sin ninguna motivación diferente al amor. Mi mamá se reinventa de abuela. De los códigos y las superintendencias pasa a los dinosaurios de caucho y al “sana que sana colita de rana”. Yo me reinventé como una mamá, esposa e inmigrante. Dejé la gerencia de una oficina de diseño gráfico en Bogotá, a la “administración” de un hogar al otro lado del mar y frente a él.

Esta semana di un salto tan grande que todavía me pregunto si soy yo la que lo hizo. Después de un mes de trámites, de fotocopias, de hablar mi francés de cacatúa con montón de gente que no conocía, he logrado tener mi tarjeta de vendedora ambulante. No es que vaya a salir por la calle con mi lámina de icopor anunciando: “la gafa, la gafa”. Pero casi. Desde ahora tengo derecho a poner un puesto en los mercados ambulantes que se hacen una vez a la semana en los pueblos y ciudades francesas (“Les Marchés”). Los trabajos manuales que hacía para disipar los estados maniacodepresivos del pasado, son ahora los productos que venderé a turistas y lugareños. El hippie que dormitaba en mi se despierta para que ataviada en mi falda de florecitas venda las cosas que hago mientras mi niño duerme. Durante la semana me dedicaré a buscar lo que me falta para montar mi puesto. En las noches haré bolsitas y tarjetas con mi nuevo nombre y mi número de teléfono. Porque ya no soy Ángela Jiménez. Ahora soy, (y vaya uno a saber por cuánto tiempo) Lita Blanc. Blanc comme la couleur (blanco como el color), como dice mi esposo para evitar deletrear su nombre. Ya son historias del pasado los clientes, las propuestas, las facturas y el cobro de cartera. Mi hijo no dirá que su mamá es diseñadora gráfica, sino que tiene un puesto en el mercado donde vende sus cositas. Yo espero que esté orgulloso de mi, y que crezca sabiendo que uno puede cambiar y reinventarse siempre, sobre todo si lo hace por amor.

lunes, 28 de junio de 2010

"Cállate, cállate, cállate que me deseperas"

Cuando era niña, sentía mucha angustia cuando veíamos “El Chavo”. Vivía en un barril, siempre tenía hambre, todos abusaban de él, estaba expuesto al maltrato físico y no se sabía si tenía papás o no. Años más tarde leí que muchos ideólogos mexicanos criticaban a Roberto Gómez Bolaños por la mitificación de todos los males que aquejan a la sociedad latinoamericana a través de sus personajes. También, porque todo el engranaje giraba en torno a estereotipos que se impusieron como parámetros en temas como la pobreza, la riqueza, la belleza o la obesidad. En este micro universo había que reírse de la tragedia de nuestra sociedad, de las carencias, de los defectos físicos, de la ignorancia. Nunca supimos si este pobre niño tuvo una oportunidad y eso tal vez no le importaba a nadie.

Pero pareciera que a todo el mundo le gusta “El Chavo”. Se han vuelto un ícono del retro las expresiones y los insultos que usaban unos contra otros y las nuevas generaciones se deleitan con la versión animada. Yo sigo sintiendo la misma angustia.

Hace unas semanas cuando comentaba lo difícil que era ocuparme de mi niño y de la casa sola, cuando mi esposo estaba de misión, alguien me dijo que eso me pasaba por vivir en Francia, que por eso era mucho mejor vivir en Colombia, donde con muy poco podía tener, muchacha, niñera y chofer. No supe qué contestar, hasta hoy. Estamos condenados a ser la sociedad de “El Chavo”, una sociedad que se ríe de la mísera, en la que unos se aprovechan de los otros, en la que la señora que se va a cuidar los niños de otra, deja a los propios encerrados en una pieza, calentándose la comida en una estufa de cocinol. Tal vez la persona que me hizo el comentario se quedó esperando mi respuesta, o tal vez esté entretenida mirando “El Chavo”.

Deje su mensaje, después del tono.

- En este momento no nos encontramos, por favor deje su mensaje después del tono.
- Mija, llevo semanas llamándote. ¿Dónde andas? No hemos podido comentar los últimos acontecimientos políticos. ¡Se salvó este país mijita! Pasamos de un mesías a un santo, este es definitivamente un país bendecido. ¡Cosa divina caray! Además este hombre es un estandarte de la gente divinamente, de la gente de bien. Golf, whisky y exenciones tributarias para los amigos del club. Como debe ser. Tu tío dice que es increíble nuestra capacidad de adaptación mijita, que pasamos del fanatismo populista al pragmatismo capitalista de un plumazo. Y yo precisamente te llamaba a que me explicaras los términos, porque tu tío y los amigotes, sueltan la carcajada cuando dicen eso, pero yo aún no he entendido el chiste. ¿Oye y tu porqué tienes el mensaje del contestador en español y no en francés? Bueno mijita llámame para que nos pongamos al día. Un abrazo.
- Beeeeeeeeeeeep.

domingo, 20 de junio de 2010

Honey

- Juanma, ¿Estàs dormido? Tenemos que hablar.
- Mmmmm.
- Honey yo se que todo lo que hemos hecho estos últimos años es para llegar hasta aquí, pero estoy cansada de las loberas. ¡It’s enough! Después de la posesión adiós al poncho. A este paso no vamos a necesitar un asesor de imagen sino un corrector de estilo. Yo ya te pedi las corbatas y los armanis. ¿You know? A ti no se te da mucho el look de capataz de finca…
- Mmmmm.
- Estoy preocupada por los muchachos. Yo no quiero que terminen vendiendo artesanìas en los aeropuertos y traficando con lotes; es que a Tom y a Jerry lo único que les faltó fue un puesto en Unilago y otro en San Andresito.
- Don’t worry…
- Yo quiero verme divina en la posesión de Juanma, pensaba en un Chanel, pero si quieres seguir con el populismo pues yo busco algún diseñador colombiano… pero no me vas a obligar a vestirme de institutriz como Linis… Oye, ya puedo votar el disfraz de la cruz roja? Tu lo has olido? It sucks…! Huele a pura tierra, sangre y pobreza.
- Si, ya no lo necesitamos…
- Acuérdate lo que pensábamos de <{(Él)}> hace 9 años… ¿Tù vas a seguir con el consejito comunal y la porno miseria? Es que te digo Juanma, la escena tuya con lo del hijo de Clara parecía como de Laura en América… ¡De quinta!
- No sabìa que tú mirabas Laura en América.
- Oye, mandaron las facturas del pan y las botellas de agua. Cómo han cambiando las cosas, antes se compraban los votos con tamales o pollos, serán cosas de la recesión…
- Mándala a Palacio que allá están pagando todo.
- Juanma, tu crees…
- Hablamos mañana honey, i'm so tired…
- Ok, el problema es que ahora no se si yo pueda dormir…

viernes, 18 de junio de 2010

Coherencia

Francia discute la ampliación de la edad para pensionarse a 62 años. Discuten las excepciones, la dificultad de ciertos trabajos y el pobre Sarko sale todos los días a explicar que ahora los franceses viven más y que por consiguiente deben trabajar más. Como lo comentaba en otro post, la proyección de vida de mi hijo es de 100 años. Lo que Sarko dice no es falso. En mi pueblo, debido a la bondad de clima hay un ancianato en cada cuadra y en general es impresionante la cantidad de gente mayor, sobre todo si uno viene de Colombia donde hay tanto muchachito.

Pero la misma Francia tiene los impuestos más altos a los cigarrillos y al alcohol. Campañas más que insistentes sobre comer 5 frutas y verduras cada día o sobre no “galguiar” (grignoter) entre comidas y hacer ejercicio. El material graso está indicado en todos los alimentos. Se controla anualmente el peso de los niños lo que incide luego en los menús de los restaurantes de los colegios públicos. La televisión muestra dos o tres veces al día programas sobre salud. El mercado de los productos bio es cada día más creciente tanto en la alimentación como en la cosmética. La obsesión por la salud es generalizada y es mal visto no verse tan preocupado al respecto. Hace unos meses tuve una reunión en la guardería (pública para más señas, donde mi niño sólo va 6 horas a la semana) para discutir el menú de las medias nueves. Después de 30 minutos de discusiones sobre lo bio, el equilibrio, las marcas, que si y que no, me preguntaron mi opinión: - La verdad, yo vengo de Colombia, nosotros comemos de todo. No consumo bio porque me parece carísimo y sé que en el futuro él tendrá que comer en un Macdonals o en un puesto de comida callejera y habré perdido la inversión. A mí la verdad, me parece genial que no me toque alistarle la lonchera y desde que vivo en Francia estoy sorprendida de la calidad de los productos incluso los de Petite Prix (marcas económicas). Lo que ustedes digan está bien para mí. - No sé porque mi intervención terminó con la reñida discusión. Pero me miraron con una expresión que aún no puedo definir.

Esa misma Francia tiene un aumento en el desempleo. Se discuten políticas. Vuelve y sale Sarko, que mire, que si hacemos microempresas, que si se capacitan…Pero al mismo tiempo está el subsidio de desempleo, el subsidio de arrendamiento que le ayuda a la gente a pagar el arriendo, pero no a comprar su propia casa, el subsidio por tener niños… Y los subsidios no son interpretados como una solución en un momento crítico sino como una forma de subsistencia. Lo que se complicará cuando la gente este obligada a trabajar más, porque vive más, porque se cuida más.

La coherencia. Esa se bajò del bus hace rato. Yo pienso en los huesitos de marrano que nos llevó la abuelita de un amigo una vez a la oficina. Tal vez la naturaleza hace que el marrano sea delicioso para que uno se de garra saboreando los huesitos y para que suavemente se vayan taponando las arterias. Y claro, no es que yo reivindique fumar como una chimenea, pero un cigarrillito con tinto después del almuerzo para comentar la novela, no debería ser pecado. Y claro, muy interesante que haya productos bio, pero la inversión debería enfocarse en erradicar el hambre y no en hacer comida hiper-higiénica para los hiper-neuróticos del mundo. También sé que me hacen falta todos mis amores que ya no estàn, que unos se fueron antes de tiempo y otros sufrieron mucho para poderse ir, pero con todos y cada uno tengo recuerdos de comilonas, parrandas, malos y buenos tragos, lloradas y ataques de risa. Yo me pregunto si lo que uno busca calidad de vida o una vida bien “calidosa”. Dònde está el equilibrio?. No sé, tal vez se fue a acompañar a la coherencia a hacer una vuelta.

jueves, 17 de junio de 2010

Olvidos

Mañana de trámites. El recibo. El reclamo. Todos los jueves por las mañanas nos vestimos bien y nos vamos al centro de la ciudad (del pueblito), a resolver pendientes. Pero este jueves era diferente. La llagada del verano, trajo consigo un cielo azul y 26 grados con brisa fresca. Al lado de la carpeta de los papeles aliste el picnic y las toallas, para irnos a almorzar el niño y yo frente a la playa. A mí se me olvida que vivo frente al mar. Se me olvida que ir a la playa es gratis. Que no pasa nada si me voy un jueves a pasar la tarde en la arena.

A las 11:00 estamos libres y nos vamos a la playa de Mourillon, en Toulon, la ciudad más cercana. En Hyeres también hay playas, pero esta me gusta porque a mí me gustan las ciudades y la gente que vive en ellas. Me desvisto entre el carro para ponerme el vestido de baño, cargo el coche como un camello que atravesará el desierto y me doy permiso de sentirme en vacaciones. Jugamos, comemos jamón con queso porque se nos olvidò comprar el pan, metemos los pies al agua helada del Mediterráneo. Una mujer anciana que sale del mar me dice que vio pescados, que el fondo de mar era blanco, que es mucho mejor que la piscina pública en la que va a nadar en Paris. Es el paraíso. Yo alzo los ojos, miro el cielo, los pájaros, la ciudad y le doy la razón.

Pienso en Bogotá y en las cosas que eran gratis -o no tan caras- que me gustaban tanto y que nunca hacía. Pienso en la Ciclovía, en los juguitos de la plaza de mercado, en los museos que solo recorría cuando tenía un visitante de otra ciudad, en los conciertos en mi universidad, en las misceláneas llenas de cosas, en los parques de todos los estratos, en que nunca fui a ver la lucha libre, en todas las fotos que tengo pendientes.

Algunas personas piensan que por vivir en una región turística, uno siempre está de vacaciones. Nada más alejado de la realidad. No importa dònde viva uno, los problemas y la rutina siempre logran que a uno se le olvide vivir.

domingo, 13 de junio de 2010

Guía Turística

Francia es un país lindo. Con una geografía llena de contrastes. Con una gastronomía rica en matices. Productor de los mejores vinos. Magos de los productos lácteos. Maestros del chocolate. El Mediterráneo. La cultura. La literatura. El arte. Etc. Etc. Lo mejor del mundo está aquí, con un pequeño inconveniente: Usted, al no ser francés, no lo merece. Está lejos de apreciarlo y de entenderlo. Incluso, el 90% de los franceses no entenderá porque usted se empeña en venir. Le preguntarán porqué conoce a Edith Piaf, a Los Impresionitas, a Napoleon, o a Paul Cezanne si usted no nació en el hexágono. Un francés promedio, con el equivalente académico de primaria y bachillerato, no podrá comprender que la historia de su país es parte de la cultura universal, porque para él, solo existe la cultura francesa. Los gringos son unos chabacanos de mal gusto. Los suramericanos son pobres e ignorantes. Los asiáticos son raros. Los africanos negros son fuerza de trabajo y los árabes… son un tema pendiente. Conocen aspectos de los demás países, pero sus culturas las consideran “menores” y sus historias no pasan de lo anecdótico. Si por un lado es envidiable el “orgullo patrio”, por el otro ese orgullo es un filtro angosto que limita su apertura a otras realidades.

Si usted planea una visita turística, encontrará que la primera barrera es el idioma. La gramática y el vocabulario del francés son fáciles para todos aquellos que hablan lenguas romances, pero la pronunciación es verdaderamente difícil. La cosa se complica porque los franceses asocian las personas que no hablan su idioma y los acentos de los que lo intentan, con la ignorancia y la estupidez. No hablar francés no es una condición, es un hándicap. Para ellos es difícil tomar en serio a alguien que no habla su lengua. Afortunadamente existen las guías impresas, las páginas de internet, los GPS, los mapas y la señalización vial que le serán mucho más útiles al momento de viajar que hacer la consulta a un lugareño.

Algunos dirán que miento. Que han conocido franceses buena gente. Yo también los he conocido. Me casé con uno. Como en todos los países y en todas las culturas, hay quienes gracias al contacto con otras personas o situaciones (para el caso de Francia los que han viajado fuera del país), son más abiertos, tolerantes y respetuosos.

No hablo sin conocimiento de causa. Hace unas semanas visité uno de mis almacenes favoritos: Maisons du Monde (Casas del mundo). Con un exquisito sentido del buen gusto, este almacén combina en sus secciones objetos de todas partes del mundo combinando la belleza con la imaginación. El nuevo país invitado era Cuba. Aprovechando que los precios no eran excesivamente costosos compré algunas de las cosas que me gustaron y encargue un tapete hindú del catálogo. Me pidieron la dirección de mi casa y me dijeron que por 12 euros más, lo llevarían a domicilio. Yo que estaba antojada de las cosas cubanas, solicité que me dejaran recogerlo en el almacén. Impacientes las vendedoras y aprovechando la evidencia de mi acento, me decían que tal vez yo no había entendido. Yo repliqué que si, y como un favor aceptaron mi solicitud, sin antes decirme: “El ta-pe-te lle-ga el mi-ér-co-les. No el jue-ves. No el mar-tes. De-be ve-nir el mi-ér-co-les. No lla-me el mar-tes. De-be ve-nir el mi-ér-co-les. De-be pre-sen-tar es-te pa-pel.” Al fondo y en medio de los intervalos de tan solicita pronunciación, yo oía como entre las vendedoras comentaban: “Ese es el problema de esta gente.”

Llame el miércoles para saber si había llegado el tapete. La vendedora me contestó que había llegado desde el lunes, que porqué no había ido a recogerlo. Fui hasta el almacén. Mostré el papel. Tenía a mi niño en los brazos para evitar que hiciera un daño. Trajeron el tapete. Lo tiraron al piso. En Francia está prohibido dejar a los niños entre el carro. Con un brazo apercollé al niño y con otro jalaba el tapete en una cadencia digna del jorobado de Notre Dame. (Sí, yo sé quién es el jorobado de Notre Dame). En el camino pensaba que el almacén está lleno de cosas africanas, asiáticas, o suramericanas. Que las presentan como objetos de lujo. Que reconocen su valor estético. Pero que una cosa muy distinta es dejar entrar al almacén a todos esos muertos de hambre de esos países miserables. Y peor aún tener que atenderlos. Porque el servicio no es un tema determinante en una economía pujante. Si no compro yo, otro comprará. Los vendedores no ganan por comisión y dada la eficiencia del subsidio de desempleo, es mucho mejor ser despedido de un trabajo que conservarlo.

No los culpo ni los odio. Me esfuerzo por entenderlos. Como todos los niños ricos, sólo han vivido una realidad. Su mundo es un sistema pequeño en el que todo funciona bien. Para ellos nada debería cambiar.

90 dias

Tu y yo vamos a estar solos 90 días. Han pasado 50. Nos faltan 40. Tu papá esta de misión en Argelia. Me encantaría tener el doble de la energía para disfrutarte más. Tener una barita mágica que hiciera de comer y que lavara, doblara y guardara la ropa. Quisiera ver las cosas como tú las ves. Repetir 4 veces al día Mosters Inc. y volverme a reír. Quedarme dormida a las 8 pm y levantarme en la mañana sonriente y con los cacheticos rosados. Me ayudas mucho cuando llevas el tetero al lavaplatos y me parece genial cuando buscas en el closet tus zapatos y tus medias. No logro que guardes los juguetes en orden, pero me gusta oírte jugar con tus dinosaurios, tus robots y tus bomberos. A veces te pones furioso y peleas conmigo. Yo me pongo furiosa también. Pero luego vienes a buscarme, me llenas de besos y me acaricias el pelo. A veces nos quedamos en piyama y comemos piza. A veces nos ponemos bonitos y nos vamos al parque a jugar. En las tardes te paras frente al computador y llamas a gritos a tu papá, para que se conecte al Mesenger. No siempre funciona. Entonces yo me invento algo para distraer tu atención y la mía. Hemos visitado todos los parques, todos los Macdonals, todos los centros comerciales. Tratamos de hacer siempre algo que te guste a ti y algo que me guste a mí, pero la fórmula no nos funciona todo el tiempo: cada vez que entramos a un almacén de ropa de mujer o de cosas para el hogar, gritas como un salvaje o haces cara de aburrimiento. No puedo decirte nada porque tu papito hace lo mismo. Te confieso que algunas veces me siento como en un Reality Show, que esto es una prueba que debo superar. Otras veces me acuerdo que nadie está obligado a conquistar el mundo y que no pasa nada si no tiendo la cama y comemos afuera. Pero la mayor parte del tiempo me parece genial estar solos tu y yo, abrazados en el sofá repitiéndonos Cars o Toy Story. Yo solo espero, que en el futuro, cuando te pregunten si era difícil que tu papá saliera de misión, respondas que no tanto, que con tu mamá armabas un buen parche y que se divertían paseando por ahí.

miércoles, 9 de junio de 2010

Versión 1.0

Cuando los conocí hacían fila para llamar por un teléfono público destartalado que había en la puerta del edificio. Saco motoso. Sin mayor encanto que el de la juventud. Si, ese el del Iphone, al lado del IPod y encima del IMac, se sacaba monedas del bolsillo de lo que debió ser un blue jean, y marcaba número a número en un teléfono de disco. Si, ese al que todo le parece “cool”, era un muchacho simpático que cuando no tenía el último SmartPhone y la adicción a los MSM, lograba tener una conversación coherente con más de un adjetivo en su repertorio, que solía ser en español. Aquel, si ese, el del BlackBerry, llevaba los apuntes en libretas de taquigrafía que le regalaba un amigo que trabajaba en una notaría. El de la Palm Pilot, se sabía el teléfono de todo el mundo, pero en las fiestas sacaba de la billetera una listica donde tenía anotadas las palabras claves para acordarse de los chistes. El de los audífonos bluetooth estéreo, le compraba casettes piratas a los hippies. ¿Qué si tengo algo en contra de la tecnología? No, por el contrario, me encanta, ayuda a saber quién es quién y qué tan lejos ha llegado, entre muchas otras cosas. Por favor. Think diferent. Mi problema es que tengo un disco duro de gran capacidad y aún conservo la versión 1.0 de todos ellos.