domingo, 18 de octubre de 2009

Barcos

Mi vecina demacrada me saluda en el corredor. Le pregunto si se siente mal. Confiesa estar cansada. Pasó la tarde peleando con su hijo tratando de obligarlo a escribir 100 veces: “Debo oír todo lo que la profesora dice.” Le digo que me parece un poco desmedido el castigo y algo inútil, que hable con la profesora. Al día siguiente me la encuentro de nuevo, viene subiendo con el niño de la mano.

- Hablé con la profesora.
- ¿Y qué te dijo?
- Qué el problema de André, es que es un soñador.
- Pero eso no es un problema…
- Parece que sí, que se la pasa en las nubes pensando no sabe en que cosas…

Llegamos a su casa y me invita a seguir. Encima de la mesa del comedor hay un barco hecho con cajas y botellas plásticas recicladas. Le pregunto al niño y me cuenta que el fin de semana vuelve su papá de misión, que está haciendo un barco para jugar con él en la playa. Como percibe mi interés, me lleva a su cuarto y me muestra otros barcos, carros, carretas y la maqueta de un restaurante llena de detalles hechos de toda clase de materiales.

- Si cuando sea grande no puedo trabajar haciendo barcos voy a ser chef.

Su mamá se acerca y se disculpa por el desorden. Me explica que este niño prefiere inventar mamarrachos con la basura que hacer las tareas del colegio. Que no sabe qué hacer con él. Tengo mil cosas para decir, pero me abstengo. Cuando escucho sus historias tengo la sensación de que la profesora y ella prefieren un muchachito promedio, que hagan lo que se le dice y que termine de cajero en un supermercado. Yo espero que al final André gane la batalla. Por el momento le estoy haciendo una bolsita con las tapas de las botellas, con alambres, y con otras cosas que me encuentro por ahí… Tenemos que mejorar la resistencia de sus barcos.

2 comentarios:

joselop44 dijo...

El niño es muy bueno en lo que le gusta. Cierto que hay que lograr que se esfuerze copnas tareas del colegio, pero nunca quitarle las ganas de seguir sus aficciones; el día de mañana, será feliz si se puede ganar al vida con lo que le gusta.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Ya lo decía Einstein: es un milagro que con la educación no siempre maten la creatividad...