martes, 17 de febrero de 2009

Confesión

Te confieso que pensaba que de los tres meses pasabas a los tres años. Estaba preparada para tu primer día de colegio, para comprarte un triciclo y para empezar a hacer aeromodelos juntos. Pero no tenía en mis planes lo que la gente llama “crianza”. Fue tu abuelita la que me hizo caer en cuenta que había que enseñarte millones de cosas, como decir mamá, aplaudir, hacer “tope tope tun…” yo busqué en Internet a ver si había una lista, pero no, nada, y ahora que iba a hacer? Pero te juro que esto ha sido lo más especial que me ha pasado en la vida. Yo sé, me ves llorando a veces, te juro que no estoy triste, es que eso que siento por ti, es superior a mí. Cuando te veo dormido, cuando te oigo respirar, cuando te ríes, cuando alegas… yo siento eso que no puedo describir y me dan ganas de llorar. Soy muy feliz, pero al mismo tiempo tengo miedo… por eso me limpio las lágrimas y sigo como si nada, disfrutando de estar contigo.

Gracias a Dios no eres nada de lo que me imaginé antes de que nacieras. Ahora que te conozco me has parecido un tipo increíble, con una personalidad arrolladora, sonriente, fresco, adaptable… tanto que me pregunto a quien le heredaste todo eso, o si es lo que tú eres. Cuando todo es un desastre tu estas tranquilo y sonríes. Incluso cuando alegas, eres simpático. A mí tampoco me gusta la ropa de invierno, ni las inyecciones, ni el cinturón de seguridad, te entiendo pero dadas las circunstancias seré la encargada de cuidarte y no habrá la más mínima posibilidad de que lo pase por alto.

Cuando te vi, te dije: “Gracias por venir mi amor, te estaba esperando”, y luego te llevaron a los brazos de tu papa que te tuvo horas contra su pecho desnudo, envueltos los dos en una sabana para calentarte. Por eso siempre que te baña, te recuerda ese día. Y ahí empezó la aventura de ser tu mamá. Yo creía que tenía todo preparado: una habitación con tu cama, tu ropa, tus juguetes… pero tu abuelita me enseñó que lo único que era indispensable, era el amor. Y yo pensé: que abuelita tan cursi, pero no, tenía razón, porque una cosa es tener los mejores juguetes, y otra es levantarse a las 2 de la mañana a darte de comer y sentir que es lo mejor que puedes hacer en ese momento. Tú dirás también que yo soy cursi, porque todos los días a las 6 de la tarde cuando te baño para empijamarte, te doy besos y te digo que te quiero… Yo solo me estoy cerciorando de haberte consentido lo suficiente ese día.

Mira, no lo repito, y espero que esto lo leas cuando seas grande. Pero ojalá no me tomes muy en serio y seas tú mismo. No me pares bolas todo el tiempo, aunque yo pose de experta, son más las dudas que las certezas. No seas el más necio, pero por favor, no seas el más juicioso. Disfruta del paseo.

1 comentario:

Silvia dijo...

Este me mató, por un momento me imagine 18 o 20 años más tarde, cuando él lea esta nota..será un momento maravilloso.