martes, 21 de septiembre de 2010

Oficio

Ayer no hice nada, pero terminé exhausta. Hice de todo, pero no terminé nada. Nada. Hacer oficio. Eterno martirio en el que si lo dejo de hacer se nota y si lo hago nadie se da cuenta. Se supone que es lo que debo hacer. No hay indicadores de gestión. No hay la promesa de un proyecto de reingeniería que reduzca el tiempo de ejecución y aumente la efectividad de las tareas. No hay mentiras corporativas. Solo platos, ropa, basura, desorden, polvo. Si lo haces hoy, lo harás mañana y posiblemente toda la semana. Hace una semana miro las ventanas de la sala con las huellas de mi niño. Todos los días prometo que voy a limpiarlas. Mi vecina esta descolgando las cortinas para la limpieza del otoño. La odio, pero si tuviera dinero la contrataría y la pondría a hacer en mi casa todo lo que hace en la de ella. Ya no me dejo convencer por las Tele-ventas: por mas espectacular que sea el artefacto, implica sacarlo, usarlo, limpiarlo y guardarlo. Los jabones caros limpian igual que los baratos.  Empiezo a ver como una opción la comida congelada y cada vez son más simples mis recetas. No hago nada, pero no paro de hacer cosas en todo el día, cosas que no termino, que siempre dejan algo pendiente. Hay que ser optimista, dejaré de escribir mis inútiles lamentos y me dedicaré a limpiar las ventanas. Dentro de cinco minutos…

3 comentarios:

Colombiana dijo...

Hola! Hace unos días encntré tu blogg y me ha gustado mucho, me identifico con muchas de las cosas que cuentas. En este post en especial parece que yo estuviera escribiendo, me pasa exactamente lo mismo de todo y nada para hacer en la casa. Saludos desde Suecia.

Wilmar dijo...

jajaja que mas da limpiar las ventanas en 5 minutos o 2 dias, escribir es siempre importante, cambia stu mente de ritmo y la de nosotros un poco tambien, Saludos!!

Lalu dijo...

Yo creo que tendría un trabajo cagado en una cafetería solamente para poder pagarle a alguien más para que limpie mi casa.

Mentiras, estoy exagerando. Es sólo que limpiar me parece una de las cosas más malucas del mundo.