lunes, 18 de abril de 2011

El síndrome For-Ever-Young

El 5 de marzo, vísperas de mi cumpleaños hablaba con mi amiga Olguita de lo triste que estaba por cumplir 39 años. Mi Olguis que siempre fue mejor que yo en matemáticas me dijo: "No, tu no eres sino un año mayor que yo, cumples 38". Abrí la calculadora de Windows y asombrada comprendí que me había ganado un año. Llevaba como 3 meses dedicada a hacer todos los gestos típicos del síndrome For-Ever-Young: Gimnasio 3 veces por semana, cremas en la noche, filtro solar en la mañana, cepillo de dientes eléctrico, dieta equilibrada - casi vegetariana- reducción de la Coca-cola... Una extraña vitalidad típica de los que tratan de ocultar que están exhaustos y quieren verse siempre frescos y jóvenes. Feliz con el año que me había regalado Olguita, le bajé el ritmo a mis precarias gestiones de una vida sana.

Pero debo confesar que el tema me ha dado vueltas en la cabeza. Hace unos días Florence Tomas escribió una carta abierta a Amparo Grisales a raíz de una nueva marca de productos anti envejecimiento que promociona. Como todo lo que tiene que ver con ambas mujeres, generó una polémica espantosa en los foros por Internet, abandonados como siempre, del respeto, del sentido común y de la ortografía. Confieso, que estoy de acuerdo con Florence a pesar de que me pareció que estuvo mas amable de lo normal.

A mi la verdad no me da envidia de Amparo Grisales, me parece una prisión terrible, una pobre mujer que dedica la mitad de su tiempo a estar bonita, que debe haber pasado hambre desde los 12 años, a quien ningún hombre le dará la talla y para quienes ella siempre será una cosa y no una persona. Alguien que nunca podrá estar pálida y ojerosa sin despertar comentarios mal intencionados.  Pero sobre todo alguien a quien todo el mundo le calcula la edad y le busca el defecto para consolarse con sus imperfecciones.

Tampoco me da envidia de Florence Tomas, porque me parece terriblemente coherente. Yo tengo un corazón feminista, pero un cerebro consumista, hedonista y superficial que me hace soñar con zapatos y una tarde en un spa. Pero respeto, valoro y abrazo su compromiso con las causas de las mujeres. Y sin querer atacar a Amparo Grisales como persona, creo que si debe cuestionarse lo que representa. ¿Cuándo podrá tomar ella, y todas las que la emulan, la decisión de liberarse de la esclavitud de la belleza? ¿Cuándo dejaran de explicar que la belleza interior es la que cuenta, pero que no hay la menor posibilidad de una semana sin Botox? ¿Cuándo podremos ver la realidad sin el filtro del Photoshop? ¿Cuando dejará de ser indigno envejecer?

Anne Roumanoff, otra de las humoristas francesas que me encantan desde que las entiendo, en un stand-up sobre una reunión de ex-alumnas, contaba que una amiga se acercaba a decirle que estaba igualita. Ella se preguntaba si en verdad era eso un cumplido.  ¿Si todo el psicoanálisis al que se había sometido, todo lo que había aprendido en 20 años, todo lo que había hecho, lo que había viajado, no merecía al menos el mérito de haberla hecho una persona mejor? No puedo estar más de acuerdo. Yo me pregunto que quisiera que me hicieran como cumplido y no encuentro un adjetivo que reúna lo que yo quisiera transmitir, sólo me gustaría que las personas se sintieran bien cuando están en contacto conmigo, a pesar de mis incoherencias y mis síndromes, y también me gustaría dejar de preocuparme por el For-Ever-Young y estar satisfecha con el For-Ever-Me, pero como dice Anne Roumanoff, la ventaja de cumplir 40 años es que me quedan otros 40 para aprender a aceptarme tal y como soy.

1 comentario:

Alexandra Vega Rivera dijo...

Mirá vos, la mención de Amparo, la postura de Florence y la tuya en un mismo post. Impecable! Estoy de acuerdo con Florence en su carta y estoy de acuerdo contigo respecto a su amabilidad (no tan característica en ella). Pero imaginate tu el tamaño y dimensión de la controversia si hubiese sido tan cruenta como en el fondo seguramente lo fué.

Muy buen texto mujer. Saludos.