sábado, 6 de diciembre de 2008

Las llaves están en el bolsillo

Yo no sé si un día voy hablar un francés del que me enorgullezca. He hecho varios esfuerzos por mejorar, pero creo que solo ahora voy a lograrlo. Gracias a una amiga, encontré una monjita adorada que me da clases. No cobra porque es parte de su misión enseñarle a los inmigrantes a hablar francés. Según ella es el paso más importante para adaptarse a un país. No es que no hable, es que hablo horrible. Y de alguna forma me acompleja y ha reforzado un lado tímido que ni yo me conocía.

Cuando se firma en contrato con Francia para recibir la Carte de Sejour, la persona se compromete a hablar la lengua. En mi entrevista para la firma, certificaron que hablaba lo suficiente para no necesitar las clases que el estado ofrece a aquellos que lo necesitan.

Y uno se pregunta cómo sería su vida si hablara perfectamente… Cuando vivíamos en Marseille tomaba clases en la Alianza Francesa, las cuales me sirvieron para “aflojar” el oído. Una noche, como todas las noches que los niños se quedaban con nosotros, la niña de mi esposo entró a la cocina y me preguntó que íbamos a comer… era la priemera vez que le entendia, le mostré las hamburguesas y las papas fritas… se puso feliz y yo también…

También me acuerdo que en los primeros viajes, oía a mi esposo discutir con su mamá frente a la puerta… Mi esposo tiene un acento lleno de ruidos y cambios fuertes de entonación y nada de lo que decía se parecía a nada que yo conociera. Estaba furioso. Finalmente salimos. Me fui todo el camino triste pensando cuando sería el día en que iba a entenderle a él, sobre todo a él, su lengua nativa. Por la noche, tomé la decisión de preguntarle qué quería decir un conjunto de ruidos que trate de reproducir lo mejor que pude. Dime mi amor, que quiere decir eso… Quiere decir, yo dejé las llaves en mi bolsillo. Y yo que pensaba que cuando entendiera el francés, un mundo mágico se abría a mis pies, que todo lo que iba a oír sería interesante, que las telenovelas eran mejores, que las noticias eran siempre buenas… Me divirtió tanto que al otro día hice el firme propósito de aprender como fuera una palabra al día… Hay vamos.

1 comentario:

Lea Mackay-Mejia dijo...

Como todos tus posts, un fascinante tur de lo que pasa en la cabeza de un ser pensante, curioso, y con buen sentido de humor!