miércoles, 1 de septiembre de 2010

La Pobre Viejecita

He estado tratando de establecer si Rafael Pombo conoció Francia. Investigando encontré que vivió entre 1833-1912 y que fue diplomático en Nueva York a pesar de haber estudiado ingeniería. Según Wikipedia: “Pombo es no sólo el mejor fabulista de las letras colombianas para la niñez, sino uno de los grandes iniciadores de esta modalidad literaria en la región. Se conocen 222 fábulas que pasan por ser de su autoría siendo en realidad traducciones del inglés al español, y por ende más que fabulista como se le ha creído no pasa de ser mas que un muy buen traductor al español de Colombia.” No he podido establecer si conoció Francia o sus gentes. El tema me inquieta, porque nadie pudo describirlos mejor:

La Pobre Viejecita

Érase una viejecita
Sin nadita que comer
Sino carnes, frutas, dulces,
Tortas, huevos, pan y pez
Bebía caldo, chocolate,
Leche, vino, té y café,
Y la pobre no encontraba
Qué comer ni qué beber.
Y esta vieja no tenía
Ni un ranchito en que vivir
Fuera de una casa grande
Con su huerta y su jardín
Nadie, nadie la cuidaba
Sino Andrés y Juan Gil
Y ocho criados y dos pajes
De librea y corbatín
Nunca tuvo en qué sentarse
Sino sillas y sofás
Con banquitos y cojines
Y resorte al espaldar
Ni otra cama que una grande
Más dorada que un altar,
Con colchón de blanda pluma,
Mucha seda y mucho olán.
Y esta pobre viejecita
Cada año, hasta su fin,
Tuvo un año más de vieja
Y uno menos que vivir
Y al mirarse en el espejo
La espantaba siempre allí
Otra vieja de antiparras,
Papalina y peluquín.
Y esta pobre viejecita
No tenía que vestir
Sino trajes de mil cortes
Y de telas mil y mil.
Y a no ser por sus zapatos,
Chanclas, botas y escarpín,
Descalcita por el suelo
Anduviera la infeliz
Apetito nunca tuvo
Acabando de comer,
Ni gozó salud completa
Cuando no se hallaba bien
Se murió del mal de arrugas,
Ya encorvada como un tres,
Y jamás volvió a quejarse
Ni de hambre ni de sed.
Y esta pobre viejecita
Al morir no dejó más
Que onzas, joyas, tierras, casas,
Ocho gatos y un turpial
Duerma en paz, y Dios permita
Que logremos disfrutar
Las pobrezas de esa pobre
Y morir del mismo mal

1 comentario:

Juan Pablo dijo...

La verdad muy poco conozco de los franceses, pero no creo que eso sea problema de ellos, me parece que es más del espíritu humano siempre inconforme. Yo por ejemplo envidio el horario de trabajo de ellos, porque trabajar 9 horas diarias como acá me parece un abuso, pero me pongo a pensar y seguro que si estuviera trabajando solo 7 horas, también me parecerían un abuso y querría trabajar más.

Como dicen, nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, uno nunca esta conforme.