lunes, 31 de mayo de 2010

Animal político

- Mijita ¿porqué no me contestabas al teléfono, he marcado toda la mañana, es qué no quieres hablar conmigo?
- No tía como se te ocurre, es que estaba mal colgado.
- Si mijita como no.
- ¿Y cómo estás tía?
- Feliz mijita, feliz, salvamos a este país y a la gente de bien.
- Ajá.
- No mijita, es que yo si quedé enamorada de la política. Tanto que le dije a tu tío que yo quería estudiar para ser política y él me dijo que no, que yo ya era un “animal político”.
- Ajá.
- No te imaginas después de la entrega de resultados no dejaba de sonar el teléfono. El primero en llamar fue “El capitán”. Que se había salvado, que con un santo de presidente, ya no lo iban a fregar más con lo de los falsos positivos. Y acá entre nos mijita, esos muchachos que mataban eran unos pobres indiecitos miserables, sin educación ni futuro mija. Si no terminaban de guerrilleros, terminaban de atracadores.
- Eso se llama “limpieza social” tía.
- ¿Acaso eso existe? Genial, no sabía yo. Después llamo Pina de Vidal. Imagínate que el hijo de ella es el que importa el material de comunicaciones para el DAS. Es un muchacho simpatiquísimo que incluso les hace capacitaciones con almuerzo y video y toda la cosa.
- Me imagino que para las chuzadas…
- Si claro mijita. No es que mí si me parece genial oírle la vida a todo el mundo, puro espionaje como en las películas. ¿Te imaginas lo que uno descubriría?
- Ajá.
- Con la idea que nos dio Pachito de Velázquez amenazamos a Conchita que si no votaba por el candidato de nosotros le quitábamos el subsidio de transporte. Y la muy descarada contestó que cual subsidio, me tocó amenazarla con bajarle el sueldo. Finalmente votó a regañadientes pero votó. Es que el voto es democracia, pagado o no.
- Si tú lo dices…
- Además (Él), estuvo genial mija, le hizo la segunda al candidato en todo lo que se necesitó. Como siempre diciendo cosas sin decirlas, con parábolas para este pueblo miserable. ¿Qué tal la belleza el cuento de los huevitos? Nosotros le estábamos diciendo a Clarita de Salazar la editora que sacara un libro para niños con esta historia, para irlos induciendo desde pequeños.
- Ajá.
- Además mijita, es que el candidato santo tiene todos los juguetes, hasta su periódico propio, así las noticias salen listas del Palacio de Nariño, sin filtros ni pendejadas. Es que para un gobierno es un peligro que haya periódicos y noticieros contando las cosas que la gentecita no está preparada para entender.
- Ajá.
- Pero no te creas mijita, no había sólo gente de bien votando por el candidato santo. Había un grupo grande de la gente a la que se le dio su pancito para que fuera a hacer democracia. Pero también había mucho levantado, “fachitos pobres” como les dice tu tío. Que yo sigo sin entender porque votan si para ellos no hay tajada de ese ponqué. Pero muy chirriados mija. Lo que muestra que a la gentecita hay que orientarla. Decirle por donde es.
- Oye tía que pena contigo pero es que hoy amanecí con migraña y ni te he constestado, pero por lo que oigo mi tío tiene razón, de los animales políticos, tu definitivamente eres de las más animal.
- Lo tomaré como un cumplido mijita.

domingo, 30 de mayo de 2010

Para los amigos

Un amigo muy, pero muy neurótico que tuve alguna vez, decía que uno no volvía a hacer amigos después de los 30. Que si tenía suerte conservaba algunos de los que había conseguido en sus primeros años de vida. Este amigo se caracterizaba por una sutil y sofisticada visión de lo catastrófico, de lo que estaba mal, del lado triste de la vida. Inmamable. Algún día tuvo a bien decirme todo lo que estaba mal en mí. Dos días después de la catarsis yo le dije todo lo que estaba bien en él y que nunca, pero nunca más quería volver a verlo. Y a pesar de mi cercanía a los 30 años, tuve la suerte de hacerme un grupo de amigos de los que conservo uno que otro a pesar de la distancia. Como todo en la vida, uno tiene amigos buenos, malos, egoístas, generosos, divertidos, temporales, interesados, que sacan lo peor de uno, que lo hacen mejor, que le amargan la vida, que no llaman nunca, que le piden plata, que le suben el ánimo, que se ríen de uno con uno y que se ríen de uno sin uno y con los demás.

Hoy tengo la suerte de tener dos amigas que me cuidan, me quieren, se preocupan por mí y hasta me ayudaron a pintar la cocina. Extranjeras y con niños pequeños como yo, compartimos el karma de vivir en un país que adora los niños y los inmigrantes, si y solo si, estos están en otros países, si no entran a los mismos almacenes, si no comen en los mismos restaurantes, si no van a los mismos colegios, si caminan por el otro lado del andén. Tenemos toda una infraestructura montada para acomodar coches, teteros y bebes en nuestros paseos. Nos turnamos para medirnos ropa en los almacenes. Hemos hecho un detallado benchmarking de los esposos para concluir que todos son iguales. Nos vamos en gavilla cuando nos la montan y nos administramos las soledades, las alegrías y las amarguras.

Hace unos meses le pedí a Dios que me mandara una amiga, y generosamente me mando dos. Magnífico detalle de fina coquetería.

PD: También me mandó una amistad virtual que me preguntó porque no había vuelto a escribir. Llevaba mucho tiempo sintiendo que no tengo nada nuevo que decir. Este post también se lo dedico.

Imperfecto

El mundo no es perfecto. No debería serlo. Pero a veces pretendemos inútilmente que lo sea. A veces paso del cielo al infierno con solo cruzar la calle, de amor, al odio, al abandono, a la bondad. Trato de llevar la cuenta de quién va ganando en la lucha del bien contra el mal, pero es inútil. Es un infinito empate técnico.

Hasta hace un tiempo pasaba todo por el filtro de ser inmigrante. Pero es más complejo que eso. O tal vez más simple. Uno es lo que es, y en virtud de eso hay gente que lo quiere, que lo odia y otra que siempre será indiferente. Puedo hacer miles de esfuerzos, ser amable y sonreír, pero eso no cambiará el odio de la señorita de la oficina de correos por mí, o tal vez por su trabajo. Porque aunque sea ridículo reconocerlo, lo que ella sea y sienta no tiene nada que ver conmigo, aunque sea yo la que reciba la descarga.

Pero también funciona a la inversa. He encontrado gente que me quiere y me ayuda a pesar de que no todos los días estoy del mejor ánimo, aunque no sonría, aunque golpee a las cuatro de la mañana en piyama llorando a pedir ayuda.

Siempre pienso en lo que decía la sicóloga que me atendió después del parto: “En su país hay gente buena y gente mala. Acá es igual, no tendría por qué ser diferente. Si se lo merecen insúltelos, finalmente muchas malas palabras suenan parecido en los dos idiomas.” Y lo que en su momento me pareció todo un hallazgo, hoy se cae de su peso. El mundo no es perfecto. No debería serlo. Pero ya tengo identificadas algunas calles, direcciones y personas donde siempre me siento más cerca del cielo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Dias de...

No he podido volver a escribir desde que me salió este nudo en la garganta. Quería escribir algo bonito sobre el día de las madres, pero siempre he tenido problemas con los “días de”. Sabía que el día estaba cerca, pero no sabía que era hoy. No hice nada especial. Incluso hablé con mi mamá y no le dije nada. Y ahora llamo y llamo y muy seguramente todos los que están en mi situación, están pegados al teléfono y no puedo comunicarme. Quiero escribir algo que no suene a un cliché, pero no se me dan las cosas. Mando mensajitos en Facebook a mis amigas del colegio, de la universidad, del barrio, o del trabajo que ahora son mamás. Dedicadas y juiciosas aparecen en la fotico con sus niños. Puede que lleve muchos años sin verlas, pero todas me escriben mensajes y consejos bonitos siempre que pongo una foto de mi niño.
Pienso en mi mamá, a quien tampoco le gustan los “días de” pero que estaría feliz de verme hoy. Pienso en todas las personas que me han adoptado como una hija. Pienso en mi niño que duerme feliz después de que compartimos un plato enorme de fresas con crema. Pienso en las mamás que trabajan y en las que se quedan en la casa con los niños. En las regañonas, las “peace and love”, las que recogen reguero, las que cortan uñas, las que preparan tortas y las que las compran hechas, las que están solas y las que querrían estarlo, las que madrugan y se paran a esperar el bus, las que dan beso en la frente, las que tienen hijos que no están, las que tienen hijos que no avisan, las que castigan, las que premian, las que conversan, las que lo intentan todo, las que se sacrifican sin que nadie lo sepa…

Tengo un nudo en la garganta. No me gustan los “días de”. Todo lo que escribo es un cliché. Mi niño se comió la crema y me dejó las fresas. Pienso en mi mamá y en que mañana cuando pueda hablar con ella voy a sentirme mejor.

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En la foto, mi mamá y mi hijo.

Corto

Después de conocerla entendí que más que una herencia, dejaba una indemnización.

Corto

Cuando esta mujer vaya al cielo, Dios va a conocer lo que es el infierno.

lunes, 3 de mayo de 2010

Pulgas

Paula me invita al mercado de las pulgas. A las 9:30 esta lista frente a mi carro con la bebita instalada en la silla y el coche en el baúl. Yo bajo a las carreras con mi niño, al que se le asoma la barriga entre la pantaloneta y la camiseta. Nuestros paseos se parecen a un trasteo. Un carro con dos niños, dos mamás, dos coches, 12 teteros, 10 pañales y una tonelada de pañitos húmedos. Como en todos los mercados de las pulgas hay 6 montañas de basura por cada cosa que sirve para algo. Paula vendía ropa interior que compraba por internet al lado de una pareja de ancianos que parece sacada de una película de Vittorio de Sica. Sin dientes y con la mirada del que no espera nada, están sentados al borde de su camioneta frente a una sabana llena de partes de electrodomésticos. Ella los abraza y los besa. A pesar de llevar solo 3 años viviendo en Francia (después de dejar su Brasil natal) habla casi perfectamente el francés, y como lo disfruta, es difícil para ella estar en silencio más de un minuto. No encontramos nada. Nos divertimos preguntando cuánto cuestan los juguetes que hemos comprado nuevos a nuestros hijos. En nuestro cálculo todo lo que hay en las habitaciones de los dos niños, no se vende por más de 50 euros, a pesar de los cientos de euros que nos costó. El juguete que compramos con tanta ilusión en el almacén, se ve como un pedazo de plástico ridículo al lado de un conejo de peluche rosado bañado en polvo y mugre. Al final del mercado hay un puesto de frutas atendido por unos gitanos. Compramos alverjas frescas, uvas, fresas, naranjas y aceitunas para comer por el camino y escupir las semillas. Paula se acerca a pagar mientras yo cuido los niños que duermen rendidos. Estamos atravesados en el camino de una mujer que furiosa vocifera que al mercado no deberían llevar coches. Paula ofendida empieza a gritar. Una mezcla de groserías e insultos en francés y portugués. Aprovecho el desorden y la acompaño en la trifulca. Yo se que está triste. Una de las personas a las que les hizo el aseo esta semana, suspendió el contrato con la agencia porque no quiere que a su casa entren extranjeros. Tenemos otra vez la conversación de siempre. La mentira de la “integración”, el racismo, los prejuicios. Para no caer en la nostalgia del domingo le recuerdo que en todas partes hay gente buena y gente mala y que mi religión me prohíbe cocinar los domingos. Vamos al restaurante de siempre y repetimos el menú. No se lo he dicho, pero tal vez ella lo sabe, ella hace parte de mi lista de la gente buena que vive en Francia y me hace muy feliz que sea mi amiga.

sábado, 17 de abril de 2010

Estadística

- Hola tía ¿Cómo te ha ido con la campaña?
- Ah mijita, yo feliz acá dedicada a la política.
- ¿En serio?
- Si con tu tío no hemos parado en la casa.
- ¿Y cómo ves la cosa?
- Pues mijita como la llegada de <{(Èl)}> movió tanto las cosas, pues ya uno no sabe quién es quién, y menos en qué equipo juega. ¿Te acuerdas de los Parra?
- Si tía los de los caballos.
- Si mija, hasta donde yo me acuerdo ellos eran liberales. Después lo siguieron a <{(Èl)}>, por lo bien que les fue con los contratos, pero ahora están conservadores, o eso creo yo. Y como hay tanto candidato pues toca repartirse los votos, entonces la gente discute, no, que si yo era pariente de Mariano Ospina, que el Frente Nacional, no, es que mi tío abuelo estuvo en el gobierno de Lleras. Era más fácil cuando todos lo seguíamos a <{(Èl)}>. Pero lo que sí nos tiene felices es que vamos bien y todo seguirá como hasta ahora. El país que debe ser, el de la gente de bien.
- ¿Y mi tío qué comenta de todo?
- Mijita, nos hemos divertido mucho porque, claro en campaña a uno le toca ponerse en actitud democrática y nos hemos encontrado con que mucha gentecita viene a unírsenos. Gritan arengas, se ponen las camisetas. Chirriadísimos. Que la seguridad democrática. Que la continuidad en la gestión. Con tu tío nos preguntamos para qué le sirve la seguridad democrática a estos pobres que ni finca tienen. Pero es que ahí es donde uno entiende por qué debe ser la gente de bien la que decide, porque a estos les cerramos los hospitaluchos, les acabamos las universidades, les mandamos los hijos al monte y ellos felices como borreguitos. Tu tío dice que no hay nada más triste que un facho pobre. Claro no lo dice en público.
- Si, es mejor.
- Yo a tí ni te echo el cuento porque me imagino que seguirás con la camisa verde de los intelectuales.
- Si tía tú ya me conoces. ¿Y cómo les ha ido las encuestas?
- No mijita es que tú no sabes nada de política. Imagínate que Paquito de Zubiría nos enseñó que uno es el que dice cómo va en las encuestas, mejor dicho, tú la contratas le dices al encuestador: “Déme una con el 67% de favorabilidad” y entonces el encuestador va y hace la mímica de que encuestó una gente y que la metodología y que el 5% de error, y va, se pone la corbata más bonita y sale en el noticiero diciendo que es uno el que va a ganar.
- Si es verdad, no tiene nada que ver con las clases de estadística que vi en la universidad, cuando quería ser periodista.
- ¿Con la estadística? ¿Cómo así mijita?
- No tía, no me hagas caso, tu dedícate a la política.
- Yo feliz mija, yo feliz.

Delfines

 
Mi esposo decía que cuando se pensionara iba a comprar un barco. Los miraba en los puertos. Coleccionaba revistas del tema en el baño. Suspiraba. Algún día algo cansada del tema, le dije que era mejor si compraba el barco de tres puestos, uno para él, otro para mí y el último para la enfermera que nos iba a cuidar, teniendo en cuenta los años que faltaban para que él se pensionara. Le pregunté cuanto valía el barco más sencillo. No sabía. Le pregunté qué barco quería. Tampoco tenía idea. Al día siguiente cogió una revista de las que venden vehículos usados y llamó a todos los avisos. Encontró uno que era “El Renault 4 de los barquitos”. Viejo pero en buen estado. Lo vendía un señor que encantado le enseñó a navegar en un fin de semana. No valía mucho pero tenía muchos pendientes que mi esposo dedicado solucionó en sus ratos libres. Lo ha armado y desarmado y vuelto a armar, muchas veces. Pasamos tardes buscando el bombillito, el tornillo, el cable. Y cuando el viento es favorable, salimos a navegar. La mejor versión de mi esposo es la que conduce la nave. Feliz, orgulloso, libre. El mejor regalo que le puede dar a alguien es llevarlo a las islas que se ven desde nuestra casa.

Ayer salimos a navegar. Mi esposo quería darle una vuelta a su barquito antes de partir por 3 meses de misión. En la neverita del picnic echamos jamón, queso, pan, cerveza y los conejitos de chocolate que quedaron de la Pascua. En la mitad del trayecto, en medio del mar aparecieron los delfines. Delfines de verdad. Libres, salvajes. Les tomé fotos. Hasta un video. Sentí muchísima emoción. Luego me puse triste. Tal vez eran los últimos delfines. Pensaba en los que había visto otras veces, haciendo ridiculeces y comiendo galletas para el deleite del público. Los seres humanos somos estúpidos. Todo tiene que servir para algo, y en esa búsqueda despiadada matamos, devastamos, eliminamos todo lo que existe. Estamos convencidos de que los animales existen para complacernos. Si son salvajes amamos tener sus cadáveres en la sala. Domesticamos a los más gentiles para doblegarlos a nuestros deseos e imitar nuestros hábitos. Y a los que no nos gustan, o a los que tememos los destruimos sin piedad.

Ver los delfines, me puso triste. No. Tal vez ya estaba triste. Solo me faltaba una excusa para llorar y un tema para escribir.

El video: http://www.flickr.com/photos/32868671@N00/4526311036/

miércoles, 7 de abril de 2010

Muñecas

Juegas con muñecas. Te las robas del cuarto de tu hermana y las llevas al tuyo. Las cuidas, les cantas, les das tetero y cuando se portan mal gritas “tonto” y las lanzas al aire. Cuando te vas a acostar las ponemos junto a ti sobre la almohada, las tapamos, les damos un beso y esperamos a que se duerman. Cuando no las encuentras me preguntas “¿Bebe?” y yo te ayudo a buscarlas. También juegas a hacer abdominales en la máquina que me regaló tu papá. Abres las alacenas y los cajones, sacas el contenido y luego lo distribuyes aleatoriamente. Tiras las mandarinas por el balcón. Cantas a pedazos “Bohemian Rapzody” de Queen. Haces bocaquiusa con el Himno de la Alegría. Sacas las maracas cuando oímos a Celia Cruz y bailas dando vueltas. Apagas, desconectas y des configuras todos los computadores a tu alcance. Te gusta ver como se diluyen los royos de papel higiénico en el inodoro. Gritas. Cantas. Corres. Nos muerdes y luego nos llenas de abrazos y besos. Hablas por teléfono. Maldices. Te ríes a carcajadas. Al final del día te quedas dormido abrazado a tus muñecas. Contigo no me aburro nunca y aunque te regañe y haga mi pose de “estoy brava”, en el corazón soy muy feliz.

Generosidad

La mujer explica que a pesar de su dolor, quiere agradecer a las personas que les ayudaron durante la penosa enfermedad de su hijo. Al saber que le quedaban dos meses de vida, los compañeros de trabajo de su esposo le donaron días de vacaciones para que pudiera estar junto al niño. El papá acongojado toma la palabra y dice que lo que hicieron sus compañeros es no solo una muy buena idea, sino un ejemplo a seguir. Muestran la foto del hijo que ya no está y a los donadores de días, gente normal de jean y camisa, con una sutil expresión acorde a las circunstancias. Lloro del principio al final del reportaje, frente al televisor. Desde que soy mamá todas estas historias me rompen el corazón.

Hipótesis

Desde niño estaba convencido de que los ricos eran más felices. Mientras caminaba al colegio se iba pensando que haría si se ganara un millón de pesos. Se desplazaba mirando al piso en busca de alguna moneda. En su casa le enseñaron a ser bueno. Le dieron ejemplo. Nunca faltó nada. Nunca sobró. Pero siempre sintió que eso que no tenía, eso que no podía comprar, era la llave de la felicidad. Las pequeñas carencias lo hicieron hábil y recursivo. Los juguetes que no tuvo desarrollaron su imaginación y la capacidad de crear universos magníficos. Siempre insatisfecho, de todo y de sí mismo, desarrolló un sentido del humor negro y brillante que era el deleite de sus amigos. Porque amigos tuvo muchos, muchísimos, que lo querían sin preocuparse de lo que tenía. Solo disfrutaban de lo que él era. Su inteligencia lo llevo lejos. Le dio el dinero y el reconocimiento con que soñaba mientras recorría el camino al colegio. Pero siempre encontraba alguien más rico y desilusionado perdía de vista lo que era y lo que había conseguido. Angustiado dejó de crear y empezó a calcular, a medir, a comparar. Los universos magníficos desaparecieron en los hoyos negros de su soledad. Sus amigos trataron de mostrarle, sin éxito, que siempre tuvo todo para ser feliz, pero se sintió traicionado por ellos, convencido de que no podrían entenderlo. Y sin darse cuenta se volvió en sí mismo la comprobación de que su hipótesis era falsa: Los ricos no son necesariamente más felices.

martes, 30 de marzo de 2010

La camisa verde

- Hola tía, ¿Estás brava conmigo que no me has vuelto a llamar?

- Mijita después de la vergüenza que nos hiciste pasar…

- ¿Cuándo tía, yo qué hice?

- Mi reina, como se te ocurre decir a ti, que todos somos iguales en la mitad de las onces, que para colmo, hacíamos en honor de tu visita a Bogotá.

- Pero tía, Magolita de Child me preguntó que yo qué había aprendido en estos dos años, yo sólo le dije lo que pensaba.

- Mija es que esas ideas tuyas son simpáticas en familia, para ponerle picante a la discusión, pero son peligrosísimas. Uno no dice esas cosas en púbico. Tu tío y yo te las aguantamos, porque te conocemos, pero ¡Qué contrariedad!

- Discúlpame tía, que pena contigo y con Magolita.

- No si la más conmocionada fue Bertica de Useche. Al otro día me llamó muy descompuesta, que si yo me imaginaba qué pasaría donde esas ideas tuyas se promovieran. Qué pasaría con sus cultivos de palma y con sus acciones en la EPS. La gente de bien se iría para el carajo mija.

- ¿Y estaba muy descompuesta?

- No tanto como Estelita de Campuzano. A ella la llamé yo. Muy triste me decía que no volvía a comprar ningún producto francés. Que si ella hubiera sabido antes que Francia era socialista, y que todo el mundo tenía los mismos derechos, y todas las pendejadas esas de la salud y la educación para todos, ella si no le hubiera gastado un peso a la champaña francesa, ni a la visita al Museo de L’Ouvre. Qué dónde esta el caché de comprar le cosas a un país donde no se sabe quién es quién.

- No tía que pena contigo. Pobres tus amigas.

- Tu tío dice que gracias a dios no viniste en período de elecciones. Que ya estarías en las plazas públicas con una camiseta verde, contándole a la gente tus hallazgos en el primer mundo.

- No es para tanto tía. Además ¿Quién me oyó? Unas amigas tuyas a las que lo que dije les parece espantoso.

- Si claro, hazte la pendeja, que Conchita oyó todo mientras nos servía las onces, y claro, al otro día me recordó que no la tenemos afiliada al seguro y que si era posible que tuviera libre el sábado además del domingo. No faltaba más que ahora me toque a mí hacer desayuno los sábados.

- ¿Y qué vas a hacer hoy?

- Mija pues nos vamos a un meeting político en el club. Toca hacerle fuerza al candidato que garantice que todo seguirá igual, no sea que se nos cuele algún intelectual que le enseñe cosas raras a la gentecita y se nos acabe la comodidad. ¿Y tú qué vas a hacer mijita?

- No tía, nada especial, como es sábado nos levantamos tarde y ahora estamos haciendo el desayuno.

viernes, 26 de marzo de 2010

El álbum

Para el día en que me preguntes quién era yo antes de venir a Francia. Por qué soy diferente. Por qué tengo este acento, o Por qué hablamos español en nuestra casa, preparé un álbum de fotos. Muchas me las robé de los álbumes de la abuelita, otras estaban guardadas entre cajones del que fue mi cuarto. Muchas están en mala calidad porque estuvieron pegadas en un corcho mientras fui adolescente. No están en orden, porque la vida no pasa en orden. Simplemente pasa. Verás que en las fotos hay otras personas: Están mis amigas del colegio, mis compañeros de trabajo, mis abuelos, mis alumnos, gente a la que quiero o a la que quise, o a la que sigo queriendo aunque no esté con nosotros. No hay fotos de mis novios porque todas las rompí llorando. No hay ninguna con frenillo porque el tiempo que lo tuve no dejé que nadie me fotografiara. Hay muchas con mi hermano, porque a pesar de pelear día y noche, hicimos muchas cosas juntos. De la abuelita hay pocas porque no le gustan las fotos. Cuando terminé de ponerlas en el álbum me di cuenta que las cosas que me parecían terribles no lo eran.Que uno se viste siempre de los mismos colores.Que a pesar de las
circunstancias uno siempre puede reírse para la foto. Espero que cuando lo veamos juntos nos riamos mucho y no me ponga triste como hoy al observarlo.

domingo, 21 de marzo de 2010

El palillo

El congresista se limpia los dientes con un palillo mientras comienza la interlocución. Gordo. Sudoroso. Grasiento. Estaba rico el almuerzo. Saluda a un compañero. Se saca el pedazo de carne. Se pasa la mano por la solapa. Esta lleno. Disimula mientras se afloja el botón del pantalón. El sabe que no puede acompañar el almuerzo con cerveza porque eso le produce sueño. Dios mio, que si me duermo no ronque.

El está en un corredor del hospital esperando una habitación. Es un niño. Esta enfermo. A pesar de la precariedad de sus empleos y de la contratación indigna, sus papás han hecho todo para pagar la cuota de la EPS. Pero el sigue ahí, en el corredor. Con frio. Asustado.

Empieza la interlocución. El congresista le timbra a la secretaria para que le recuerde como es que tiene que votar. ¿Mija, al fin quien fué el que nos patrocinó este voto? Detrás de la factura del restaurante anota para que no se le olvide: Votar no. Y subraya. El vecino le conversa. El congresista no le entiende, está lleno. Malaya una sal de frutas. Un tinto. La suerte lo acompaña y se lo toma a ver si entiende al menos al vecino.

Yo rezo desde acá por este niño. Mi familia lleva semanas de peregrinación de hospital en hospital. Trato de no perder la esperanza. Me avergüenza. Me escucho a mi misma preguntándole a mi mamá si no tenemos una palanca. ¿Oye y el amigo que tú tienes allá, no nos podrá ayudar? Repasamos de uno en uno los nombres de la libreta a ver si hay alguien que pueda ayudarnos, porque sabemos que para el niño no es un tema de derechos, es la suerte de encontrar el contacto que nos dé una mano.

El tinto no hizo efecto. El congresista duerme la siesta y yo lo miro dormir, en la página de noticias, donde comentan el hecho dentro de las curiosidades de la semana.

Primavera

Cuando está por llegar la primavera los cerezos estallan en flores blancas y rosadas. La temperatura sube cada día un poquito. Un día se sale sin gorro, otro sin guantes, otro sin bufanda… a veces llueve a cántaros y toca devolverse por el impermeable. Todo va cambiando y yo que crecí en Bogotá donde las 4 estaciones pueden suceder en un solo día, me sorprendo. Negocio magnifico este de estar alejados de la línea del Ecuador. Cambia la decoración de las casas, la ropa, los zapatos, los cosméticos, las prioridades. Increíblemente no sirve nada de una estación a otra. Lo que más me gusta es que cambia la dieta. En las noticias informan que ya podemos comer fresas francesas. Son rojas, enormes, brillantes. La periodista parada en medio del cultivo las prueba y hace: ¡Mmmm! Presa del mundo mediatizado me emociono, me pongo la chaqueta, se la pongo al niño y me voy a comprar fresas. 4 euros el kilo. No importa. Cojo mi cajita y cuando me dirijo a pagar, una mujer con un abrigo beige, rubia y espigada se acerca, coge una de las fresas y me muestra como no está “perfectamente” madura. Alega, está furiosa. El 7% de la fresa no está totalmente roja. Yo asiento con la cabeza. No digo nada. Sigo. Miro mis fresitas.

Yo he hecho todo para integrarme a este país. Hablo, leo y escribo su idioma. Me leo los periódicos y las revistas. Veo los noticieros. Trato de aprender su historia para comprender su visión de la vida. Espío las conversaciones de la gente en los restaurantes. Sigo sus leyes. Me como sus quesos. Me tomo sus vinos. No sé que más podría hacer. Me estoy dando por vencida. Nunca seré una verdadera francesa. No sólo no me parece grave que el 7% de la fresa no esté “perfectamente” roja. Sino que me dan unas ganas incontenibles de mechonear a la rubia del abrigo, que no sabe lo que es el hambre, el respeto a la naturaleza, lo sagrado en los alimentos. Si yo fuera valiente le echaba la madre. Pero no, me subo al carro y me como una de las fresitas. Esta dulce, fresca, jugosa. Es una lástima que la gente a mi alrededor no la pueda disfrutar.

jueves, 18 de marzo de 2010

La rifa del tigre

El matrimonio se parece a ganarse la rifa de un tigre. Cuando uno va a los zoológicos que son las casas de las amigas casadas (y ojalá con niños), se descresta con la belleza del animal. Entonces uno hace todo para ganarse el premio. Compra las boletas. Espera. Se ilusiona y finalmente un día se lo gana. El mio es rubio, ojiazul y con acento francés. Por algún tiempo fui la envidia de mis amigas solteras. Las casadas no me envidiaban porque sabían y no me lo dijeron, que tigre es tigre. Pero llega el día de irse a vivir con el felino en mención. Entonces empieza el trabajo que implica tener un bicho de estos en la casa: cocinar, lavar, recoger, etc. También habrá que ocuparse semanalmente de los tigrillos concebidos con otras hembras y por si fuera poco, aguantarse la suegra que por obvias razones será una fiera.

Hace unos días mi esposo fue asignado a una misión más larga y más lejos de lo habitual. Al saberlo entre en crisis: Qué voy a hacer yo acá sola y con el niño… Pero el estrés de la misión exacerbó al tigre, como si estuviera enjaulado pero listo para irse de casería. Entonces por arte de magia mis dudas sobre que voy a hacer se despejaron: redecoraré la jaula, perdón, la casa, pasaré uno que otro día en piyama, dormiré con la televisión prendida, no contestaré el teléfono cuando llame la fiera, etc.

No es que diga que no me va a hacer falta, pero si cuando el gato se va los ratones hacen fiesta, ¿Cómo será cuando se va el tigre?
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El de la foto no es un tigre, pero esa es la idea.

martes, 9 de marzo de 2010

Treinta y muchísimos

Hace unos días cumplí treinta y muchísimos años. Soy afortunada de vivir en Francia donde hay tanto viejito, porque acá sigo pareciendo joven, mientras que en Colombia estaría en la categoría de las “cuchi”, con el agravante de no tener la plata ni la intención de plastificarme en “cuchi-barbie”. Cuando el hijo de mi esposo hizo la cuenta de cuantos años tenía sentí como una caída libre en el estómago. Después me di cuenta que no era tan grave. Ya superé los años atroces entre los 15 y los 20, donde uno quiere parecer de 30 y pretende que se las sabe todas. Ya tuve frenillo. Ya sé que no se me ve bien la permanente, ni los rayitos rubios. Ya no tengo la angustia horrible de quedarme solterona que tuve entre los 20 y los 30. El hecho de no tener que “pensar” en otro me dio a posibilidad de crecer, de viajar, de darme gusto, de trabajar en cosas interesantes y diversas… pero vaya y dígale eso a una muchacha de 25 años, que llora porque no le ha llegado el mancito que es. Tiempo tan perdido el de sufrir por estar soltera. Si hubiera invertido ese tiempo en aprender idiomas y en hacer ejercicio, sería una mamasita políglota. Tuve suerte porque me llegó el que era a los 30 y la maternidad a los 35: yo ya había rumbiado, comido y comprado todo lo que se me había antojado, ya no era un problema la estabilidad, ni la monotonía, ni el sacrificio. Hoy me pregunto como hace una niña de 14 años para ser mamá y no sentirse perdida y a veces desesperada.

Sin que ahora sea una matrona disfruto de una insipiente sabiduría: Las más bonitas no son necesariamente las más felices. Los más bonitos son los que más hacen sufrir y con los que menos se tiene de que hablar. Cuando uno piensa que la plata lo es todo, lo que tenga nunca será suficiente. Si te responden que no importa, si importa. La inversión que se haga en la fiesta de matrimonio no garantiza el éxito de mismo. Ahorrar es bueno. Gastar también.

Pero claro toda esta sabiduría ya no me sirve de nada, porque me cambiaron todas las preguntas. ¿Cómo hago para educar a este niño y que no quede ni psicorígido ni salvaje? ¿Cómo hago para ser una buena madrasta y no oscilar entre Cruela de Vil y Mary Popins? Si el hijastro se vuelve adolecente ¿Dónde puedo esconderme? ¿Me toca pagar los impuestos por Internet? ¿La póliza de qué? Excuse moi je n'ai pas compris. Si mi amor. No mi amor no los he visto. Dame 5 minutos. ¿Se van a divorciar? ¿Qué yo qué opino? ¿Lo pongo a fuego lento y lo saco cuando este doradito? ¿Viene tu mamá este fin de semana?

Me imagino que cuando esté cumpliendo cuarenta y muchísimos tendré algunas de estas respuestas. Solo espero administrar mis neurosis equilibradamente y celebrar cada año aunque la cifra se vuelva inconfesable.

domingo, 28 de febrero de 2010

La perfección. La casa.

La conversación empezó con el siguiente comentario:

- Yo entendí que tú no eres buena ama de casa porque te gustan mucho los libros.

Y concluyó con el este:

- En cambio mira a … - Dijo orientándose hacia mi cuñada. – … La casa de ella siempre esta perfecta porque ella no lee libros.

Los comentarios de mi suegra se miden con la Escala de Richter. Cuando felizmente cierra la boca, se hace un control de daños a ver con quien acabó, se recogen los escombros y se ordena el desastre.

Yo no soy Bree Hodge. No me interesa. Hace sólo dos años y un mes que soy ama de casa. Hago mi mejor esfuerzo. Pero el oficio sólo se nota cuando uno no lo ha hecho. Las cosas que no sé hacer (como planchar) las omito y me justifico con mi nueva conciencia ecológica. Me gusta cocinar y confieso que la alegría del hogar se llama VIVA, una lavadora de platos con dos funciones: limpiar y esconder el desorden. No sé de donde sale tanta ropa sucia, pero he descubierto que no es grave ponerse el mismo blue jean tres días seguidos. Tengo problemas para acordarme de limpiar el polvo y el día que cambio las sábanas hago la siesta. Ayer oí que una vecina lava las cortinas en cada estación, pero dado que yo nací en la Zona Tórrida, lo haré cada año. A mí las estaciones no se me dan.

Lo que más me molesta son las señoras que cantan mientras limpian el piso en los comerciales. Huelen la superficie brillante. Acarician la baldosa. ¿Por qué están tan bien vestidas? ¿Tan peinadas? ¿Acaso sólo yo hago oficio en pijama? ¿Por qué no se ponen furiosas cuando el niño riega la papilla? ¿Quién va a visitarlas a sus casas perfectas, Geoge Clooney?

Mi casa no es perfecta. El revuelto de niños de varios matrimonios, de los muebles de pino y de un ama de casa de buen corazón pero bastante mediocre, la han hecho un lugar ideal para echar motosos el fin de semana y para sentirme siempre como en mi casa.

La perfección. Las huellas.

El tipo me sacó a bailar. Tenía una cicatriz que empezaba en la frente y terminaba abajo del ojo. Era español y trabajaba para la Cruz Roja. La mezcla de las tres cosas, me hizo sucumbir. Mientras bailaba (sin ritmo) me lo imaginaba en algún rescate. Le pregunté cómo se hizo la cicatriz.

- Vamos que era un crio, y como la verdad yo soy un poco torpe, pues que casi no aprendo a montar en bicicleta. Y pues me he caído, y en el piso había un …

Cuarenta y cinco minutos de historia después, yo buscaba mi chaqueta y pedía un taxi para irme sola a mi casa. Me fui pensando que si hubiera sido una mujer la de la cicatriz, tendría un complejo insoportable y habría hecho miles de cosas para borrar la huella del accidente, como hacemos las mujeres con todas las huellas. Yo sufro con las de la maternidad a pesar de tener un hijo precioso. (Precioso porque es mi hijo.) Cremas, ejercicios, dietas. Todo. Lo confesable y lo inconfesable. Mi esposo aburrido con mi último experimento de régimen, entró hace dos noches a nuestro cuarto con una revista para mujeres en las manos.

- Acá dice que esta crema es adelgazante. Que en 10 días vas a bajar 2 centímetros. ¿Yo te la compro y vuelves a comer como antes?

No tengo corazón para decirle que esas cremas no funcionan. Como casi todos los productos de una industria dedicada a hacernos sentir imperfectas. No tenemos derecho a las arrugas. A los kilos de más. A las manchas del sol. A las canas. Pero estamos obligadas a comprar todo y a soñar con borrar el paso del tiempo, la gula del fin de año, el hecho de haber tenido un hijo.

Me consuelo pensando que las mujeres perfectas tampoco son felices. Que viven con hambre. Que tarde o temprano envejecen. Que es puro Photoshop. Que la presión es tanta que terminan haciéndose un lifting que las deja parecidas a una Barbie: siempre con la misma expresión idiota.

Pero no. En la meta esta la trampa. La meta es la perfección, no la felicidad.

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Foto retocada con PhotoShop.